Las dos paradojas de Milei

La vida pública argentina, y sobre todo el Gobierno, está hoy expuesta a dos paradojas. Por un lado, la economía empieza a dar algunas buenas noticias, aunque todavía con mucha timidez. Al menos en el Power Point de muchos especialistas y en el discurso oficial aparecen algunos datos auspiciosos, como si comenzaran a revertirse tendencias que fueron muy negativas en los últimos meses. Sin embargo, esas novedades aún no alcanzan para corregir el malhumor de buena parte de la población respecto de la situación económica, sobre todo en el plano de las expectativas.En todas las encuestas crece el número de personas dispuestas a concederle menos tiempo al Gobierno para que muestre los resultados que había prometido en materia económica.A la inversa, la política oficial de La Libertad Avanza (LLA) ofrece malas noticias: enfrentamientos internos y discusiones vinculadas a negocios. Hay un Presidente que tiene enormes dificultades para poner orden en su entorno y, pese a ese deterioro político, pareciera que nadie fuera del oficialismo logra beneficiarse. Nadie consigue capitalizar esos errores ni transformarlos en una corriente de opinión pública capaz de dañar al Gobierno. Buenas noticias económicas, mal clima económico. Malas noticias políticas para el Gobierno, que todavía parece ser el único sujeto en la escena.Las dos paradojas de Milei: el editorial de Carlos Pagni en Odisea Argentina (25/05)Se puede hablar de señales auspiciosas en la economía a partir de análisis de economistas independientes y respetados, como Miguel Kiguel, quien sostiene que quizá haya llegado el momento de preguntarse si lo peor ya pasó. Es decir, si empieza a cumplirse la promesa del Gobierno de que, de ahora en adelante, todo será mejor.Kiguel plantea esa hipótesis con mucha cautela: no está convencido de que sea cierta en términos generales, aunque observa algunos indicios positivos. Las exportaciones agropecuarias y mineras mejoran, lo que permitió que el Banco Central acumulara US$9000 millones en reservas en lo que va del año, uno de los principales problemas que enfrenta este programa económico.Mientras tanto, el dólar sigue quieto. Muchos dicen que está “peligrosamente quieto” porque hay inflación, el tipo de cambio no se mueve y el peso se aprecia. En términos relativos, el dólar está más barato, si tenemos en cuenta la inflación, y eso genera problemas productivos. Algunos creen que con este tipo de cambio es imposible que la economía en serio arranque. De todos modos, hay una buena noticia: la acumulación de reservas, sin que se traslade a una devaluación que reproduzca inflación, el gran miedo de Milei.La actividad tuvo, en la última medición, una mejora de 3,3%, que no quiere decir que esté creciendo, sino que rebota respecto a una gran caída anterior del primer trimestre. La inflación cedió y es la primera vez en 10 meses que se revierte el proceso inflacionario por debajo de 3% mensual, que aún sigue siendo muchísimo porque estamos en un 30% anual. Son 5 puntos porcentuales por encima de la “escandalosa” inflación que le dejaba Cristina Kirchner a Mauricio Macri.El FMI le renueva el programa a la Argentina y eso permite un desembolso de 1000 millones de dólares, pero, a su vez, mientras aplaude la política fiscal y el equilibrio de las cuentas públicas, señala la no salida al mercado para garantizar el financiamiento de los vencimientos de deuda que tiene el Gobierno por delante. ¿Cuándo el Gobierno va a conseguir la confianza del mercado financiero que le permita endeudarse normalmente? Se le exige bajar la tasa de riesgo país para poder tomar deuda en el mercado y no estar mendigando en los organismos estatales mundiales, como el Banco Mundial y el BID.Entonces, hay un panorama de noticias relativamente buenas en materia económica que le permite al Gobierno algo muy deseado: poder hablar de economía y correrse al menos un poquito de la conversación sobre Manuel Adorni o las miserias de las peleas internas, como las últimas entre Martín Menem y Santiago Caputo. Tampoco puede festejar demasiado porque sigue habiendo destrucción de empleo. La morosidad en el caso de la gente que está endeudada sigue subiendo. En el apartado de las familias es de 11,54%, altísima. Además, el consumo mayorista sigue cayendo: en la última medición bajó 1,4%.Esto quiere decir que hay algunos indicios de que el deterioro productivo en materia de comercio e industria podría tímidamente revertirse, pero nadie se anima a asegurarlo contundentemente. En la política, las noticias no son buenas y la interna despiadada sigue. El último episodio tiene que ver con el elemento en el que se mueve este oficialismo, el lugar donde navega habitualmente: las redes sociales. La dichosa cuenta “Periodista Rufus” desde donde se compartían mensajes con tono crítico hacia la administración libertaria. Ese usuario se lo atribuyeron a Martín Menem, quien dijo que lo manejaba un subordinado suyo. También dicen que ese empleado es alguien de su familia, pero nadie lo asume como verdad definitiva. Los que miran la casa de Gobierno, ligados a Santiago Caputo -que se siente víctima de los mensajes de la cuenta-, sostienen que el que emitía esos mensajes era Sharif Menem, el hijo de Lule Menem.Sharif Menem tiene carácter. El año pasado ya se había trenzado con gente de Caputo cuando cruzó a un colaborador del “Mago del Kremlin” llamado Lucas “Sagaz” Luna, que había dicho: “No odiamos lo suficiente a los musulmanes”. Finalmente, no se sabe quién operaba la cuenta, pero Martín Menem dijo que era de él y que la operaba un colaborador suyo aunque hubo una trampa en los mensajes que emitía. Milei, probablemente con toda picardía, dijo que esa cuenta se la plantaron y que era un invento. Cuando propuso esa tesis, como una maniobra, salió Daniel Parisini (alias el “Gordo Dan”), ligado a Santiago Caputo, a decir que "le mintieron al Presidente“.Daría la impresión de que al que le mintieron no es al Presidente, sino que él es el que mentía porque necesitaba salir rápido de este escándalo y que nadie le atribuya a Martín Menem esos mensajes tan pesados en contra de Santiago Caputo. Alguien del Gobierno pensó en dejarlo mentir tranquilo, como si Milei fuese más pillo de lo que se parece.Todo esto se cruza con una versión. A Adorni probablemente lo llamen a indagatoria y, en el caso de un jefe de Gabinete, es muy raro que lo hagan si no está la idea de procesarlo. Esa suele ser la consecuencia de los procesos judiciales. La posibilidad de esa indagatoria hacía pensar en que los días de Adorni como jefe de Gabinete están contados y está quien suponía, dentro del Gobierno, que el heredero tenía que ser alguien muy ligado a Karina Milei, quien ejerce su tutoría política. Esa persona era Martín Menem. Entonces, la pregunta es: ¿fue inocente todo este ataque o lo que estaba tratando de hacer el sector de Santiago Caputo era evitar que un Menem se haga cargo de la jefatura de la administración? Esto queda en el terreno de las hipótesis porque hoy esta misma guerra interna impide pensar en esos términos.Detrás de todo este desorden aparece algo más que la curiosidad de una interna y el rasgo dominante de que nadie cuida al conjunto: el problema de si Milei puede liderar a su tropa o no, o tiene dependencias un poco marcadas, sobre todo con Santiago Caputo. El Presidente emitió un mensaje en medio de todo este conflicto: dijo que Caputo es su hermano. La afirmación es interesante porque lo primero que uno se pregunta es cómo habrá recibido Karina Milei la noticia de tener un nuevo hermanito con el que no se habla. El problema no se resuelve con declaraciones y en ese entorno parece que no hay un gesto de autoridad de Milei similar al que sí tiene en otros planes, donde seguramente le interesan más los costos, como cuando veta leyes o insulta gente.Este enfrentamiento a través de las cuentas de redes sociales muestra que los cruces involucraban o canalizaban información inquietante y muy poco conveniente para el Gobierno. Muy probablemente Santiago Caputo se irritó tanto por eso y fue tan virulento contra lo que él consideró un ataque de Martín Menem y el ala de Karina Milei. Entre otras cosas, la cuenta “Periodista Rufus” preguntaba por algo de lo que mucha gente habla, sobre todo en el mundo empresarial: ¿cuál es el papel de los hermanos Jorge y Patricio Neuss, que se están quedando en dos años con muchos negocios, sobre todo en el sector energético? Esa es una pregunta que domina a muchos empresarios que ya están establecidos en el sector eléctrico, que está dando mucho de qué hablar en estos días, no solo por la privatización, sino también por otro tipo de medidas. Todo el mundo sabe que los hermanos Neuss son íntimos de Santiago Caputo y que están en esta escena por la relación que tienen, que se remonta a la adolescencia.La semana pasada se aprobó en la Cámara de Diputados la ley de zonas frías, que reconfigura los subsidios a determinadas zonas que requieren uso intensivo de gas por las bajas temperaturas. Cuando uno mira el texto de la ley, el primer capítulo se refiere a eso, pero el segundo no tiene nada que ver. Es sorprendente porque está relacionado a distribuidoras eléctricas reguladas por el Estado nacional -básicamente Edenor y Edesur- y establece que esas empresas le compraron energía a Cammesa y no se la pagaron y se fue acumulando una deuda millonaria. Cómo saldar esa deuda es todo un problema.El año pasado, el periodista de LA NACION Francisco Oliveira dedicó toda una columna a poner la lupa sobre uno de los accionistas de Edenor: Daniel Vila, socio de José Luis Manzano. Vila proponía no pagar la deuda con Cammesa porque, según dice, el Estado le debería reconocer todo lo que perdió en tarifas y los ingresos que no tuvo porque hubo paros tarifarios por distintas emergencias energéticas. Vila decía que quería que alguien haga la cuenta de todo lo que debía haber ganado si las tarifas se hubieran actualizado y que le reconozcan esa deuda y se salde con la de Cammesa.El plante
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