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Draco Rosa: la redención en su nuevo álbum, su paso por la Argentina y lo que aprendió de la enfermedad
El cantante y compositor portorriqueño acaba de publica Olas de luz, un viaje que retrata su presente y revisita su historia, desde su juventud; “Gracias a Menudo conocí a Sumo”, dice
Draco Rosa parece haber escrito su último disco, Olas de luz, con la propia piel. Es un diario de viaje, de sentidos, de descripciones que esconden relatos, de una densidad y una oscuridad que buscan la claridad, o su luz. Y, también, algún tipo de redención. Esta última palabra no va por cuenta de quien escribe estas líneas sino del propio músico. La suelta durante la charla que tiene con LA NACION.Draco Rosa es la suma de todas sus partes y de sus cambios de piel. El ídolo juvenil de la boy band Menudo, el que duplicó su fama gracias al protagónico de una película, Salsa, el que escribió los temas más famosos y efusivos que cantó y canta su viejo amigo Ricky Martin, el que se descubre mucho más introspectivo (hasta místico) al momento de enfocarse en alguno de sus álbumes en solitario. Cambios de piel, renacimientos, como las veces que le ha tocado luchar contra excesos y hasta contra el mismísimo cáncer (no una sino dos veces). Y es el que ahora se convierte en cronista, que anda, que se detiene en silencio, que observa lo que ve, que escribe, que canta, que graba, que publica un nuevo disco, ese de tapa oscurísima.Cuando la fama comenzó a sentarle bien le decían Robi, pero en tiempos pretéritos su padre y su madre lo apodaron Draco. Y fue a ese apodo al que volvió cuando comenzó a cimentar su carrera solista, hace varias décadas. Hoy vive en Puerto Rico, lejos de la ciudad capital, en una finca con clima caribe y vegetación frondosa, que está rodeada de colinas y muy cerca de un río. “Mirá mi hot rod”, dice desde una de las oficinas de ese complejo donde las propuestas naturistas se funden con los atractivos turísticos del paisaje. Gira la cámara de su computadora hacia la ventana y al otro lado aparece la silueta de lo que parece ser un Dodge Charger negro, subido a un remolque. No se llega a distinguir con nitidez, pero Draco lo confirma.“Sí, exacto, es mi Charger del 68. No sé, le han echado aceite de papitas fritas. ¡Y lo que chupa de gasolina! Con lo que ahora está la gasolina”, dice y tira una gran carcajada.-Lo imagino con estas alzas del precio del petróleo en estos tiempos.-Hay que vivir en comunidad, subirse a la bicicleta, andar a caballo.-Y entre la belleza y el caos, ¿cómo describís a tu último disco? Aunque dentro de los cánones tradicionales belleza y caos no suelen ponerse en el mismo lugar.-Yo tampoco lo sé. Tú sabes que ahora estamos viviendo unos tiempos en los que el lema del día es que hay que destruir para crear, ¿verdad? Dentro de ese caos habrá un renacer y nos vamos a tener que adaptar a otra realidad. Y fuera la nostalgia y y el romanticismo de ayer. Yo ahora estoy en la etapa del estatus de “Don”: Don Draco. Es un estatus, porque no todo el mundo llega.-¿Qué te hizo pensar en eso?-Un repaso. Me fui hasta 1988, cuando hicimos la película Salsa, que era malísima pero la música estaba muy buena y tenía mucha gente linda. Me hice muy amigo de Rodney Harvey, que murió a los 30 años. Me puse a repasar... De esa época en Nueva York, ya han muerto seis, todos jóvenes. Y también me puse a pensar en la enfermedad que me tocó vivir dos veces. Esta realidad es lo que llaman el “aftermath”, lo que a un hombre le toca sufrir. Entrar en momentos de incertidumbres que son parte de la caminata. El sendero está lleno de esa pena negra pero ahí dentro hay una luz. Mi ejercicio de los últimos seis años ha sido enfocarme en la manera de tratar de cambiar el chip diariamente. Porque es un trabajo árido de todos los días. Aquí me enfoqué en cómo hacer para atender la finca, para sembrar, para atender las cosas de campo que son muy bonitas. Bueno, dentro de esa sanación está la comunidad, para encontrar un poco de longevidad. Por lo menos, creérmelo.Tiempo de cambioEn la última década, Draco publicó un disco llamado Monte Sagrado (el título refiere al lugar donde vive) y luego otro, Sound Healing, enfocado en la música como terapia de sanación. Más tarde hizo un homenaje al rock latino, pero sin guitarras, donde figuran varias canciones de músicos argentinos. Ahora vuelve con el declamativo Olas de luz. -¿Cómo llegaste a este nuevo álbum?-Los trapos sucios se lavan en casa y no voy a dar detalle, pero a finales de julio de 2024 yo estaba con el peso de muchas cosas que me tenían mal. Entonces le dije a mi mano derecha, mi brother que trabaja conmigo: “Me voy de viaje”. Y nos fuimos, con mi chica, primero a República Dominicana y luego a la costa brava de España. Y ahí pasaron tantas cosas bonitas que me sirvieron de gran inspiración. Encontré un poco de claridad y tranquilidad. Me enamoré profundamente de nuevo de la mujer que es mi compañera de viaje. Veo que dentro de ese caos -porque estamos aquí para sufrir y esa es la que hay-, te haces macho o te retiras de la vida. A veces, una conversación es más profunda e interesante con una persona con la que tropiezas en la calle que con un amigo. Uno se queda con ciertas palabras. Para mí eso es espiritualidad y más en estos tiempos, con la inteligencia sintética. Con todo eso, celebro a la familia en este disco. -Que tiene mucho de “turismo cultural”: el monasterio de Monserrat, la pintura del Carro de heno... -Mi chica, en su juventud había pasado por el monasterio de Monserrat pero solo había tomado una foto desde afuera. Y yo le dije, vamos y entremos. Y fue espectacular. Nos quedamos a una misa en catalán. No entendí nada, pero a veces no hay que entender, hay que sentir.- ¿De ahí viene cierto misticismo que tiene el álbum?-Tiene que ver con la redención y con un amor eterno a tantas cosas. De allí, con mi chica, nos fuimos a ver a una señora de 80 años. No voy a dar el nombre. Es la historia de Doña M y del tiempo que acompañó a su marido con Alzheimer. Ellas conversaron y compartieron lágrimas, yo me quedé en su gran jardín. Después fuimos a Madrid, nos quedamos en un barrio cerca de los museos. Porque he ido muchas veces a Madrid. Pero he llegado borracho y me he emborrachado con los amigos y no he visto nada de arte. Esta fue la primera vez que pude gozar todo eso. Me pasó algo frente al tríptico del Carro de heno. Volví al hotel, llamé a mi mano derecha y le dije: “Quiero hacer un disco, reservemos una fecha para hacerlo”, ya tengo tres piezas. En mi cuaderno anoté todo. Y hoy tengo ahí mis canciones, las postales, hasta los recibos de ese viaje. Cada año me siento más privilegiado.-¿La nostalgia se atraviesa en tu vida? Este año se cumplen cuatro décadas de la grabación de la telenovela Por siempre amigos, que grabaste en la Argentina con Menudo, Pablo Rago y Adrián Suar, entre otros.-¿Ah sí? No soy muy romántico de la nostalgia. En mi juventud mi mamá quería que escuchara música de los 50. A Elvis Presley. Mi papá, en cambio, era de la salsa y lo clásico, Rachmaninov. En cuanto a la nostalgia, la verdad que no tengo. Me gusta estar en el momento. Todos los triunfos del ayer, pues están ahí, qué sé yo. La época de Menudo me encantó. La pasé súper bien. Y en Buenos Aires, bueno, gracias a Menudo conocí a Sumo, a [Luis Alberto] Spinetta, el teatro y el buen vino. Yo decía: “Estoy aquí colao”. Entré en una película donde no me invitaron. Fue increíble. Pero no me pongo nostálgico. Estoy en el presente. Con las motos [tiene un gran store de motos poderosas], el café [lanzó un blend premium que lleva su nombre, y tiene un local en San Juan de Puerto Rico]. El café tiene un gran éxito en este momento, pero hemos pasado por muchos cantazos [tropiezos]. Tengo todo aquí. Las motos, los hot rods, el café, la finca. Estoy entre montañas, un rio espectacular y una quebrada.-¿Una vida tranquila?-Bueno, mira, hay mil situaciones que lo persiguen a uno. Pero si las veo como una situación y no como un problema veo oportunidad y posibilidad. Si no has matado a nadie, bueno, que esperen en fila. El sistema está hecho para que tengas miedo. Gracias a Dios, el universo me mandó a mi chica que es pausada, tranquila y un sol. Entonces me ha tocado ver el otro lado de la moneda, la parte amorosa. El mundo siempre está dando cantazos y, pues, me tengo que reír. De aquí nadie se lleva nada. Es un camino solitario, crudo. Si tienes compañera o compañero de viaje, pues mira, está súper bien; si tienes familia lo tienes todo. -Hace ya unos cuantos años grabaste la canción “Bandera”. ¿Qué tan actual puede ser? [Es la que dice: “La tierra levanta banderas de guerra. Y el rio no corre. Y el sabio se esconde. La bella durmiente nunca se despierta. Y el príncipe lobo miente cuando habla”].-No sé lo que pasa aquí, estamos en el fucking matrix, papá. ¿Qué te puedo decir? A veces no entiendo. Lo que he respetado mucho, cuando me enfermé es haber entendido de primera vez que mi salud es mi responsabilidad y que mis doctores son aliados, ¿sí? Pero no tienen la última palabra. La última palabra viene de tu intuición ancestral. Tú tienes que estar convencido y para eso hay que estar en silencio. ¿Verdad? Porque esa respuesta siempre nace dentro, en silencio.