No tanto “sí, quiero”: por qué 2025 es considerado un hito en la historia de los matrimonios en la ciudad

Mariana Piazzese y Sebastián Blanco llevan 22 años juntos. Tienen dos hijos adolescentes, comparten una casa y atravesaron distintas etapas de la vida sin haberse casado. Durante los primeros años, sus familiares les preguntaban cuándo organizarían la boda, pero siempre aparecía otro proyecto que consideraban más importante. “Nos elegimos todos los días. Pasamos por momentos buenos, por crisis, por problemas económicos y por la llegada de nuestros hijos. Nunca sentimos que necesitáramos casarnos para demostrar que éramos una familia”, cuenta Mariana, de 46 años, a LA NACION.La historia de Mariana y Sebastián muestra una forma de construir una familia sin pasar por el Registro Civil. En la ciudad de Buenos Aires, durante 2025 se celebraron 9549 matrimonios, la cifra más baja del siglo XXI, con excepción de 2020, cuando las restricciones por la pandemia de Covid-19 interrumpieron la actividad registral. Son un 43% menos que en 2000 y equivalen a un promedio de 26,2 casamientos por día. En paralelo, las uniones civiles y convivenciales registradas ganaron terreno frente al matrimonio, mientras que la edad promedio de quienes se casan por primera vez aumentó casi siete años desde 2000.Los datos surgen del informe de resultados N°2068, Nupcialidad en la Ciudad de Buenos Aires. Año 2025, publicado por el Instituto de Estadística y Censos porteño (Idecba). La tasa bruta de nupcialidad pasó de 5,5 matrimonios por cada 1000 habitantes en 2000 a 3,1 en 2025. La caída fue sostenida durante las primeras dos décadas del siglo, tuvo una recuperación en 2021 y 2022, posiblemente por ceremonias postergadas durante la pandemia, y retomó su tendencia descendente desde 2023.Una mirada a las últimas décadas permite dimensionar las variaciones en la cantidad de casamientos en la ciudad de Buenos Aires. En 1980 se registraron 17.810 matrimonios y ocho años después, en 1988, se alcanzó el punto más alto de la serie, con 27.328 celebraciones. “Antes parecía que había que cumplir determinados pasos: ponerse de novio, casarse y después tener hijos. Nosotros hicimos nuestra propia historia, sin seguir ese orden. Y no sentimos que nos haya faltado nada”, explica Sebastián, de 48 años.



Desde el Idecba explicaron a LA NACION que el crecimiento de las uniones civiles y convivenciales registradas requiere una interpretación cuidadosa. A diferencia del matrimonio, la inscripción de una unión convivencial es optativa y tiene fines probatorios, por lo que las estadísticas solo reflejan una parte de las parejas que conviven. El aumento de estos registros puede responder a una mayor cantidad de parejas que eligen convivir sin casarse o a una mayor tendencia a formalizar la convivencia para acceder a protecciones legales. Con los datos disponibles, aclararon, no es posible determinar cuánto influye cada uno de esos factores.El organismo también destacó que la disminución de los matrimonios no se produjo de manera uniforme entre los distintos grupos etarios. Mientras que las tasas de nupcialidad retrocedieron entre los más jóvenes, a partir de los 40 años los valores registrados en 2025 superaron levemente los de 2000. Esta diferencia permite observar que, además de reducirse la cantidad de casamientos, se modificaron las edades en las que las personas deciden contraer matrimonio.Menos matrimonios, más uniones convivencialesUno de los cambios más pronunciados aparece al comparar los matrimonios heterosexuales con las uniones civiles y convivenciales registradas. En 2004 se contabilizaban 217 matrimonios por cada unión. En 2005, esa relación era de 131. Dos décadas después, en 2025, se redujo a 1,5 matrimonios por cada unión civil o convivencial heterosexual.Durante 2025 se registraron 6231 uniones civiles y convivenciales heterosexuales, frente a las 5843 de 2024. El máximo de la serie se había alcanzado en 2022, con 6392. Su crecimiento se aceleró desde 2017, posiblemente asociado con la regulación de las uniones convivenciales incorporada al Código Civil y Comercial de la Nación, vigente desde 2015.Pablo Ezequiel Feito, director general adjunto de la Dirección General Registro del Estado Civil y Capacidad de las Personas de la Ciudad, advierte a LA NACION que explicar esta transformación requiere un análisis que excede los registros administrativos. Sin embargo, plantea que las parejas podrían estar buscando “modalidades con menor formalidad que el matrimonio para confirmar su grupo familiar”.Feito explica que las uniones convivenciales permiten finalizar el vínculo sin recurrir a un juez para su disolución y que no establecen un régimen de bienes gananciales como el previsto para el matrimonio.Mariana considera que las prioridades económicas y personales también pueden influir en estas decisiones. “Hoy muchas parejas prefieren convivir, viajar, ahorrar o construir algo juntos antes que gastar plata en una boda. También hay menos presión social”, reflexiona.Carolina Méndez, de 26 años, y Andrés Navarro, de 30, se inclinaron por otra opción. Después de seis años en pareja, en 2025 reunieron a sus amigos más cercanos, compartieron una cena y se hicieron una promesa. No hubo sacerdote, juez de paz ni trámites ante el Registro Civil.“Sentimos que el compromiso no pasa por una firma ni por una ceremonia religiosa. Queríamos decirnos delante de nuestros amigos que elegíamos seguir juntos, acompañarnos y respetarnos. Para nosotros, eso tuvo muchísimo más valor que cualquier papel”, relata Carolina.



Andrés explica que buscaban compartir ese momento con quienes habían acompañado su historia, sin organizar una boda tradicional. “Hoy hay muchas parejas que hacen algo parecido. Algunos organizan una fiesta, otros se hacen una promesa en privado y otros simplemente deciden convivir. Estamos entendiendo que no existe una sola manera de comprometerse con alguien”, sostiene.No todas las parejas que prescinden de una ceremonia religiosa descartan el matrimonio. Lucía Marengo, de 31, y Martín Rodríguez, de 34, llevaban siete años juntos cuando, en septiembre de 2025, decidieron casarse por civil en Buenos Aires. Ya convivían, compartían gastos y proyectaban comprar una vivienda. Aunque ambos crecieron en familias católicas, optaron por una celebración sencilla con familiares y amigos, sin pasar por la Iglesia. Para ellos, la decisión tenía un significado emocional y legal, independientemente de la religión.Alejandro Adessi, que también se casó por civil en 2025, cuenta a LA NACION que eligió esa modalidad porque no es religioso. Quería formalizar el vínculo y contemplaba las posibilidades prácticas del matrimonio.Al analizar la disminución de los casamientos, plantea que podría existir una dificultad anterior a la decisión de formalizar una relación. “No sé si lo que sucede es que la gente elige no casarse, sino que, a veces, hay una crisis de vínculos previo a lo que sería llegar a consumar un matrimonio”, sostiene. Para Alejandro, mantener una relación también requiere dedicación: “Las relaciones son un trabajo; tienen muchas cosas lindas, pero también son un trabajo. Hay que tener vocación de construir el vínculo”.Edades para casarseAdemás de disminuir, los casamientos ocurren a edades cada vez más avanzadas. En 2025, los varones contrajeron su primer matrimonio a una edad promedio de 37,2 y las mujeres, de 35,6. En comparación con 2000, esas edades aumentaron 7,1 y 6,9 años, respectivamente.



El máximo de la serie se registró en 2023, con 38,3 entre los varones y 36,8 entre las mujeres. También cambió el grupo etario con mayores tasas de nupcialidad: en 2000 correspondía a las personas de entre 25 y 29, mientras que en 2025 pasó a quienes tenían entre 30 y 34. A partir de los 40, las tasas actuales superan las registradas a comienzos del siglo.En total, durante 2025 se casaron 19.098 personas. El 88,9% de las mujeres y el 85,9% de los varones se casaron por primera vez, proporciones que se mantuvieron relativamente estables durante los últimos 25 años.Por otra parte, el 19,7% de los matrimonios incluyó al menos a una persona divorciada o viuda. El indicador se mantiene alrededor del 20% desde 2000 y alcanzó su máximo en 2023, con el 23,6%.La edad de quienes formalizan una unión civil o convivencial heterosexual también resulta próxima a la del primer matrimonio. Entre las personas solteras que registraron una unión en 2025, el promedio fue de 36,5 años para los varones y 35,4 para las mujeres.El informe contabilizó, además, 547 matrimonios entre personas del mismo sexo, equivalentes al 5,7% del total. De ellos, 281 correspondieron a parejas de varones y 266 a parejas de mujeres.La sanción del matrimonio igualitario en 2010 modificó la composición de las uniones civiles. En 2005, cerca del 45% correspondía a parejas del mismo sexo. Después de la aprobación de la ley, su participación disminuyó y durante la última década se mantuvo alrededor del 6%.Qué ocurre con los divorciosLa reducción de los matrimonios no estuvo acompañada por un incremento de los divorcios. Durante 2025 se inscribieron 5351 divorcios vinculares en la ciudad de Buenos Aires, una cantidad que se mantiene estable desde 2023. La tasa bruta de divorcialidad pasó de 2 por cada 1000 habitantes en 2000 a 1,7 en 2025.El máximo del período se registró en 2017, con 8217 divorcios, posiblemente relacionado con la entrada en vigencia del Código Civil y Comercial en 2015, que simplificó el procedimiento y eliminó los plazos de espera. Feito señala que esas modificaciones también podrían haber influido en las inscripciones, aunque advierte que establecer sus causas requiere un análisis más amplio.La relación entre divorcios y matrimonios registrados en un mismo año pasó de 36 por cada 100 casamientos en 2000 a 56 en 2025. Sin embargo, el informe aclara que esto no significa que el 56% de los matrimonios termine en divorcio: se comparan hechos registrados durante un mismo período, no la evolución de las mismas parejas. El aumento de esa relación responde principalmente a la caída de los casamient

Fuente: La Nación