Ueno, el banco que creció a la velocidad del poder que construyó Peña y que se derrumbó en un día

ASUNCIÓN (Enviado especial).– Hasta la semana pasada, el estadio de la selección paraguaya llevaba su nombre, el Rally Mundial también y seis de cada diez adultos del país tenían su aplicación en el teléfono. Este jueves, Ueno Bank es un banco intervenido, con ocho directivos detenidos, con los ahorristas en las puertas de sus sucursales. Eso no es todo, Santiago Peña, el padrino del fenómeno financiero, presentó su renuncia y enfrenta un juicio político.La historia de la entidad empezó hace 50 años. Financiera El Comercio nació en 1976 y durante cuatro décadas fue un jugador menor, un lugar donde se apalancaba en un sector social que jamás calificó para tener una cuenta en el banco. En 2021 la compró el Grupo Vázquez, que ya controlaba la financiera Credicentro, la rebautizó Financiera Ueno y la reconvirtió en un modelo 100% digital.Pero el mojón del crecimiento llegó en 2023, cuando el Banco Central de Paraguay (BCP) le entregó la licencia para ser banco, un trámite que inició en 2021, bajo el gobierno de Mario Abdo Benítez. Cuando Peña ya estaba instalado en el Palacio de López, llegó la firma. El banco abrió en diciembre de ese año, con algo más de 500.000 clientes y una ganancia anual de US$4 millones. Un dato que hoy toma entidad: Carlos Carvallo presidió Financiera Ueno hasta el 14 de agosto de 2023, un día antes de que asumiera Peña. Entonces fue designado presidente del BCP, el organismo que debía supervisarla. Renunció el martes, horas después de la intervención.Antes de ser banco, el grupo ya había sumado la aseguradora Alfa Seguros, rebautizada Ueno Seguros. En enero de 2024, además, anunció la compra de Visión Banco, una entidad con tres décadas de historia y una morosidad del 8,63%. La fusión se cerró a mediados de ese año: Ueno sumó 70 sucursales a las 15 que tenía y pasó de golpe a 1,5 millones de clientes. Después vino el capital extranjero. En diciembre de 2025 el húngaro OTP Bank entró a U Holdings, la sociedad de Luxemburgo que controla el banco, y en 2026 completó una inversión de USD 47 millones por el 9,99%. Arriba de todo seguía el Grupo Vázquez, con alrededor del 90% del holding.Los números del balanceLos balances cuentan una curva difícil de encontrar en otro banco de la región. Según los balances presentados en el BCP, septiembre de 2024 tenía activos por US$1674 millones y era el sexto del sistema en depósitos, mientras que en junio de este año declaró US$4200 millones en activos, US$2800 millones en depósitos, una cartera de US$2500 millones y un patrimonio de US$401 millones. La ganancia del primer semestre fue de US$37 millones, contra 14 millones reportados un año antes.Siempre según datos oficiales, la mora informada era de apenas 0,6%, de las más bajas del país. Pero la letra chica decía otra cosa: en el primer trimestre de 2026 la cartera vencida creció 28,7% y la refinanciada, reestructurada y renovada ya equivalía al 6% del total.En marzo pasado colocó en Wall Street un bono por US$350 millones a cinco años, con cupón del 6,7%, la mayor emisión de un banco paraguayo. Y el Estado se volvió su gran cliente: los depósitos públicos en guaraníes crecieron 130% en 2025 y en julio de 2026 la plata estatal superaba los US$860 millones, cerca del 29% de todos sus depósitos. El Instituto de Previsión Social (IPS), una suerte de PAMI y Anses juntos, tenía allí USD 345 millones, el 9% de su cartera.Pero los colores rojos empezaron a aparecer con el balance de 2025 donde figuraron cuentas a pagar (costos de reorganización por la fusión o facturas tecnológicas) que significaban algo más del 170% del capital propio. Dos meses después, el BCP intervino el banco por “ajustes a sus estados financieros”.Tres millones y una camiseta en cada clubEl negocio era masivo y minorista. Su foco declarado fueron las personas y las pymes, muchas de ellas recién llegadas al sistema bancario. El “éxito del modelo” se dejaba ver en todos lados al punto que llegó a 2,94 millones de clientes, poco más del 60% de la población adulta. Además, superó el millón de tarjetas de crédito activas. Era, por lejos, el banco con más clientes del país, aunque sus depósitos lo colocaban en el quinto lugar entre todas las entidades financieras.Mientras el negocio se masificaba, Ueno desplegó una feroz campaña de posicionamiento de marca. En 2023 firmó con la Asociación Paraguaya de Fútbol (APF) un contrato de unos US$12 millones hasta 2027, que convirtió al estadio nacional en “Ueno Defensores del Chaco”. Al año siguiente sumó a los dos grandes: la cancha de Cerro Porteño pasó a llamarse “Estadio Ueno La Nueva Olla” y la de Olimpia, el Manuel Ferreira, también llevó la marca. Como si fueran poco los dos clubes más populares de Paraguay, sumó a Guaraní y a Sportivo Luqueño. Ese mismo año saltó al continente: según su propio informe del tercer trimestre de 2024, se convirtió en patrocinador de la Conmebol Sudamericana hasta diciembre de 2026, en la misma vidriera que Mercado Libre, EA Sports, Midea y MG Motor. Fue sponsor principal del Rally Mundial en Paraguay, con cerca de USD 1 millón por edición, y del piloto Joshua Dürksen en la Fórmula 2. Esta semana de la caída, la APF borró el logo de sus redes.El grupo no se conformó con la banca. Hace un año, la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) le adjudicó cuatro de las ocho subbandas de 5G a Nubicom Paraguay, filial de una firma casi desconocida, por unos US$2 millones. La garantía de oferta la emitió Ueno Bank el 4 de agosto de 2025, el primer día hábil después de una gira de Peña y Miguel Vázquez por Finlandia que incluyó una visita a Nokia, según consignó en su momento el diario ABCHubo algún cuestionamiento de la Contraloría respecto de la verificación de los requisitos del pliego, pero después de la licitación, la filial pasó a manos de empresarios del Grupo Vázquez: hoy la preside Guillermo Vázquez, director suplente del banco, y su CEO es Osmar Coronel, fundador de Ueno. Ya registró las marcas “uCel” y “Nubi”. Por estas horas, la Fiscalía menciona a Nubicom entre las empresas que recibieron créditos del banco.Las señales estaban sobre el escritorio del regulador desde el otoño. A fines de abril, los técnicos del BCP comprobaron que, desde el arranque del año, Ueno había pasado el límite que la ley fija para financiar a sociedades de sus propios dueños. Alcanzaba con tres nombres, MOWI, Grupo Hendy y Grupo M, que concentraban US$123 millones, casi un tercio del patrimonio efectivo. La norma exigía pedir un plan de regularización, pero no hubo ninguna solicitud. A mediados de junio, la Superintendencia dio el problema por resuelto porque esa cartera había pasado a Vinanzas, firma de los mismos accionistas, a cambio de US$74,4 millones. Un detalle que toma relevancia y que está en las comunicaciones del BCP: la plata de esa compra había salido, vía préstamos, de las arcas del mismo banco.El 10 de julio, Fernando Rivarola, a cargo de la gerencia de Supervisión, dejó por escrito que esa maniobra no debía aceptarse. La advertencia no movió la burocracia de de control y recién falta un pedido de informes del Senado del 24 de septiembre generó la apertura de un sumario. Dos semanas después, la conducción del Central dijo a los senadores que el desvío ya estaba corregido.A Peña le costará sostener que no lo vio venir. Pocos políticos paraguayos conocen tan bien la sala de máquinas del sistema financiero: hizo carrera como economista del Banco Central desde 2000, se fue al FMI en Washington y en 2012 regresó para ocupar una silla en el Directorio de la autoridad monetaria. De ahí saltó al Ministerio de Hacienda de Horacio Cartes, en 2015, y más tarde a la dirección del Banco Basa, del mismo grupo: debería saber de memoria qué implica que un banco les preste de más a sus dueños y qué puede hacer el supervisor para impedirlo. Aun así, puso al mando del BCP a quien había presidido Financiera Ueno, y bajo su gestión los fondos del Estado se mudaron en masa al banco del Grupo Vázquez, sus exsocios. Un dato más: ABC Color lo señaló como accionista del holding. Hasta el 27 de octubre respaldó a la entidad cada vez que le preguntaron, con un argumento repetido: que el Central contaba con “todas las herramientas” para controlarla. Contaba con ellas. Nadie las sacó del cajón.El último manotazo llegó el 29 de octubre, cuando Ueno prometió inyectar US$100 millones de capital. Fue un manotazo de ahogado: cuatro días más tarde, en la sesión del 2 de noviembre, los directores del BCP votaron sin disidencias la resolución del banco. Para ese momento, los ajustes contables habían dejado su solvencia por debajo de la mitad de lo que exige la norma. Ayer, la caída de la entidad que más rápido había crecido en el país terminó con la renuncia del presidente y con la prisión de banqueros y amigos del poder.

Fuente: La Nación