La inquietante ola de ciberataques que paraliza a Europa y pone a Rusia en el centro de las sospechas

PARÍS.– Decenas de aviones desviados por falsas denuncias de bombas a bordo, heladeras de supermercados y de bancos de sangre desconectadas a distancia, fondos de bancos hackeados, redacciones de periódicos evacuadas… En apenas una semana, la guerra híbrida hizo una explosiva aparición en Europa, provocando caos y multiplicando los interrogantes. ¿Quiénes son los culpables? ¿Cuál es el objetivo principal? Para políticos y servicios de inteligencia europeos, “esto es solo el inicio”.La primera grieta llegó de la mano del frío. Durante la noche del 10 al 11 de octubre, cientos de supermercados franceses vieron cómo sus cámaras frigoríficas se calentaban como hornos mal regulados. Los piratas informáticos se habían infiltrado aprovechando una vulnerabilidad en versiones antiguas del software del fabricante danés Danfoss. A principios de noviembre, el mal cruzó las fronteras: Bélgica, Estonia, Finlandia, Luxemburgo, Suecia e Irlanda. En todas partes, el mismo escenario: heladeras enteras de productos echados a perder. Según la prensa especializada, dos grupos de hackers prorrusos, NoName057(16) y Z-Pentest, se atribuyeron los ataques.Después el objetivo cambió de naturaleza. A principios de esta semana, las cámaras frigoríficas de tres centros de la Agencia Francesa de la Sangre (EFS) fueron manipuladas a distancia a través de un proveedor de servicios de refrigeración. Según el diario Le Canard enchaîné, cámaras que debían mantenerse a -30°C fueron programadas para alcanzar los 110°C. Felizmente, las alarmas sonaron a tiempo: “Ninguna muestra o producto sanguíneo” ha sido alterado, aseguró el director de la institución. La Agencia Nacional de la Seguridad de los Sistemas de Información (Anssi) se hizo cargo de la investigación, aunque aún no ha dado respuestas.El miércoles 4 de noviembre se produjo el gran golpe. El banco bretón Crédit Mutuel Arkéa reconoció haber sufrido un ciberataque que permitió “operaciones fraudulentas” en su propia cuenta. El perjuicio se elevó a más de 100 millones de euros, convertidos de inmediato en criptomonedas. Se cree que el atacante entró por el sistema de un proveedor hackeado a finales de octubre. La fiscalía de París abrió una investigación por “ataque a un sistema de tratamiento automatizado de datos en banda organizada”, aunque hasta el momento, no se ha establecido ningún vínculo con los otros ataques.Mientras tanto, el cielo europeo comenzó a llenarse de espesas nubes. El primer falso aviso de bomba a bordo remonta al 18 de octubre: un vuelo de Austrian Airlines de Tel Aviv a Viena tuvo que desviarse hacia Sofía. El martes 3 de noviembre, una decena de aviones de Ryanair, SAS, LOT y Wizz Air fueron blanco de amenazas. El jueves 5, la ola se volvió imparable: al menos 27 vuelos amenazados, desde Irlanda hasta Bulgaria. Los expertos señalan que la media histórica es de dos falsas alarmas al mes. Esta vez se trató de más de una docena en solo cuatro días.El símbolo de la jornada del 5 de noviembre fue un Airbus A320 de Aer Lingus. Partiendo de Dublín hacia Roma con 151 pasajeros y seis tripulantes, tuvo que ser escoltado por un Rafale y un Mirage 2000-5 hasta la base aérea de Évreux, en Normandía. “En un momento dado, vimos aviones militares junto al nuestro”, relató el pasajero italiano Nicola Timpone. El piloto, que inicialmente se habría negado a aterrizar en una base militar, fue puesto bajo investigación por la justicia francesa.Eurofighters austriacos, MiG-29 búlgaros, Gripens húngaros, cazas italianos: hace una semana que las alas de la OTAN despegan como bandadas de pájaros migratorios. En Roma, el correo electrónico que desencadenó la alerta fue redactado en italiano y firmado por los “combatientes del Estado masculino”. La promesa era clara: “Hoy, vuestro cielo será rojo”. Este nombre hace referencia a un movimiento ruso ultranacionalista y misógino, prohibido en Rusia desde 2021. Su fundador, Vladislav Pozdniakov, niega cualquier implicación.“No creo que hayamos visto nunca un nivel de coordinación semejante”, confesó a la prensa Ben Smith, director general de Air France-KLM.Por fin, el viernes 6 de noviembre la amenaza descendió de las nubes para golpear las redacciones. En Dublín, la televisión pública RTÉ, la radio Newstalk y el diario Irish Independent tuvieron que ser evacuados. En RTÉ, los programas se interrumpieron durante varias horas, sustituidos por música y un mensaje pregrabado. La cadena búlgara Nova TV, Sky News en el Reino Unido y TF1 en Francia también recibieron amenazas. Los correos, titulados “Mensaje a Occidente”, están firmados por “Mikhail Andropov”, una probable alusión al antiguo jefe de la KGB y líder soviético Yuri Andropov. “Explotará en 45 minutos”, anunciaba uno. Otro concluía: “Pero esto es solo el principio”.Ese mismo viernes, 11 nuevas alertas afectaron a vuelos europeos, según el comisario europeo de Transporte, Apostolos Tzitzikostas. En Francia, cuatro aviones aterrizaron sin incidentes: tres en Orly y uno en Burdeos. El balance de la semana: unos 40 vuelos y al menos 14 países afectados. Ni una sola bomba real.El gobierno irlandés consideró “probable” que se trate de una “campaña coordinada de perturbación”. Y la fecha no es casual. Dublín, que preside la Unión Europea (UE), acogerá el próximo jueves y viernes a unos 50 líderes. El programa incluye la Comunidad Política Europea y, posteriormente, una cumbre informal de los 27.“Debemos mantener la calma”, instó el primer ministro irlandés, Micheál Martin.Los servicios de inteligencia en alertaEn los servicios de inteligencia, la inquietud no es nueva. Lleva gestándose meses, como una brasa bajo las cenizas. El 24 de septiembre, la inteligencia militar danesa advertía que Rusia “probablemente” intensificaría su campaña híbrida contra la OTAN. “Rusia se ha vuelto más propensa a asumir riesgos”, señalaba.A mediados de octubre, el jefe del MI5 británico, Ken McCallum, fue más contundente: “Los servicios militares y de inteligencia rusos están intensificando de nuevo sus intentos de guerra híbrida”. Moscú se esfuerza por mantenerse “por debajo del umbral del artículo 5” del tratado de la OTAN, el de la defensa colectiva, añadió. La semana que acaba de concluir parece la materialización de esas advertencias. En Bruselas, muchos están convencidos de que se trata de acciones de hackers rusos destinadas a presionar a Europa. “Todo está conectado: las heladeras, la sangre en Francia, los drones, los aviones”, lanzó el ministro italiano de Defensa, Guido Crosetto, al referirse a “una estrategia para aumentar el caos”. La primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, considera que “hoy son las infraestructuras civiles las que están siendo blanco”. La Fiscalía Nacional Antimafia y Antiterrorista de Italia abrió una causa.Las hipótesisLos expertos exploran varias líneas de investigación.La primera es un swatting coordinado, dirigido mediante correos electrónicos cifrados y llamadas imposibles de rastrear. Se llama swatting a una falsa alarma de emergencia, siempre anónima, cuya gravedad potencial es suficiente para requerir la intervención de fuerzas especiales.La segunda es la de una operación de guerra híbrida, cuyo objetivo sería poner a prueba la velocidad de reacción de las defensas aéreas de la OTAN y agotar los servicios de emergencia. De hecho, la Alianza ha ordenado patrullas aéreas sobre Hungría, según el ministro de Defensa húngaro.El costo, por su parte, es muy real. Según Eurocontrol, el desvío de un vuelo de media distancia costaría entre 55.000 y 75.000 euros. Cada alerta moviliza a equipos de desactivación de explosivos, perros de búsqueda y, en ocasiones, cazas militares.“Nos vemos obligados a inspeccionar cada uno de ellos”, resume el experto en seguridad aérea Sébastien Caron, citado por la AFP. Por ejemplo, Suecia restablecerá sus controles fronterizos durante seis meses a partir del 12 de noviembre. Su ministro de Justicia, Gunnar Strömmer, alega una creciente amenaza de sabotaje.Queda el gran enigma. Hasta el momento, ningún gobierno acusó oficialmente a Moscú de esta ola de incidentes. Públicamente, nadie ha podido identificar a los remitentes de los correos electrónicos. El comisario europeo Tzitzikostas considera que es “demasiado pronto” para concluir que los incidentes están relacionados. El jefe de la policía de Londres, Mark Rowley, insta a “evitar la sobreactuación ante cada mensaje”. Sin embargo, para el politólogo Anton Shekhovtsov, invocar un movimiento prohibido en Rusia permite precisamente evitar cualquier atribución oficial. También señala que estas perturbaciones ocurren poco después de ataques ucranianos contra aviones rusos en tierra. “Aquí en Bruselas, mucha gente ya teme que estemos en un estado de guerra híbrida con Rusia”, resume el eurodiputado irlandés Barry Andrews en el diario The New York Times.El Kremlin, por su parte, niega todo. Las acusaciones contra Moscú son “absolutamente absurdas” y no se basan “en ningún argumento ni prueba alguna”, declaró esta semana su vocero, Dmitri Peskov. Expertos europeos en seguridad se reunirán la próxima semana en Bruselas para examinar una respuesta común.Pero la guerra híbrida está en la cabeza de todos, porque es una guerra que no dice su nombre. Mezcla ciberataques, sabotajes, desinformación, presiones económicas y el uso de intermediarios: hackers “patriotas”, ejecutores reclutados en línea y falsos expertos mediáticos. Su regla de oro se resume en dos palabras: mantenerse por debajo del umbral. Lo suficiente para herir, pero nunca lo suficiente como para provocar una respuesta militar. Y siempre con una vía de escape: el desmentido. Su arma principal no es el explosivo, sino el miedo. “Las operaciones híbridas buscan provocar más miedo que destrucción”, explica Mark Lacy, especialista en la materia de la Universidad de Lancaster. Lo que se ataca, según él, es la idea misma de una Europa abierta a la libre circulación. “Bajo costo, alto impacto”Jean-Marc Rickli, del Centro de Política de Seguridad de Ginebr

Fuente: La Nación