Cuba no es Venezuela

Luego de la operación militar de Estados Unidos, que depuso a Nicolás Maduro en Venezuela, escaló la tensión entre aquel país y Cuba. Desde entonces, Donald Trump ha venido repitiendo que el castrismo tiene los días contados. Frente a esos anuncios, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, expresó su rechazo a toda injerencia extranjera, insistió en que no piensa renunciar al cargo y defendió la soberanía nacional. Reafirmó asimismo que Cuba no cederá ante las presiones de Estados Unidos y que mantendrá el derecho a decidir su propio rumbo político.La situación atraviesa momentos contradictorios, entre presuntos avances e imputaciones de peso. Mientras los Estados Unidos acusaron el miércoles último al expresidente cubano Raúl Castro, hermano menor de Fidel Castro, de cargos de asesinato en relación con el derribo en 1996 de dos aviones civiles en el que murieron cuatro personas, el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, dijo el jueves pasado que Cuba aceptó una oferta de 100.000.000 de dólares en ayuda humanitaria, pero agregó que no estaba claro si La Habana había avalado las condiciones de Washington. “Dicen que la han aceptado. Veremos si eso significa que se concretará”, dijo Rubio en rueda de prensa.Cuba no es Venezuela. Lleva años atrapada en una profunda recesión, incapaz de pagar sus múltiples deudas u obtener financiación externa, con una producción en retroceso y sin lograr garantizar el suministro de alimentos y productos básicos a la población. Durante generaciones, demasiados ciudadanos cubanos han aprendido falacias como que producir más no necesariamente mejora sus vidas, que destacarse puede ser peligroso y que el éxito privado despierta sospechas públicas.A diferencia de Venezuela, Cuba tiene un estado más monolítico, con menor fractura militar y mayor capacidad de resistencia. El aparato de seguridad del Partido Comunista y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias sigue cohesionado y no hay un liderazgo opositor reconocido como el de María Corina Machado, en Venezuela. Cualquier intento de poner fin a la dictadura por la fuerza choca con límites legales, militares y humanitarios que harían la operación costosa e impredecible.Venezuela, en cambio, tiene petróleo, un vasto territorio, una diáspora empresarial y un músculo económico que, bajo un gobierno democrático, tiene mucho para ofrecer. Ha quedado claro que Estados Unidos no ha buscado hasta el momento la democratización del país, sino que está más interesado por las reservas de petróleo.El caso de Cuba es diferente: los motivos entrelazan geopolítica, política interna y presión económica. Trump no tiene interés en ningún recurso específico de ese país, le interesa el territorio de la isla, entre otras cuestiones, para impedir que China y Rusia lo utilicen como base estratégica.EL objetivo de derrocar al régimen dependerá menos de las amenazas proferidas desde Washington y más de que se logre sostener una presión selectiva sobre sectores clave.
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