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Marco Trungelliti, en Roland Garros: del viaje en auto hace ocho años a ser parte del main draw y ganar
El santiagueño de 36 años actuó en el cuadro principal del Abierto francés por primera vez desde 2018, derrotó al local Jacquet y se medirá con el ruso Khachanov
Hace ocho años, la vida del tenista argentino Marco Trungelliti era muy distinta a la de hoy. Por empezar, porque junto con su esposa, Nadir, aún no eran padre y madre de Mauna (hoy, de tres años). El santiagueño era 190° del ranking mundial y estaba lejos de su anhelo de ser top cien. Todavía no había tomado una de las decisiones más importantes de su vida, la de desahogarse -ante LA NACION- y confesar el intento de soborno rechazado, acción que lo marcó a fuego para toda su vida por las distintas consecuencias que le trajo. Aquel Trungelliti de mayo de 2018 no esquivaba las dificultades físicas y muchas veces padecía los desafíos emocionales que no le permitían abandonar el Challenger Tour para dar el añorado salto al circuito ATP. Sin embargo, en ese Roland Garros 2018, su historia llamó la atención de los amantes del tenis y de los medios internacionales. Lo que vivió fue un cuento. Después de perder en la última ronda de la qualy, regresó a Barcelona, donde vivía (hoy lo hace en Andorra). Estaba frustrado y por ir a la playa para distraerse un poco, pero recibió un llamado urgente por parte de la organización del Abierto francés, avisándole que había entrado como perdedor afortunado. Surgió un gran problema: un paro de trenes y aviones en España. Entonces, resolvió: junto con su mamá (Susana), su abuela (Lela) y uno de sus hermanos (André) recorrieron en auto los más de mil kilómetros (casi diez horas) hasta París. Llegó y casi sin descanso, salió a jugar y venció a Bernard Tomic (luego cayó en la segunda ronda ante Marco Cecchinato).Desde entonces, muchas cosas sucedieron en la vida deportiva y personal de Trungelliti. Por lo pronto, este año, vivió una montaña rusa impactante. Debutó, por fin, en la Copa Davis, siendo el más veterano de la historia del tenis nacional en hacerlo, con 36 años. Perdió sus dos puntos ante Corea del Sur, en Busan; de viaje a su próximo torneo, estuvo tan golpeado que pensó en retirarse. Pero reseteó su disco rígido en forma madura. Era blanco o negro (oscurísimo). Se energizó, ganó un Challenger en marzo (en Kigali). Y pocos días más tarde, también en África, pero en el ATP de Marrakech, logró desbloquear todos los obstáculos habidos y por haber. Llegó a su primera final ATP (perdió con Rafa Jodar) y se convirtió, finalmente, en top 100. Lo consiguió, además, siendo el más veterano de la Era Abierta (desde 1969) en debutar entre las mejores cien raquetas. El crecimiento en el ranking (la semana del 6 de abril llegó a ser 76°; hoy es 81°) le aseguró entrar en forma directa a Roland Garros y a Wimbledon. Justo a él, el bautizado Hombre Qualy, por la numerosa cantidad de veces que luchó en la exigente clasificación de los Grand Slams. Este domingo, con Nadir y Mauna acompañándolo en París, también junto a su entrenador (el español Albert Portas), Trungelliti actuó en el main draw del Abierto francés por primera vez desde aquel 2018. Hoy, su querida abuela Lela ya no está físicamente. Pero, simbólicamente, Marco le obsequió un triunfo. Fue contra el francés Kyrian Jacquet, 147° y proveniente de la qualy (la zona que esta vez evitó Trunge), por 6-4, 6-2 y 6-2, en una hora y 45 minutos. Además, no triunfaba en un cuadro principal de un grande desde el US Open 2021, frente al español Alejandro Davidovich Fokina. “En general, fue un partido muy correcto. Jugué muy, muy prolijo. Nada espectacular, pero no hice nada mal. Era súper importante tomar ventaja rápido, porque yo supuse que él estaba un poquito cansado por venir de la qualy. De todas maneras, no son datos en los que te puedas confiar mucho, porque él estaba en su país, tenía el apoyo del público, venía con confianza y podía pasar cualquier cosa. Estoy muy contento”, le expresó Trungelliti a LA NACION. Y amplió: “Es verdad que hacía mucho tiempo que no ganaba un partido en un cuadro principal de Grand Slam, pero no pensé mucho en eso. Esto es precioso, sobre todo porque venía sumando algunos partidos en los que había perdido muy ajustado o después de estar en ventaja [como el domingo pasado, por la primera ronda de Ginebra, ante Mariano Navone, tras estar 7-5 y 5-1 arriba]. Esto, por fin, es un golpe positivo en la parte mental. Con tranquilidad y a seguir trabajando, que esto recién empieza”.Trungelliti, que se aseguró un jugoso premio económico por llegar a la segunda ronda (130.000 euros, menos aproximadamente el 30% por impuestos), logró economizar energía, justo en un momento en el que viene lidiando con algunas molestias en la rodilla izquierda. “Las ventajas que tiene entrar directo a un cuadro son las dificultades que el otro sufrió y que me tocó sufrir a mí durante toda mi vida, jaja. Aproveché esa energía y fue un partido correcto. De nuevo: no me preocupé mucho por los años que hacía que no ganaba. Es lo que toca y hay que seguir para adelante”, aportó uno de los once singlistas argentinos presentes en el cuadro masculino. Así cerró el partido TrungellitiSu próximo rival será de altísimo riesgo: el 15° del mundo, el ruso Karen Khachanov. Hay sólo un antecedente entre ambos, hace diez años, en la qualy de Barcelona: ganó el moscovita en ajustados tres sets. Hasta ahora tres veces había llegado Trungelliti a la segunda ronda en el Bois de Boulogne: en 2016 (con el éxito ante el 10° de ese momento, Marin Cilic, en el debut), 2017 y 2018. Ahora intentará cruzar otro obstáculo. “¿Qué tan distinto soy de aquel que vino en auto a París desde Barcelona en 2018? Soy bastante diferente en cuanto a la madurez. Pero la esencia sigue siendo la misma, elijo no cambiarla y es lo que me mantiene con vida. Pero insisto: en maduración soy otro. Es como tener dos vidas en una, básicamente”, sonrió Trungelliti. Distinto de aquel, pero con la misma filosofía.