Chris Olah, el joven gurú de la IA que acompañó a León XIV en una presentación histórica

ROMA.- Con el Aula del Sínodo del Vaticano llena -con cardenales, obispos, miembros de la curia romana, embajadores acreditados ante la Santa Sede, invitados especiales y periodistas-, León XIV se convirtió en este lunes en el primer papa que presenta su propia encíclica, algo sin precedente. “La Inteligencia Artificial (IA) debe ser desarmada. La palabra es fuerte, lo sé, pero elegida deliberadamente porque este momento necesita palabras capaces de llamar la atención, despertar conciencias e indicar caminos a seguir para la humanidad”, resumió el primer pontífice estadounidense, que fue acompañado en esta importante ocasión por tres cardenales Pietro Parolin, secretario de Estado; Víctor Manuel “Tucho” Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe; y Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Desarrollo Humano e Integra.Aplausos para el Papa León, el primero en presentar su encíclica, Magnifica Humanitas, sobre el cuidado de la persona humano en tiempos de IA, que llama a construir un mundo mejor y seguir humanos pic.twitter.com/qUtDI1OTux— Elisabetta Piqué (@bettapique) May 25, 2026Junto al papa León, la otra gran figura del lanzamiento de “Magnifica humanitas” fue Chris Olah, el joven multimillonario canadiense de 33 años y cofundador de Anthropic, una de las empresas líderes en IA, que se enfrentó con el Pentágono. Olah fue uno de los tres laicos que disertaron en la presentación, junto a dos mujeres: la teóloga británica Anne Rowlands y la especialista en pensamiento social católico africano Leocadie Lushombo.En su discurso, aunque no habló de esa disputa, el joven científico agradeció al Papa por haber sido invitado al evento y aludió a las dificultades que este suelen enfrentarse las grandes empresas de IA. “Todos los laboratorios de inteligencia artificial de vanguardia —incluido Anthropic— operan dentro de un conjunto de incentivos y restricciones que a veces pueden entrar en conflicto con hacer lo correcto”, admitió Olah. “La presión por mantenerse comercialmente viables y permanecer en la vanguardia de la investigación. La presión geopolítica. Y las presiones más antiguas y simples del orgullo y la ambición. Por más sinceramente que cualquiera de nosotros intente hacer lo correcto —y creo que muchos lo hacemos— siempre estaremos influenciados por esos incentivos”, añadió.Olah, que fue uno de los tres laicos que intervinieron en la presentación junto a dos teólogas, explicó que, justamente por lo anterior, “si queremos que esta tecnología salga bien, es enormemente importante que existan personas fuera de esos incentivos: personas a quienes les importe que las cosas salgan bien, que estén prestando mucha atención, que estén dispuestas a decir cosas difíciles, que estén dispuestas a ser nuestros críticos sinceros y reflexivos. Es mediante el diálogo y el esfuerzo mutuo, mediante ese tira y afloja, como la humanidad logrará grandes cosas. Eso es lo que veo en ‘Magnifica Humanitas’, y por eso agradezco a Su Santidad y a la Iglesia por asumir esta labor de discernimiento”, explicó.Anthropic’s Chris Olah at the Vatican press conference to present Pope Leo XIV’s encyclical on AI: “There is a real possibility that AI will displace human labor at very large scale. If that happens, supporting those displaced will be a moral imperative of historic proportions.”… pic.twitter.com/WDsbne8zz2— Courtney Mares (@catholicourtney) May 25, 2026Olah concluyó su intervención con una petición: “necesitamos que más sectores del mundo —comunidades religiosas, sociedad civil, académicos y gobiernos— hagan lo que Su Santidad ha hecho aquí: tomarse esto en serio, observar de cerca y ayudar a orientar los acontecimientos hacia una mejor dirección. Necesitamos críticos informados que les digan a los laboratorios cuándo estamos fallando. Necesitamos voces morales que los incentivos no puedan doblegar”, aseguró, entre aplausos.Evidentemente en sintonía con él, al cerrar el evento León XIV agradeció especialmente la participación de Olah. Y recogió el guante: “en nombre de la Iglesia, acepto su invitación a caminar juntos, a escuchar y hablar y juntos a encontrar el camino para la humanidad, en este tiempo de la inteligencia artificial”, le dijo.En su discurso, Léon XIV evocó a León XIII que en un momento “clave” de la historia sintió que la Iglesia tenía que pronunciarse sobre los grandes cambios de tiempo, algo que hizo con su encíclica “Rerum Novarum”, que marcó las bases de la doctrina social de la Iglesia. Y subrayó que siguió su ejemplo, pero en un cambio de época marcado por la IA.“Como el anterior León, me siento confiado a mirar otra gran transformación con ojos de fe, con lucidez de razón, con apertura al misterio y con gritos de los pobres y de la tierra resonando en mi corazón”, dijo. Y reveló que “Magnifica Humanitas” nació de la escucha, tal como hizo en su momento León XIII. “He escuchado a científicos e ingenieros que trabajan con sincero entusiasmo en tecnologías capaces de aliviar un sufrimiento inmenso; a los líderes políticos y funcionarios públicos que han buscado perseverantemente reglas justas; a padres y profesores profundamente preocupados por el futuro de las generaciones más jóvenes”, contó.“También me han llegado otras voces muy inquietantes sobre sistemas de armas cada vez más autónomos, prácticamente fuera del alcance humano para gobernarlos eficazmente. Escucho relatos muy preocupantes sobre algoritmos que pueden bloquear el acceso a la atención médica, el empleo y la seguridad basándose en datos contaminados por prejuicios e injusticia. Y he escuchado el silencio de quienes no tienen voz cuando se toman decisiones, decisiones que probablemente generen nuevas formas de exclusión y sufrimiento”, ahondó.Luego subrayó que, así como la Iglesia lleva mucho tiempo trabajando por el desarme nuclear, consciente de que toda gran potencia técnica puede afectar a la vida de las personas y, por tanto, debe ir acompañada de un discernimiento moral y un control público adecuados, “en un sentido similar, la IA exige ahora ser ‘desarmada’, liberada de lógicas que la convierten en un instrumento de dominación, exclusión y muerte”.“Sin embargo, el desarme no es suficiente. Debemos construir”, sentenció. “Sólo juntos –quienes diseñan los sistemas y quienes se ven afectados por ellos, los países más ricos y los más pobres, las instituciones y los individuos, los centros de poder y las periferias– podremos construir un futuro, no para unos pocos privilegiados, sino para toda la familia humana”, aseguró.Como hace en la última parte de su encíclica, reiteró entonces su fuerte llamado a construir una “civilización del amor”, que, subrayó, “no es un sueño ingenuo”, sino “una dirección”: “es el camino que Jesucristo abre en la historia”.“Por eso la Iglesia desea, con humildad y franqueza, ser parte de las conversaciones sobre IA”, insistió, al igual que su primer gran documento, con humildad. Y concluyó: “no poseemos respuestas técnicas ni buscamos desplazar a quienes tienen experiencia. Pero traemos una sabiduría sobre lo humano que nuestro tiempo actual necesita desesperadamente: cada persona es única e irreemplazable, un sujeto libre, inteligente y con conciencia, capaz de buscar a Dios, de servirse unos a otros, de cuidar de nuestra casa común. Invito, por tanto, a todos los miembros de la Iglesia y de la familia humana: aprendamos a escucharnos unos a otros, afrontemos con valentía los desafíos actuales y cooperemos en la construcción de una sociedad más humana y fraterna”.
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