Histórico avistaje en Comodoro Rivadavia: una ballena azul sorprendió a una excursión náutica

COMODORO RIVADAVIA.- En las aguas frías y abiertas del Golfo San Jorge, donde el horizonte suele imponerse como una línea inalterable entre el mar y el viento patagónico, una escena inesperada alteró la rutina de una excursión náutica. Este lunes, a pocos kilómetros de la costa de Comodoro Rivadavia, una embarcación turística fue testigo de un episodio que ya es considerado histórico: el avistaje, a muy corta distancia, de una ballena azul, el animal más grande del planeta.El encuentro se produjo durante una salida organizada por la prestadora local Habitantes del Mar. Lo que comenzó como una navegación habitual se transformó, en cuestión de minutos, en una experiencia extraordinaria. Desde la cubierta, los pasajeros y la tripulación observaron cómo el imponente cetáceo emergía a la superficie con movimientos pausados, dejando ver parte de su cuerpo alargado y su característica tonalidad gris azulada.Las imágenes registradas por Analía San Leandro, una de las pasajeras, capturan la magnitud del momento: la ballena nada paralela a la embarcación durante algunos segundos, en una cercanía que sorprende tanto por su belleza como por su excepcionalidad. La escena, difundida luego en redes sociales, despertó una rápida reacción en la comunidad científica.Desde el Proyecto de Investigación de Cetáceos del Golfo San Jorge (PI Cetáceos GSJ) no dudaron en calificar el episodio como un “día histórico”. En una publicación, destacaron que se trata de la primera vez que se logra registrar a una ballena azul —Balaenoptera musculus— desde una embarcación frente a las costas de Comodoro Rivadavia. “Un encuentro inolvidable que nos recuerda lo asombroso que es el Golfo San Jorge”, señalaron.La relevancia del avistaje radica no solo en la rareza de la especie en estas latitudes costeras, sino también en las condiciones del registro: la cercanía con el bote permitió observar con claridad la fisonomía del animal, su desplazamiento y su comportamiento en superficie. Se trata de un tipo de interacción que, si bien debe ser cuidadosamente regulada, ofrece información valiosa para investigadores y especialistas en fauna marina.El episodio se inscribe en un contexto de creciente actividad biológica en la región. En los últimos meses, científicos y pobladores reportaron una mayor presencia de cetáceos en el golfo, en particular de la ballena sei —Balaenoptera borealis—, una especie que había desaparecido de estas aguas durante casi un siglo. Su reaparición, con grupos numerosos cerca de la costa, es interpretada como un signo de recuperación ecológica tras décadas de protección internacional.En ese marco, el avistaje de una ballena azul suma una nueva dimensión al fenómeno. Aunque su presencia en el Atlántico sur está documentada, su acercamiento a zonas interiores del golfo patagónico es poco frecuente. Para los especialistas, estos eventos podrían estar vinculados a cambios en la disponibilidad de alimento, variaciones en las corrientes marinas o una mejora general en las condiciones del ecosistema.El impacto no es solo científico. También abre interrogantes sobre el desarrollo del turismo de naturaleza en la región. Tradicionalmente eclipsado por destinos como la Península Valdés, el Golfo San Jorge comienza a posicionarse como un escenario emergente para el avistaje de fauna marina. La posibilidad de observar especies de gran porte en su hábitat natural representa un atractivo creciente, aunque plantea desafíos en términos de regulación y conservación.En paralelo, el episodio adquiere un valor simbólico en un contexto global donde la biodiversidad marina enfrenta amenazas persistentes. La historia de las grandes ballenas está atravesada por la explotación intensiva que, durante el siglo XX, llevó a muchas especies al borde de la extinción. La moratoria internacional sobre la caza comercial, vigente desde 1986, marcó un punto de inflexión que hoy permite observar signos de recuperación en distintas regiones del mundo.En Comodoro Rivadavia, ese proceso se manifiesta de manera tangible. El paso silencioso de una ballena azul junto a una embarcación turística no solo constituye un hecho extraordinario: también funciona como recordatorio de la fragilidad y, al mismo tiempo, de la resiliencia del ecosistema marino. Un instante fugaz que, registrado en video, quedará como testimonio de un mar que todavía guarda sorpresas.
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