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El debate sobre el agua potable: piden revisar una norma de la OMS vigente desde hace casi 70 años
Decenas de organizaciones internacionales de salud y medioambiente pidieron ayer a la Organización Mundial de la Salud (OMS) que revise los estándares vigentes desde hace décadas sobre la cantidad de nitratos considerada segura en el agua potable.En una carta abierta, 85 organizaciones, entre ellas Greenpeace Internacional y la Organización Mundial de Médicos de Familia (Wonca), solicitaron a la agencia sanitaria de Naciones Unidas que incluya los nitratos en la próxima revisión de sus directrices sobre calidad del agua.Los nitratos son compuestos que pueden llegar a las fuentes de agua por distintas vías, aunque una de las principales está vinculada con las actividades agrícolas, en especial el uso de fertilizantes sintéticos y la producción ganadera intensiva. Su presencia en el agua potable genera preocupación por sus posibles efectos sobre la salud, particularmente en niños y mujeres embarazadas.Sin embargo, los límites actuales de la OMS, que fijan una concentración máxima de 50 miligramos por litro de nitrato o 11,3 miligramos por litro de nitrógeno procedente de nitratos, datan de 1958 y están obsoletos, advirtieron las organizaciones.Ese umbral fue establecido principalmente para prevenir el llamado síndrome del bebé azul, un trastorno potencialmente mortal que reduce la capacidad de la sangre para transportar oxígeno.La carta sostiene que el límite no fue actualizado pese a la acumulación de evidencia epidemiológica que vincula la exposición crónica a bajas concentraciones de nitratos con riesgos para la salud a largo plazo. En particular, menciona su relación con el cáncer colorrectal y con resultados adversos durante el embarazo, como partos prematuros y bajo peso al nacer.En la Argentina, el límite máximo permitido es de 45 miligramos por litro, apenas por debajo del umbral fijado por la OMS. Los estudios sobre contaminación del agua por nitratos en el país son escasos. Uno de ellos, publicado en 2008 por la Asociación Argentina de Ecología, identificó concentraciones superiores a los valores permitidos.Otra investigación realizada por científicos del Conicet en 2013 concluyó que, en la cuenca Matanza-Riachuelo, los niveles no superaban los límites establecidos a nivel nacional.Los firmantes señalaron que estudios poblacionales de gran escala detectaron estos efectos en concentraciones significativamente inferiores al límite actual de la OMS. Como antecedente, mencionaron que Dinamarca anunció este año que reducirá sus límites nacionales de nitratos tras una revisión realizada por un panel independiente de expertos.En la Argentina, el artículo 982 del Código Alimentario Argentino establece un límite máximo de 45 miligramos de nitratos por litro de agua potable. La disposición, actualizada en 2023, regula tanto el agua de suministro público como la de uso domiciliario, incluida la proveniente de pozos. Para los nitritos, otro compuesto nitrogenado, el máximo permitido es de 0,10 miligramos por litro.“Los estudios relacionan ahora los nitratos presentes en el agua potable, incluso en niveles muy inferiores al límite actual de la OMS, con el cáncer de intestino y los partos prematuros”, afirmó en un comunicado conjunto el presidente de Wonca, Pratyush Kumar.La carta también advierte que cientos de millones de personas en todo el mundo están expuestas a concentraciones elevadas de nitratos en aguas superficiales. Según las organizaciones, el problema requiere medidas que vayan más allá del tratamiento del agua: eliminar estos contaminantes en las plantas potabilizadoras es costoso y demanda mucha energía, por lo que consideran necesario reducir su presencia desde el origen, mediante una menor utilización de fertilizantes sintéticos y cambios en los sistemas de producción ganadera intensiva.La carta fue difundida en coincidencia con el Día de Una Sola Salud, una jornada promovida por la OMS para destacar la interconexión entre la salud humana, animal, vegetal y la de los ecosistemas.“El agua debe dar vida, no ponerla en peligro”, afirmó Amanda Larsson, responsable global de proyectos de agricultura de Greenpeace.“No podemos proteger la salud humana sin proteger las aguas subterráneas y los ríos que nos sustentan”, añadió.
Fuente: La Nación