Economía
Se complicó la economía global al mismo tiempo que la local vuelve a dar signos positivos
El shock de la suba del petróleo por la guerra en Irán tendrá efectos más duraderos en Estados Unidos y Europa; se abrió otra ventana de oportunidad para que el Gobierno emita deuda para los abultados vencimientos de 2027
La economía global está entrando en un período de crecientes tensiones y contradicciones. El shock del precio del petróleo resultó ser más persistente de lo que se estimó cuando comenzó la guerra en Irán a principios de marzo. Los precios del petróleo han subido y bajado, pero se han mantenido casi un 50% por encima de los precios previos a la guerra en promedio, pasando de US$65 por barril a cerca de 100. Inicialmente, los precios del petróleo en el mercado de futuros a diciembre (es decir, en el mercado donde no se negocia el petróleo con entrega inmediata, sino en el cual la entrega es a fin de año) se mantuvo relativamente contenido inicialmente, cerca de los US$80 por barril, pero a medida que las negociaciones entre Donald Trump y el régimen iraní se estancaron y el Estrecho de Ormuz permaneció cerrado los futuros de diciembre se acercaron a los US$100. El mercado comenzó a descontar, tenga razón o no, que la guerra va a tener efectos más duraderos. El aumento de los precios del petróleo recalentó la inflación en todo el mundo. En los Estados Unidos la inflación al consumidor alcanzó el 3,8% interanual, subiendo desde el 2,4% en febrero. El problema es que los precios excluyendo a la energía también están subiendo. El shock petrolero estaría contaminando otros precios de la economía también. Una medida de inflación que incluye solo los servicios excluyendo a los de vivienda, por ejemplo, subió bruscamente y supera el 3% interanual, muy lejos del 2% anual al que aspira la Reserva Federal. La guerra puede traer también impacto sobre el precio de los alimentos, dada la fuerte suba del precio de los fertilizantes. Este panorama esta llevando a que se empiecen a desanclar las expectativas de inflación en el mundo desarrollado. En este contexto, los bancos centrales del mundo están a la defensiva, abortando ciclos de relajación monetaria o incluso pensando en subas de tasas de política monetaria. Esto está haciendo que las tasas de interés de corto plazo, digamos hasta dos años de plazo, que se fijan considerando las expectativas que tiene el mercado sobre subas o bajas de tasa de política monetaria de los bancos centrales, estén subiendo en todo el mundo. En Estados Unidos se agrega una incertidumbre adicional con el comienzo de Kevin Warsh como presidente de la Reserva Federal, en reemplazo de Jerome Powell. Warsh llega con ideas innovadoras sobre la forma de llevar adelante la política monetaria, en un momento donde el mercado ya tiene demasiadas fuentes de incertidumbre. Pero esto no es todo. Además, la suba del precio del petróleo tiene implicancias fiscales, dado que los gobiernos intentan mitigar los precios al consumidor absorbiendo con subsidios parte del shock de precios, y por lo tanto están afectando las tasas de interés de largo plazo, como las de 10 o 30 años. Estas se fijan más que nada teniendo en cuenta la expectativa del mercado sobre la dinámica fiscal y la inflación a mediano plazo. Los eslabones de la economía global más débiles son los que están bajo mayor presión, como muestra el mercado del Reino Unido, cuyo gobierno está muy debilitado y carente de iniciativas. Las tasas de interés de los bonos a 30 años del gobierno de los Estados Unidos superaron el 5%, mientras que las del Reino Unido se acercaron al 6%, valores que no tenían desde inicios de siglo. Tasas de interés más elevadas deberían llevar a una desaceleración del consumo y la inversión global en el futuro. Paradójicamente, el mercado bursátil sigue cerca de sus máximos históricos, impulsado por el auge de la Inteligencia Artificial, aunque su equilibrio luce muy frágil. A contrario de otros episodios de tensión global, Sudamérica ha demostrado ser un barco relativamente estable. La región, en general, se benefició de precios más altos de las materias primas, que se extendieron desde el petróleo hasta el cobre y, en una medida mucho más limitada, hasta los alimentos. Las monedas latinoamericanas se mantuvieron muy fuertes desde el inicio de la guerra, solo estando afectadas por la incertidumbre electoral en países como Brasil. En este contexto, los fondos globales han aumentado su exposición a los mercados emergentes, y como consecuencia el riesgo país en América Latina ha disminuido en las últimas semanas. Es decir, se abrió otra ventana de oportunidad para que el Gobierno, a pesar de toda su retórica, aproveche a emitir deuda para empezar a hacer frente a los abultados vencimientos de 2027. Si las suba de tasas de interés globales se vuelve permanente, esta ventana de oportunidad se puede cerrar en cualquier momento.La oportunidad se agranda porque la economía local está volviendo a mostrar varias señales positivas. La inflación se desaceleró al 2,6% mensual en abril, con los alimentos creciendo solo un 1,5%. El shock del precio de la carne, que subió cerca de un 6% promedio desde octubre hasta marzo, parece haber quedado atrás, al menos temporalmente. Los datos parciales recogidos durante mayo sugieren que la inflación estará más cerca todavía del 2%. Dado que la reaceleración inflacionaria de fin de 2025/inicios de 2026 tomó a todos por sorpresa, los salarios quedaron rezagados contra la inflación, ecuación que podría haber ya empezado a invertirse. Por algo no llama la atención que el Índice de Confianza del Consumidor que mide la Universidad Di Tella haya subido un 1,3% en mayo, después de tres caídas consecutivas de más del 5% en promedio. Encuestas privadas también sugieren que el declive en la popularidad del Gobierno se terminó, y algunas hasta muestran un rebote. Los datos de actividad de marzo también fueron muy auspiciosos. Después de una caída del 2,7% mensual en febrero (-2% contra febrero de 2025), la economía se expandió el 3,5% mensual en marzo (+5,5% contra marzo de 2025), según anunció el Indec el jueves pasado. Si bien los sectores primarios fueron nuevamente los protagonistas, con subas del 17,9% y del 16,3% interanual para la agricultura y para la exploración de minas y canteras (que incluye petróleo y gas), respectivamente, la expansión de la actividad se extendió a todos los sectores. El mayor número de días hábiles debe haber jugado un rol positivo, así como jugó uno negativo en febrero, pero lo cierto es que el crecimiento de marzo fue más fuerte que el esperado. Los datos parciales de actividad de abril son más mixtos, pero es probable que en general la recuperación haya seguido su marcha. Las ventas de cemento, por ejemplo, cayeron, quizás porque llovió mucho en el área pampeana. La industria, en cambio, creció levemente según datos de FIEL. Pero el dato total de actividad quizás mostrará una expansión, de la mano de una supercosecha de soja, maíz y girasol, que se realiza más que nada en el segundo trimestre, aunque tuvo algún retraso por las lluvias de abril. Las más recientes estimaciones de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires ponen la cosecha de maíz, soja y girasol un 15,7% por encima del año pasado, el doble de crecimiento que lo esperado hasta hace unos pocos meses. Sumando el trigo, la cosecha 2025/26 de estos cuatro cultivos va a llegar a casi 149 millones de toneladas, un 21% más que el año pasado y récord absoluto. La cosecha, Vaca Muerta, el precio del oro y muchas otras ramas llevaron las exportaciones de abril a un récord histórico de US$8914 millones, y al superávit comercial a un también máximo histórico de US$2711 millones. La balanza energética fue positiva en US$1402 millones y acumula US$3844 millones en los primeros cuatro meses del año. A este ritmo, las exportaciones van a superar los US$100.000 millones durante 2026 por primera vez en nuestra historia. Es poco comparado con casi cualquier país del mundo en términos de PBI, pero es un gran avance. El mundo demanda lo que la Argentina ofrece y los cambios económicos implementados por el Gobierno están permitiendo empezar a aprovechar la oportunidad. Solo la vuelta del kirchnerismo podría arruinar lo que se perfila como un fuerte salto exportador en los próximos años. Esta performance exportadora, sumada a la fuerte colocación de bonos por parte de provincias y empresas privadas, también le está permitiendo al Banco Central comprar importantes cantidades de reservas internacionales. Lleva US$8857 millones en todo el año. Las reservas brutas alcanzaron los US$46.751 millones, comparado con US$41.095 a fin de 2025, aunque las reservas netas suben más lentamente. Las buenas noticias en el margen también se extienden a las arcas fiscales. Una mejora de las exportaciones y de la actividad, sumado al impacto positivo que tiene la depreciación del peso en 2025 sobre el balance de las empresas y por lo tanto sobre la recaudación del impuesto a las ganancias va a permitir que la recaudación en mayo aumente por primera vez desde julio del año pasado ajustada por inflación. Las importaciones también reaceleraron algo en marzo y abril, y esto trae tanto mayores impuestos a la importación como recaudación de IVA, que en el caso de los bienes importados se cobra en la aduana. Esta suba de la recaudación después de meses de caída de hasta casi el 10% real llevará un alivio para las arcas fiscales nacionales y provinciales y por lo tanto evitará que el Gobierno siga ajustando el gasto público en los meses siguientes.La performance fiscal del Gobierno hasta en momentos de estrechez de recursos y las reformas micro implementadas después de las elecciones fueron resaltadas por el directorio del Fondo Monetario Internacional (FMI), que aprobó la segunda revisión del Programa de Facilidades Extendidas el jueves pasado, a pesar del grosero incumplimiento de la meta de acumulación de reservas durante 2025. El FMI dilató la revisión quizás sabiendo que era la única forma que el equipo económico haga buena letra y compre reservas este año. A la buena noticia del FMI se suma la suba de calificación de la deuda de Fitch, de CCC+ a B-, a la que podría sumarse Moody’s prontamente. Hay muchos fondos de inversión que solo pueden comprar deuda que tenga una