Estancia centenaria de los Pueyrredon: fue remodelada y puesta a punto por la nuera de los dueños actuales

El nombre del campo rinde homenaje a la brasileña Ydalina Carneiro da Fontoura, esposa de Adolfo Feliciano Pueyrredon, quien adquirió estas tierras en 1879. Se habían casado en 1850 y tuvieron diez hijos. Entre ellos, el menor fue Honorio, abogado, político y diplomático de la UCR, que llegó a ser ministro de Agricultura (1916) y de Relaciones Exteriores y Culto (1917-1922), durante el gobierno de Yrigoyen. En 1922, Marcelo T. de Alvear lo designó embajador de la Argentina en los Estados Unidos. Honorio fue quien levantó la casa en 1895, con detalles de estilo normando, aunque no se conserva documentación que acredite con precisión la fecha.Casada desde hace 35 años con Alejandro Lastra –tataranieto de Adolfo–, Fernanda Suárez Bidondo cuenta la historia. Su marido y su cuñada, Julieta, representan la quinta generación de Pueyrredon en La Ydalina, una propiedad que llegó a tener 11.000 hectáreas en Los Toldos, a tres horas y media de la Capital Federal. Honorio la heredó tras la muerte de Adolfo, en 1892, y luego adquirió las partes de sus hermanos. Tuvo una hija, Raquel Pueyrredon, que se casó con Alejandro Lastra Cranwell, abuelo de Alejandro Lastra Caminos, esposo de Fernanda.En la actualidad, ambos son anfitriones en las 1.600 hectáreas del campo, destinadas a la agricultura y con un haras que provee los caballos para las cabalgatas. Para la familia Lastra, haber encontrado este rumbo para la casa es motivo de celebración. “La familia venía durante los veranos, pero no en invierno, porque se congelaban. Ocupaban sólo la parte de abajo, que estaba mejor que la de arriba, que se llovía por el techo. Por eso, cuando conocí a Alejandro y vine por primera vez, quedé impresionada. Estaba muy venida abajo, pero tenía un espíritu muy especial”, rememora Fernanda, mientras asiente Alejandra, su hermana, que la asiste en el área de turismo. De a poco, impulsó la transformación de La Ydalina. Para que la casa siguiera en pie, había que encontrarle un propósito. Fonoaudióloga de profesión, trabajaba con extranjeros y percibía el potencial de la propiedad. En una ocasión, invitó a una norteamericana a conocerla. “Flasheó tanto con el lugar que me insistió para que recibiéramos formalmente”, relata. También pinta al óleo y tiene un gran sentido estético que vuelca en la decoración. “Uy… va a ser duro”, le respondió su marido cuando le planteó la idea. Pero la apoyó. Además, en una reunión sobre el manejo del campo, un asesor había señalado la importancia de diversificarse. La idea quedó instalada. Así fue como, en 2009, llevó la propuesta a su familia política. Su suegro la aceptó y se inició una inversión que implicó dinero, tiempo y dedicación. El objetivo era dejar la casa como a principios del siglo XX, pero con las comodidades actuales. “Mucha gente puso muy buena voluntad. El pintor se instaló a vivir dos años e hizo toda la obra de a poco. El techo, que estaba destruido y era carísimo, también se arregló en etapas. Incluso la restauración de los muebles fue a pulmón”, relata. La obra finalizó en 2010. Con la casa en condiciones, comenzó a recibir visitantes para talleres de arte, fotografía y espiritualidad. Entre quienes impulsaron la llegada de público estuvo el padre Mamerto Menapace, del cercano Monasterio de Los Toldos, que quería mucho La Ydalina porque había sido amadrinado por Raquel, abuela de Alejandro. Hoy, la estancia recibe tanto extranjeros como grupos de argentinos. “Esto no es un bed & breakfast. A los huéspedes los atiendo personalmente. Los saco a andar a caballo, los llevo a la laguna, donde hay un muelle para remar en kayak, y compartimos las comidas”, asegura la dueña de casa, que también realizó un curso de hotelería rural. Con Alejandro tienen tres hijos: Ramiro (psicólogo y emprendedor), Pilar (veterinaria) y Javier (estudiante de finanzas). “Valoro mucho que la familia de mi marido –tanto mis suegros como mi cuñada– me haya apoyado. De hecho, mi suegro no podía creer ver la casa arreglada. Decía que desde chico no la veía así”, recuerda Fernanda, con la voz emocionada y agradecida por el voto de confianza. Mientras guía una salida a caballo por el monte de acacias, eucaliptus y laureles, se vuelve evidente el renacer de La Ydalina. Datos útilesEl PedralReciben en 8 habitaciones (7 dobles y una triple), todas con baño privado. Ofrecen las cuatro comidas y acceso a la pingüinera y al Faro de Punta Ninfas. La estadía mínima es de dos noches. Conviene consultar el estado del camino antes de viajar. Tarifas por noche, por persona: en temporada alta (del 15 de septiembre al 31 de enero y del 5 al 25 de abril), base doble o triple, u$s 516; en temporada baja (del 1 de febrero al 4 de abril), base doble o triple, u$s 449. RP 5 s/n, Punta Ninfas. T: (280) 484-4140. IG: @estanciaelpedral
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