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El papa León XIV hizo un elogio del mate, los puentes y las palmeras en su misa en Paysandú
PAYSANDÚ.- Construir puentes, no dejarse arrastrar por doctrinas extrañas, arraigarse en Cristo y una celebración del mate, símbolo rioplatense de unidad, “que nos enseña a compartir y a estar juntos, a estrechar lazos que nos unen y nos hermanan”. Ese fue el mensaje que dejó este sábado el papa León XIV en la primera misa de su gira por América Latina, que celebró en un parque de las afueras de Paysandú ante 40.000 fieles emocionados hasta las lágrimas por su presencia. Entre ellos llegaron muchísimos argentinos que cruzaron la frontera desde Entre Ríos y Santa Fe para verlo, pero también paraguayos y brasileños con banderas.En una jornada muy nublada, ventosa y fría, el Papa, que junto a su séquito voló hasta aquí en un pequeño Embraer de la fuerza área uruguaya, fue ovacionado al llegar en papamóvil a la explanada del parque París Londres, en las afueras de esta ciudad, la segunda más importante de Uruguay. Por el viento y para resguardarse del fío después de su operación por un cáncer de pulmón-, León XIV, de 71 años, apareció abrigado con un sobretodo blanco.“Esta es la primera misa de mi visita que celebro en tierra uruguaya, gracias por estar aquí”, agradeció al principio de su sermón, en el que destacó el legado del beato Jacinto Vera, obispo de Montevideo cuya imagen se destacaba sobre el altar.“Él acudía a atender a los enfermos a caballo, a pesar de las grandes distancias, de los peligros del camino y de las inclemencias del clima. El ‘obispo gaucho’ recorrió tres veces el territorio uruguayo, llevando fe y esperanza a sus habitantes”, recordó.Con buena voz y en su habitual español neutro, destacó luego que hay tres símbolos que caracterizan a esta zona del mundo, “que pueden ayudarnos a reflexionar sobre el tesoro de la fe que nos ha sido dado y la misión que hoy se nos confía”: el puente, los palmares y el mate.Al hablar del primero, subrayó que en esta ciudad de Paysandú se encuentra el Puente internacional General Artigas, que atraviesa el río Uruguay, uniendo dos países limítrofes. “No es difícil imaginar los beneficios que genera un puente: apertura, comunicación, intercambio. Por eso, ¡qué importante es ser constructor de puentes!”, exclamó. “Esa es la vocación a la que todos estamos llamados: construir puentes, estrechar lazos, unir, comunicar, transmitir la alegría de la fe, como lo hizo el beato Jacinto a tiempo y a destiempo”, afirmó.“Además, es necesario que el puente tenga buenos cimientos, para que no sucumba a las corrientes más enfurecidas”, añadió, al remarcar la importancia de una sólida formación cristiana. “Necesitamos estar bien preparados para dar razones de nuestra fe a todo el que nos lo pida y no dejarnos arrastrar por cualquier clase de doctrinas extrañas”, advirtió. “Sólo así seremos instrumentos de unidad y vínculos de caridad”, dijo.Luego habló de los palmares: destacó la resistencia a los fuertes vientos de estos árboles gracias a sus raíces, invitando a quedar arraigados en Cristo. Además, remarcó el hecho de que las palmeras no crecen aisladas, “sino que forman palmares, es decir, son muchas, no están solas ni distanciadas”. “Así también la Iglesia es una comunidad de hermanos que hunde sus raíces y bebe de un manantial común: la Palabra de Dios, los Sacramentos, la oración y la acción caritativa, y sus fieles elevan su mirada para alabar juntos a Cristo”, enfatizó.“Finalmente, pensemos en un símbolo que está presente en cada hogar de este país, en cada lugar de estudio y de trabajo, en cada reunión de amigos. Me refiero al mate, esa bebida tan típica de Sudamérica, cuyo significado profundo ustedes pueden explicar mejor que yo”, siguió. “Seguramente el mate los ha acompañado también hoy, en el viaje de camino a esta celebración, y los acompañará al regresar. El mate es signo de familiaridad, de amistad y de encuentro”, indicó. “Nos enseña a compartir y a estar juntos, a estrechar los lazos que nos unen y hermanan. Es signo de acogida, de integración y de valores comunes. Tomar mate es un ritual lleno de simbolismos, donde se dialoga sin palabras y cada detalle posee un significado propio”, aseguró. “Pienso también en los mates que uno toma cuando está solo y que acompañan un momento de silencio y oración. En esos espacios de soledad, cuántas veces tantos de ustedes le habrán confiado a Dios sus preocupaciones y necesidades, sus deseos y anhelos más profundos”, sumó, tocando fibras íntimas de todos los presentes, que lo escuchaban en silencio.Entonces lanzó un llamado: “Queridos hermanos y hermanas: necesitamos reflexionar sobre estos símbolos que nos son comunes, que nos dan identidad y sentido de pertenencia, que nos hablan de nuestros orígenes y nos proyectan hacia el futuro”. “También la fe forma parte del pueblo uruguayo desde sus orígenes, y es necesario transmitirla a las futuras generaciones con valentía creativa”, pidió.“Es necesario seguir formando en la fe a los niños y jóvenes, acompañando a las familias, sosteniendo a los ancianos y practicando las obras de caridad”, insistió. Y concluyó: “Queridos hermanos y hermanas: los animo a continuar la misión evangelizadora con entusiasmo. Sean puentes, para que muchos se encuentren con Jesús. Sean comunidad fraterna, que se reúne y comparte la vida y los proyectos, los sueños y las esperanzas, especialmente con los más necesitados. Sean comunidad orante, que mantiene el diálogo con el Señor como un amigo habla con otro amigo. ¡Cristo cuenta con ustedes! ¡Cristo cuenta contigo!”, alentó, dejando a los miles de presentes conmovidos. El sermón, hablando del puente, el mate y los palmares, fue muy gráfico y les llegó a todos. “Estoy feliz, fue increíble todo lo que dijo”, comentó a LA NACION María Leonor, de Concepción del Uruguay, que vino con su hermana y sus sobrinos, enfundada en una bandera argentina y con dos rosarios al cuello. Coincidieron Gloria y Marta, que también cruzaron el río desde la Argentina y se distinguían por llevar una remera con el rostro del Papa y dos banderitas argentina y uruguayas entrelazadas, un anticipo del mensaje de unidad de León a estas tierras.
Fuente: La Nación