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Es profesor de educación física, usa silla de ruedas y busca cambiar la forma de enseñar y entender la discapacidad
En sus primeros años como docente, cuando Emiliano entró por primera vez al aula uno de los alumnos se levantó y se fue. En la última clase, ese mismo alumno le confesó que ese día se había ido porque no podía creer que alguien en silla de ruedas pudiera ser profesor de educación física. —Yo creo que tuve el privilegio de poder cambiar, para algunas personas, lo que significa ser profesor de educación física —dice.Hoy, Emiliano da clases de grado y posgrado en la Universidad Nacional de Hurlingham. Es profesor de educación física y perspectivas en discapacidad. Está haciendo un doctorado y para su tesis investiga las trayectorias de docentes con discapacidad de todo el país.Antes de dar clases en la universidad, trabajó como profesor de educación en la escuela Nº2 Rumania, en el barrio Villa Real (CABA) y en la colonia de vacaciones del municipio de Morón.Emiliano nació con una discapacidad motriz: desde chico se mueve con bastones canadienses o con una silla de ruedas. Siempre trabajó mucho la movilidad. Iba a clases de natación, al gimnasio y trabajaba con kinesiólogos y terapistas ocupacionales.“Me di cuenta de que pasaba la mayor parte del tiempo en natación y en el gimnasio, y pensé: ‘Acá puede haber una oportunidad’”, cuenta. A los 22 años, se inscribió en la Universidad Nacional de La Matanza para estudiar la Licenciatura en Educación Física.Cuando quiso anotarse en las materias que le faltaban para obtener el título de profesor, la universidad se lo negó. No querían adaptar las materias prácticas que a Emiliano le tocaba cursar.Ahí inició un reclamo en la justicia que duró 17 años e incluyó dos procesos judiciales: el primero llegó a la Corte Suprema y admitió su derecho a continuar la formación docente mediante ajustes razonables, y el segundo reconoció los daños y perjuicios ocasionados, que la universidad debió reparar con una compensación económica.
Fuente: La Nación