Los cinco datos en debate de una economía heterogénea

En una economía sacudida por un proceso de transformación que se mueve a velocidades muy distintas (agro, energía y minería con fuerte crecimiento; construcción, comercio e industria en retroceso en los últimos dos años), la controversia por la lectura de muchos datos se volvió cotidiana. ¿Cayó o subió el empleo en lo que va del gobierno de Javier Milei? ¿El consumo privado está en el récord histórico, aunque la temperatura del consumo masivo en las góndolas refleje otra realidad? ¿Hay una avalancha de importaciones? ¿Está atrasado el dólar, si crecen las exportaciones? ¿El Banco Central compra dólares, pero no acumula reservas? Son frecuentes las discusiones sobre esos y otros datos alimentadas por la heterogeneidad de una actividad económica que en marzo se recuperó 5,5% interanual luego de nueves meses de estancamiento, pero en la que los principales sectores que movilizan el mercado interno no logran aún consolidar su repunte.Cinco economistas pusieron el foco en esos números para LA NACION y respondieron algunos de los interrogantes para ayudar a clarificar el panorama.1 Consumo privado: ¿en un récord?Natacha Izquierdo, directora de Operaciones de la consultora Abeceb, ratifica que el consumo privado agregado está en su máximo histórico, como destaca el Gobierno, pero aclara que el consumo masivo acumula caídas. Ambas cosas son ciertas porque miden cosas distintas, explica: el primero captura todo el gasto de los hogares –incluidos servicios, turismo, bienes durables y crédito- y el segundo refleja lo que ocurre en los canales minoristas.“El récord se relativiza cuando se lo analiza en términos per cápita. En 2025, el consumo privado agregado quedó apenas 0,2% por encima de 2018, pero todavía por debajo de 2011, 2012, 2013 y 2017. Es decir, hubo una recuperación respecto del piso de 2024, aunque sin una mejora homogénea del poder de compra”, dimensiona.En simultáneo, al consumo masivo le cuesta remontar, indica Izquierdo. En marzo de 2026 cayó 5,1% interanual y acumuló una baja de 3,1% en el primer trimestre, según la consultora especializada Scentia. Además, el nivel de consumo se mantiene 11% por debajo de enero de 2023.Lorena Giorgio, economista jefe de la consultora Equilibra, se ubica en la misma línea. “El último dato disponible (cuarto trimestre de 2025) de consumo privado agregado según el Indec mostró un récord histórico para el consumo privado, que se encuentra 6% por encima del trimestre previo a la asunción de Milei (tercer trimestre de 2023). Sin embargo, hacia adentro hay heterogeneidad sectorial: el consumo masivo no remonta, pero durables e importados siguen creciendo”, explica.Giorgio cita también a Scentia para hablar sobre el consumo masivo y complementa con un dato: entre noviembre de 2023 y marzo de este año, la caída acumulada es del 15%. Las ventas en supermercados (con último dato de febrero 2026) acumulaban un 11% de retroceso también respecto de noviembre de 2023 y las ventas minoristas del segmento pyme que releva CAME (Confederación Argentina de la Mediana Empresa), un rojo del 30% (a marzo de este año).Como contracara, las ventas de bienes durables y productos importados registran un crecimiento en comparación con 2023, “dado el abaratamiento de bienes como consecuencia del dólar barato y la apertura importadora”, justifica Giorgio. La compra de inmuebles en la Ciudad de Buenos Aires y la provincia de Buenos Aires creció un 67% en marzo de este año frente a noviembre de 2023. Los patentamientos de autos y de motos están 19% y 94% por encima de los niveles del final del gobierno de Alberto Fernández. A su vez, las cantidades importadas de bienes de consumo final, a marzo de este año, crecieron 41% contra noviembre 2023, enumera la economista.Izquierdo destaca que detrás de la caída de ventas en supermercados y mayoristas hay un cambio de lógica económica. “Durante los años de alta inflación, el mayorista había ganado protagonismo: familias y comercios adelantaban compras y acumulaban stock. Con menor inflación, estabilidad cambiaria y mayor costo financiero, esa lógica perdió fuerza”, analiza. El otro fenómeno que describe el nuevo escenario del consumo –citado reiteradamente por el Gobierno- es el crecimiento del comercio electrónico. En marzo, subió 31,3%, cita la directora de Abeceb. “El e-commerce ya concentra cerca del 25% de las ventas de las empresas líderes. No es un canal alternativo: es la nueva estructura comercial”, subraya.La especialista menciona además que el agregado nacional del consumo oculta la disparidad geográfica: mientras en el Gran Buenos Aires y otros conurbanos la caída es pronunciada, las provincias “ganadoras” como Neuquén –epicentro de Vaca Muerta- muestran dinamismo comercial. “En este contexto, la recuperación del consumo existe, pero es selectiva en tres dimensiones: por canal, por tipo de bien y por geografía”, resume.2 El empleo formal e informalSegún las estadísticas sobre evolución del trabajo registrado de la Secretaría de Trabajo, a partir de la información del SIPA (Sistema Integrado Previsional Argentino) y de ARCA, en febrero de este año (último dato disponible) el número de trabajadores registrados se ubicó en 12.878.900. En noviembre de 2023, último mes del gobierno de Alberto Fernández, ese indicador anotó 13.323.500, lo que arroja 477.600 puestos registrados menos.“El mercado laboral, en términos generales, no se contrajo”, analiza Federico González Rouco, coordinador de estrategia económica de la consultora Empiria. “Lo que hay es un cambio de composición muy fuerte en el que el segmento privado asalariado se redujo considerablemente, en cerca de 200.000 personas sobre un universo de 6 millones, pero fue compensado con el resto de los puestos, el informal y el monotributista”, describe.Esa explicación fue expuesta por el propio Gobierno en las últimas semanas, cuando el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, señaló en su cuenta de X que en los dos últimos años se crearon 400.000 puestos de trabajo, producto de 630.000 nuevos puestos informales e independientes a los que hay que deducirles la caída de 222.000 formales.Las cifras de Giorgio, de Equilibra, también muestran una neutralidad en términos de cantidad de puestos de trabajo al cuarto trimestre de 2025, pero con cambios en la composición y más precariedad, dice. “Se destruyeron casi 400.000 empleos asalariados: 300.000 asalariados formales (190.000 privados, 70.000 públicos y 20.000 de casas particulares) y 90.000 asalariados no registrados. En cambio, creció fuertemente el cuentapropismo: 150.000 con monotributo y 190.000 informales (changas). El desempleo también aumentó, ya que la tasa de desempleo pasó de 5,7% a 7,5% en ese lapso (420.000 más desocupados)”, desglosa.En cuanto al salario real, los datos de Equilibra indican que el ingreso registrado (tomando trabajadores formales y jubilados) se encuentra 2,4% por debajo del de noviembre de 2023, previo a la devaluación de diciembre de ese año. Los jubilados que no cobran la mínima recuperaron en ese lapso un 8% y los privados formales, un 3%. Los jubilados con la mínima, en cambio, perdieron casi 10% de sus ingresos reales y los empleados públicos, un 18%, según Giorgio.González Rouco pone el foco en el ingreso disponible, un indicador que Empiria viene siguiendo todos los meses (el sobrante que les queda a los hogares luego de pagar los gastos fijos de los servicios públicos). En febrero, el ingreso disponible sufrió una caída real del 2,1%, profundizando un deterioro que arrancó en septiembre de 2025. Frente a 2023, se ubica 5,4% abajo.“Lo que vemos en el último tiempo es que el gasto fijo de las familias pasó de ser el 15% al 24%, por la recomposición de tarifas, alquileres y expensas”, apunta González Rouco y agrega que es el componente en el que se siente más el impacto, ya que el ingreso real no se redujo en la misma proporción.3 ¿Avalancha de importaciones?El paso de una economía cerrada e híperregulada a una abierta se refleja en el crecimiento de las importaciones en los últimos dos años. ¿Apertura irrestricta? ¿Avalancha? Responde Izquierdo, de Abeceb: “Lo que muestran los datos es, primero, una normalización en 2025 luego de muchos años de restricciones, y una moderación clara de las importaciones en 2026. En 2025 las importaciones crecieron y alcanzaron US$75.792 millones, con un aumento de 24,7% interanual. El salto estuvo explicado sobre todo por cantidades, que subieron 30,5% y marcaron un máximo histórico”. No obstante, aclara, el pico anual en dólares sigue siendo 2022, con US$81.522 millones, y el récord mensual, junio de 2022.Para la economista, hay que poner en contexto el crecimiento importador. “La Argentina hoy tiene una economía más grande y compleja, con cadenas productivas más largas, mayor integración al Mercosur y un comercio global mucho más intenso que en los 90”, explica. “Tampoco vemos una apertura irrestricta. Lo que hubo fue una desburocratización profunda del sistema. Pero siguen vigentes aranceles, impuestos, controles aduaneros, normas técnicas, sanitarias, certificaciones y mecanismos de defensa comercial”, opina.González Rouco coincide: “La Argentina sigue siendo uno de los países más cerrados del mundo, hay que tenerlo en cuenta. Se eliminó el delirio de las restricciones y hoy hay mayores posibilidades de importar bienes de capital y bienes finales. Eso genera tensión con un sector productivo que no está acostumbrado a competir con el mundo”.En el primer cuatrimestre de este año, las cantidades importadas cayeron 6,4% en la comparación interanual. Los bienes de consumo representan cerca del 16% del total y las importaciones vía courier motorizadas por plataformas como Temu y Shein explican solo el 1,2% a pesar de su crecimiento, aclara la especialista. Ahí, el impacto de la apertura golpea a sectores como indumentaria, calzado, electrodomésticos y artículos para el hogar.Dos datos privados representativos del nuevo panorama: en febrero, las im
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