Economía
¿Oportunidad o retroceso? El boom del trabajo independiente
Más trabajadores independientes sostienen el nivel de empleo en la Argentina, pero con ingresos más bajos e inestabilidad creciente; el fenómeno, que se replica en la región y el mundo, reconfigura el mercado laboral
No es novedad que el trabajo atraviesa una etapa de transformación y, entre los cambios, se inscribe el de una mayor cantidad de quienes se desempeñan de manera independiente (que abarca desde profesionales independientes a cuentapropistas informales). Entre 2019 y 2025, ese segmento avanzó en todo el mundo, aunque en general quienes operan allí cobran menos y tienen vínculos laborales más inestables que los asalariados formales, con diferencias muy marcadas según región.La discusión se reactualizó en la Argentina por los cruces sobre cuál fue la dinámica del mercado laboral desde la asunción de Javier Milei: si se crearon o destruyeron empleos. Los datos muestran que hubo una caída clara de los puestos formales, pero el nivel de ocupación total no se desplomó, en parte por el crecimiento de formas más precarias de trabajo.El país europeo que pasó de no tener infraestructura básica a ser un “paraíso digital”La contracción desde fines de 2023 se registró en el empleo asalariado público y privado; en ese ámbito impactó con fuerza en la construcción y en la industria. Sin embargo, desde el oficialismo subrayan que la cantidad de personas ocupadas se mantuvo en niveles elevados, incluso con picos cercanos a máximos históricos. En esa cuenta incluyen tanto el empleo formal como el informal. Buena parte de quienes dejaron puestos registrados encontraron ocupación en trabajos más inestables como changas, cuentapropismo de baja escala y empleos sin registrar. No hubo tanto un achique en cantidad como sí una modificación en la calidad, y es allí donde se produce el cruce de lecturas.Un aspecto a tener en cuenta es la escala. En la Argentina, por ejemplo, el trabajo por cuenta propia representa alrededor del 25% del empleo total, un nivel alto y bastante estable en términos históricos. En Brasil y México la proporción es aún mayor (en torno al 30%), mientras que en economías desarrolladas como Estados Unidos o Canadá apenas ronda entre el 6% y el 8%.En América Latina, ese segmento laboral es menos rentable que el empleo formal. En la Argentina, sus ingresos mensuales, medidos en dólares, son de entre 500 y 800 dólares. Las puntas esconden la heterogeneidad de perfiles que abarca este tipo de trabajos. México, por ejemplo, tiene ingresos laborales promedio relativamente bajos dentro de la OCDE, con niveles netos inferiores a US$25.000 anuales y, en ese universo, los independientes suelen ubicarse en la parte más baja de la distribución. En Brasil ocurre algo similar.Desde Brasil, el licenciado en Ciencias Políticas y emprendedor Ezequiel Auspitz indica que en el país una de cada tres trabajadores es autónomo: son 33 millones de personas. “Y viene creciendo; en los últimos diez años aumentó 10%. Obviamente, apalancado por la pandemia y la digitalización —añade—. No es un fenómeno pasajero, ya es estructural”.Diferentes escalasEn esa línea, sostiene que hay un “cuentapropismo clásico”, entre los que incluye albañiles, servicio doméstico y mecánicos, por ejemplo, y los “de la personería jurídica, es decir, los profesionales o personas que crearon su empresa”. Otra categoría es la de los “plataformizados”, los que trabajan con aplicaciones.Para Auspitz, buena parte de los del segundo grupo surge de los cuentapropistas, pero “con capacidad de crecer de manera constante en el tiempo; no se quedan solo con generar ingresos para el autosustento”. Dependiendo de en qué segmento se ubiquen, estará “el problema de la falta de cobertura social y de mayor probabilidad de salir y entrar al sistema cada poco tiempo”.“Brasil es difícil en cuestiones laborales, y mientras más al norte, más complicado —subraya—. No hay que creerse que es simple, que se vive con poco. Hay cierta idea idílica que no tiene correlación con la realidad. En temporada hay muchos emigrados: hacen un monto de dinero como para sostenerse durante el año y después muchos siguen en plataformas. Un número menor es el de los que emprenden y, todavía más chico, los que logran armar empresas. Todos autónomos, pero con distintas configuraciones”.Instalado en Paraguay hace varios años, donde tiene una cadena de gimnasios, Daniel Alves repasa: “Este es un país de cuentapropistas, pero no desde ahora; viene de hace años. Muchísima gente se genera su propio trabajo porque el empleo formal no alcanza para todos. Entonces, están desde el vendedor en la calle hasta quienes arman su emprendimiento de manera más formal. Precisamente, eso creció mucho en los últimos tiempos, se ve una expansión a todo nivel. Hay más gente vendiendo online, haciendo servicios, moviéndose de forma independiente. Igual, la base de informalidad es muy significativa: gente que trabaja día a día sin estar registrada”.En esa línea, aporta que están quienes “apenas llegan a fin de mes y otros que, si se mueven bien, pueden ganar mejor que un empleado formal. Depende mucho de la actitud, del rubro y de qué tan ordenados sean”. Alves apunta que las contrataciones a cambio de facturación “existen, pero no es lo más común como en otros países. Acá hay menos estructura de freelance profesional y más autoempleo puro”.Chile muestra una situación intermedia. Es uno de los países con menor informalidad relativa de la región, y eso se refleja en la brecha: los asalariados formales tienen ingresos bastante más altos y estables que los independientes. Panamá combina ambas dinámicas: crecimiento del trabajo independiente en servicios, pero con un sector formal relativamente fuerte que paga mejor. Allí también el cuentapropismo crece más como complemento que como sustituto total del empleo asalariado.El contraste más fuerte aparece cuando se pasa a América del Norte. En Estados Unidos, el salario promedio anual ronda los US$50.000 netos y los trabajadores independientes pueden acercarse a ese nivel en ingresos brutos, pero con una diferencia clave: deben cubrir sus propios costos (salud, vehículo, impuestos).Menos informalidadEn Canadá, el patrón es similar, con ingresos promedio comparables a los estadounidenses y un nivel de trabajo independiente relativamente bajo. La diferencia es que el sistema de protección social reduce parte del riesgo.En Europa, la relación entre asalariados e independientes también muestra brechas, pero con mayor regulación. En España e Italia, los salarios promedio están en torno a los US$30.000 anuales según la OCDE, y los autónomos suelen tener ingresos más variables y, en muchos casos, inferiores. Sin embargo, la diferencia es que la mayoría está formalizada: pagan aportes, tienen cobertura y forman parte del sistema.Ivanna Torres Riesco, periodista radicada en Madrid hace unos cuatro años, cuenta que la mayoría busca trabajo en relación de dependencia “por la comodidad de los aportes, la garantía de la nómina y porque es requisito absoluto cuando se quiere alquilar un piso: sin contrato indefinido ni nóminas (recibos de sueldo), es mucho más difícil acceder a un alquiler”.Respecto a los autónomos, señala que “hay una realidad que se viene comentando hace un tiempo y salió a la luz en los medios, la de los ‘falsos autónomos’: trabajadores que, aunque son empleados de una empresa, están obligados a facturar como si fueran independientes”. Menciona una investigación de ElDiario donde se cuenta que la Inspección de Trabajo detectó 18.000 falsos autónomos en los años previos a la aprobación de la ley rider, para la regularización de los repartidores de aplicaciones.“Aunque esté esa ley, aún hay muchas personas extranjeras que siguen trabajando como autónomas en el reparto a domicilio, ya que es la primera vía más rápida para conseguir trabajo —describe—. Este problema de la precarización no solo alcanza a los repartidores, sino también a otros sectores y personas, incluso españolas”.Por ejemplo, grafica con su profesora de danza, que “siempre habla de la dificultad para ella a la hora de trabajar por cuenta propia y la presión que recibe de Hacienda cuando hay que declarar la Renta. El reclamo de menor protección social y más incertidumbre es algo generalizado entre los autónomos”.Desde París, Paula Forteza —quien fue diputada para la segunda circunscripción de los franceses en el extranjero entre 2017 y 2022— explica que el cuentapropismo se desarrolla “fuerte” de la mano de los jóvenes que “ya no toleran los trabajos a tiempo completo en oficinas. Buscan más flexibilidad y autonomía, involucrarse en varios proyectos al mismo tiempo, aunque tienen menos derechos garantizados. No miran tanto a futuro y, tal vez, no toman en cuenta los problemas que les generará esta modalidad”.Suma que también a las empresas les conviene porque es más barato. “En Francia, el trabajo tiene muchas cargas; las firmas más chicas empiezan sin empleados en nómina porque les resulta más liviano económicamente”, sintetiza.El país latinoamericano que redujo su pobreza 36 puntos y donde se instalaron 200 multinacionalesEn el Reino Unido, el trabajo independiente representa cerca del 13% del empleo. Allí, muchos cuentapropistas —especialmente freelancers calificados— pueden igualar o superar los ingresos del empleo formal, lo que muestra otra cara del fenómeno: cuando hay capital humano alto, el trabajo independiente puede ser más rentable. En Australia, el mercado laboral combina altos salarios (también en torno a los US$50.000 netos anuales) con niveles relativamente bajos de cuentapropismo.En Canadá, Santiago Issazadeh lleva 16 años; tiene su propio negocio, una pastelería, y admite que los “independientes” son minoría.“Hay algunos que hacen extras después de su horario y que cobran mucho menos que las empresas —ejemplifica—. De esa manera logran ingresos que a veces usan para poner después su propio emprendimiento. Tienen mucho esa idea. No hay un cambio importante en la cantidad; lo que se modificó es que, con las redes, es más fácil detectarlos. Se los busca para ahorrar”.