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Contra el envejecimiento: NAD+, la molécula protagonista en terapias de longevidad
Especialistas advierten sobre su efectividad y seguridad; la falta de estudios concluyentes y los riesgos de la suplementación
El desgaste celular que acompaña al envejecimiento reduce drásticamente la habilidad de nuestro organismo de sanar y regenerarse. Ante esta certeza, la pregunta es obligada: ¿se puede prevenir o mitigar este deterioro biológico? La respuesta, para algunos, se encuentra en el NAD+, la molécula protagonista de la terapia de longevidad del momento. Celebridades como Kim Kardashian, Joe Rogan, Hailey Bieber y Lindsay Lohan han incorporado estos tratamientos antiaging a sus rutinas, buscando combatir activamente el paso del tiempo. Si bien se especula que podrían ralentizar el proceso de envejecimiento, la comunidad científica es prudente: los tratamientos actualmente disponibles no están regulados y su efectividad se considera, en gran medida, experimental.Jessie Inchauspé, bioquímica experta en glucosa: “Un desayuno salado, con proteínas y grasas, tiende a estabilizar la glucosa y ofrecer energía sostenida”La nicotinamida adenina dinucleótido, más conocida como NAD+, es una molécula presente en todas las células de nuestro cuerpo, esencial en procesos de energía celular y reparación genética. “Diversas proteínas esenciales para el mantenimiento celular dependen de NAD+ para funcionar correctamente”, explica Gabriel Ércoli, médico genetista. “Entre ellas se encuentran las sirtuinas, involucradas en la regulación del metabolismo, la inflamación, la respuesta al estrés y la reparación celular; las PARPs, enzimas dedicadas a la reparación del ADN frente a daños cotidianos como radiación, tabaquismo, inflamación o estrés oxidativo; y otras enzimas como CD38, relacionada con funciones inmunológicas y que utiliza NAD+ para sus procesos bioquímicos. Estas proteínas son codificadas por genes que requieren niveles adecuados de NAD+ para operar correctamente y su desempeño disminuye cuando el NAD+ baja dentro de las células”. Está comprobado que los niveles de esta molécula disminuyen progresivamente con la edad. Esta disminución: ¿es una causa o una consecuencia del envejecimiento? “La posición más prudente hoy es considerar que podría tratarse de una relación bidireccional: la caída del NAD+ acompaña al envejecimiento y posiblemente contribuya a algunos de sus efectos, pero aún existen investigaciones en curso tratando de determinar si elevar el NAD+ puede prolongar la vida o revertir parcialmente algunos marcadores de envejecimiento. Todavía no hay conclusiones finales”, advierte el especialista, director médico de Gempre Genómica.Tampoco se sabe si funciona de la misma forma en todos los cuerpos. La genética podría determinar qué tan bien responde una persona a los precursores de esta molécula. “Se han identificado variantes genéticas en algunas de las enzimas relacionadas con la síntesis y el reciclaje de NAD+, y es probable que esas diferencias influyan en la respuesta individual. Sin embargo, todavía no existen estudios clínicos amplios que permitan utilizar esa información de manera estándar en la práctica médica. Por lo tanto, no se cuenta hoy con biomarcadores genéticos validados que indiquen a quién beneficiaría más la suplementación o quién respondería mejor a un precursor específico. Es un campo activo de investigación, pero aún sin aplicación clínica rutinaria”, agrega Ércoli.A su vez, se desconoce si este tipo de terapia de longevidad tiene riesgos a largo plazo o efectos desconocidos que puedan ser consecuencia de la sobreactivación continua de sirtuinas o PARPs. “Los estudios disponibles son prometedores para ciertos parámetros metabólicos y de función celular, pero los efectos a largo plazo de la activación sostenida de estas vías no están completamente establecidos en humanos. En una investigación básica, la activación de sirtuinas y mecanismos de reparación puede tener tanto efectos beneficiosos como efectos potencialmente adversos, dependiendo del contexto biológico. Algunas autoridades regulatorias han señalado la necesidad de más estudios y han advertido cautela por la falta de evidencia robusta a largo plazo. No existen razones para alarmarse, pero sí para evitar conclusiones apresuradas”, advierte el genetista. “Las investigaciones aún están en desarrollo y no existen pruebas concluyentes de que prolonguen la vida o reviertan el envejecimiento de manera clínicamente significativa. El mensaje más sensato hoy es mantener una visión equilibrada y basada en evidencia, evitando expectativas exageradas. Mantener hábitos de vida saludables y sostenibles sigue siendo el factor más determinante para la longevidad saludable”, resume Ércoli.Mercedes Sidders es experta en medicina funcional, una rama de la medicina en auge al focalizarse en la prevención, la salud y el bienestar de manera científica. Al consultarla sobre el tema, es cautelosa. “La evidencia actual indica que el NAD+ es un marcador y modulador de envejecimiento saludable, no un ‘interruptor’ de longevidad. Restaurar sus niveles puede mejorar la calidad de vida y prevenir enfermedades relacionadas con la edad, pero no existe prueba genética ni clínica de que pueda alargar la vida humana. Es más, un exceso de NAD+ o su estimulación crónica podría alterar vías redox o favorecer proliferación celular en contextos oncológicos”, advierte.“Desde una perspectiva oncológica, el papel de la modulación de los niveles de NAD+ es paradójico. Mientras que la estrategia terapéutica moderna busca activamente agotar el NAD+ para matar las células tumorales, existe evidencia de que la suplementación podría ser oncoprotectora en ciertos contextos, particularmente en la prevención. Las células cancerosas exhiben una demanda de NAD+ marcadamente elevada. Dado que es esencial para la supervivencia y proliferación celular, un aumento indiscriminado en su disponibilidad, teóricamente, podría ‘alimentar’ al tumor. Por lo tanto, el consenso científico sugiere una fuerte cautela y recomienda que los pacientes con cáncer eviten tales complementos después de recibir un diagnóstico oncológico, ya que no existe evidencia robusta que demuestre que son beneficiosos en este contexto. Sobre todo debe evitarse en cáncer colorrectal, cervical, mama y pulmón metastásico. Sin embargo, en otros modelos (como el hepático o el mamario triple negativo) también hay evidencia de efectos antitumorales, lo que indica que el impacto del NAD+ es contexto-dependiente”.Para Sidders, quien es medalla de honor de la UBA y se dedica a estudiar científicamente cómo vivir más y mejor, “la longevidad no es cuestión de genética ni de suplementos milagrosos, sino de estilo de vida y entorno”. Los estudios científicos más recientes sobre las llamadas zonas azules, aquellas regiones del mundo donde las personas superan los 100 años con buena salud, como Okinawa (Japón), Cerdeña (Italia), Icaria (Grecia), Nicoya (Costa Rica) y Loma Linda (EE. UU.), coinciden en que la longevidad depende sobre todo de los hábitos y del entorno. “Como resume el investigador Dan Buettner, no es lo que comen de vez en cuando lo que los hace longevos, sino lo que no comen nunca: los ultraprocesados, los azúcares añadidos y los alimentos sin vida”, comparte Sidders.SIBO e IMO: qué son, cuáles son sus síntomas y por qué cada vez más personas creen tenerlos“La suplementación debe efectuarse en forma inteligente, no por moda. Tener en cuenta siempre que cada cuerpo es único y sus necesidades dependen de la genética, la edad, las hormonas y el estilo de vida. A su vez, la suplementación tiene que ser personalizada y siempre se debe analizar antes. Debe evitarse la infodemia: lo que funciona para unos, puede no ser seguro ni útil para otros. Además, la dosis óptima no es la máxima: más no siempre es mejor. Por esto, la supervisión médica de un profesional con enfoque funcional es clave. La suplementación correcta no se elige por tendencia, sino por evidencia”, concluye Sidders.Cómo favorecer niveles saludables de NAD+ sin recurrir a la suplementación:Alimentación rica en alimentos fuente de vitamina B3 y triptófano (pescado, carnes magras, huevos, lácteos, legumbres, frutos secos y cereales integrales).Dieta rica en vegetales, legumbres y grasas insaturadas.Micronutrientes como magnesio, zinc y vitamina B6.Actividad física regular, asociada a una mejor regulación del metabolismo energético.Descanso adecuado (ritmos de sueño estables).Evitar el tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol.Dieta basada en alimentos reales y reducción de ultraprocesados.Ayuno intermitente.Ajustar los horarios de comida al ritmo circadiano (cenas tempranas y desayunos tardíos).Estímulos horméticos (frío/calor).Factores que tienen en común las zonas azulesDieta predominantemente vegetal (90–95%), rica en legumbres, cereales integrales, frutas, verduras, nueces y aceite de oliva; también alta en fibra, polifenoles y grasas saludables.Consumen productos fermentados.Evitan azúcares refinados y alimentos ultraprocesados.Comen hasta el 80% de saciedad, sin excesos.Se mueven naturalmente: caminan, cultivan, cocinan y realizan tareas diarias que los mantienen activos sin necesidad de rutinas intensas de ejercicio.Tienen propósito y lazos familiares sólidos que reducen el estrés.Viven en sincronía con la naturaleza y en entornos con baja contaminación.