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La comunidad agustiniana vivió una celebración especial, a la espera de León XIV, “uno de los nuestros”
“En este altar estuvieron dos futuros Papas”, recordó este mediodía monseñor Darío Quintana (Orden de Agustinos Recoletos, OAR), obispo de la Prelatura de Cafayate, en el norte argentino, al presidir en medio de un clima festivo una misa en la Parroquia San Agustín, de Buenos Aires, a solo horas de la llegada a la Argentina del papa León XIV. Recordaba, así, la imagen de poco más de dos décadas atrás que se viralizó al ser elegido Sumo Pontífice Robert Prevost; allí se lo ve al costado de quien era el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, años después el papa Francisco. El sacerdote Prevost era, en ese momento, prior general de la Orden de San Agustín (OSA).Con la presencia de sacerdotes de ambas órdenes agustinianas, religiosas de la congregación de las Agustinas Misioneras y laicos de diferentes comunidades del país, el encuentro comenzó al calor de uno de los “himnos” agustinianos, con letra del propio San Agustín: la frase “Tú Señor, nos hiciste para Tí y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Tí” sonó con fuerza varias veces en el templo.En su homilía, monseñor Quintana afirmó que la impronta agustiniana marca los pasos “del magisterio luminoso” que está ejerciendo León XIV, a quien definió como “uno de los nuestros”. El carisma agustiniano está marcado por la interioridad y la búsqueda constante de la Verdad y por el valor dado a la amistad y a la vida en comunidad.“Hoy se nos invita a estar despiertos, a tener el corazón orientado hacia Dios”, señaló el obispo, al vincular el Evangelio del día (Mateo 25, 1-13) con el llamado a una preparación personal e interior para recibir con actitud abierta el mensaje que trae el papa León XIV. Sostuvo que una “herida” de la sociedad es la crisis de interioridad. Por la cultura de lo inmediato, reflexionó, “no tenemos tiempo para Dios ni para nosotros mismos, para encontrarnos con nuestros anhelos más profundos” como seres humanos. Y agregó: “La sabiduría se deja encontrar por quien la busca”.Sobre el final de la celebración, monseñor Alberto Bochatey (OSA), obispo auxiliar de La Plata y de relación cercana con León XIV (estudiaron juntos en Roma), destacó el valor de tener un espacio de espiritualidad y de vivirlo como un motivo de alegría. En la misa se recordó que, al ser elegido, el entonces nuevo Papa se definió como un “hijo de San Agustín”, una frase que los jóvenes de la Parroquia San José, de Santa Fe, estamparon en sus remeras. También llegaron integrantes de grupos juveniles, como el grupo Emaús, de la comunidad de agustinos recoletos de San Martín, provincia de Buenos Aires.“Este encuentro significa decir que estamos vivos -definió, en diálogo con LA NACION, el sacerdote Alejandro Moral Antón (OSA), párroco de San Martín de Tours, en Buenos Aires, y amigo del Papa-. La gente quiere sentir a Dios. Y el carisma de San Agustín es tener un solo corazón y una sola alma”. Es uno de los rasgos agustinianos, recordó, que está representado en el escudo de León XIV: “En aquel que es Uno, somos uno”, sentencia la frase del santo, elegida por el Papa como símbolo de la unidad fraternal en Cristo.
Fuente: La Nación