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Gabriel Rolón: “La vida es una mano de truco, sos responsable del juego que haces con esas cartas”
El psicólogo analiza la tensión entre el destino y la libertad individual bajo una metáfora existencialista, mientras especialistas advierten sobre las desigualdades estructurales que condicionan la capacidad de juego de cada persona
La analogía de la existencia como un juego de cartas es uno de los pilares del pensamiento del psicólogo Gabriel Rolón. En su columna en Perros de la Calle (Urbana Play), el especialista sintetizó su visión existencialista: “La vida es una mano de truco. Yo doy las cartas, vos no sos responsable de las cartas que te di. Sos responsable del juego que hacés con las cartas que te di”. Según Rolón, aunque el punto de partida es ajeno a la voluntad, la responsabilidad subjetiva emerge como el factor decisivo para determinar el devenir de cada individuo.Esta postura resuena con la tradición filosófica de Jean-Paul Sartre, quien sostenía que cada persona es lo que hace con lo que han hecho de ella. Para Rolón, la “mano” recibida simboliza los condicionamientos de origen: la familia, la herencia genética, el contexto socioeconómico y los mandatos culturales. El psicoanálisis, desde esta perspectiva, no busca negar la injusticia inherente al reparto inicial, sino impulsar al sujeto a asumir un protagonismo activo.El jugador hábil, sostiene el analista, puede revertir un mal escenario mediante la intuición, el riesgo controlado o la decisión estratégica de “irse al mazo” para minimizar daños. “Vos podés tener dos cuatros, un diez y una sota. Y agarrar la carta y decir, ‘no, listo, che, me voy al mazo, pierdo dos puntos’. O podés ver cómo es la mano y de repente decir ‘envido’”, ilustra Rolón.Sin embargo, la metáfora no está exenta de críticas, sino que analistas señalan una falla estructural al trasladar la lógica del juego a la realidad sociológica. A diferencia de un mazo de cartas, donde las reglas son universales y el marco de equidad está garantizado por el reglamento, la realidad social presenta asimetrías de origen que alteran el tablero de juego. La principal objeción reside en que la libertad de elección, presentada como una constante humana, actúa en la práctica como un privilegio.La inconsistencia de la frase de RolónQuienes nacen en situaciones de extrema vulnerabilidad carecen de un “resto” de puntos sobre el cual apoyarse. En la precariedad, un movimiento en falso no implica solo perder un tanto de una partida, sino la exclusión o la supervivencia básica. Por lo tanto, el concepto de “responsabilidad subjetiva” corre el riesgo de transformarse en un mecanismo de culpa cuando se aplica sin considerar las redes de contención.Mientras que para un sector acomodado el error es parte de un aprendizaje estratégico, para los sectores postergados, la falta de acceso a educación, salud y capital simbólico restringe drásticamente la capacidad de maniobra. En este sentido, la meritocracia encubierta que podría desprenderse de la frase de Rolón invisibiliza que, en el juego de la vida, no todos los participantes están sentados en la misma mesa ni bajo las mismas condiciones.La postura de Rolón, no obstante, mantiene su vigencia en el campo clínico al proponer que el psicoanálisis es el arte de intentar que alguien no cumpla su destino fatalista. En una entrevista concedida a LA NACION, el especialista enfatizó que la vida pierde sentido cuando la persona se refugia en el pasado. Su propuesta de la “faltacidad” sugiere que la salud mental radica en integrar las carencias y heridas en el presente. Para el especialista, la felicidad es una experiencia efímera que surge de renunciar a la omnipotencia y al uso del poder sobre otros. Esta visión, aunque despojada de expectativas mágicas, insiste en la agencia del individuo para construir un recorrido ético a pesar de las limitaciones.En definitiva, la metáfora del truco funciona como un espejo que enfrenta al sujeto a su capacidad de decisión. Mientras el pensamiento de Rolón invita a superar el papel de víctima para abrazar la propia historia, la mirada sociológica advierte que, sin un piso material que garantice la igualdad de oportunidades, la apelación a la responsabilidad individual puede resultar insuficiente para transformar la realidad de los sectores más desfavorecidos.