Una banda narco intentó traficar cocaína en figuras de resina, incluida una del presidente Milei con la motosierra

Las dos cajas de cartón habían sido despachadas en una sucursal de una empresa de logística y transporte internacional. Tenían como destino final la ciudad de Barcelona, en España. Pero nunca llegaron a salir del aeropuerto internacional de Ezeiza: un control preventivo del personal aduanero impidió que fueran subidas a un avión al descubrirse que las encomiendas atesoraban figuras de resina con las formas del presidente Javier Milei y su motosierra y del Obelisco; no eran simples piezas de adorno: contenían cocaína. El intento de tráfico de estupefacientes fue abortado a finales de julio pasado cuando el personal de la División Prevencional de Narcotráfico de la Dirección General de Aduanas (DGA) descubrió la cocaína camuflada en las cinco figuras de Milei y en las seis del Obelisco. Las artesanías y la cocaína, incluido el método de ocultamiento, pesaban 11,4 kilos. “Al identificarse en ambos envíos y en todas las artesanías la presencia de un peso excesivo, se procedió a realizar una perforación en cada una de ellas. Como consecuencia de ello, se detectó una sustancia pulverulenta blanca, la que, sometida a un reactivo específico de cocaína, arrojó resultado positivo en todos los casos. Al no ser posible separar la sustancia del método de ocultamiento, se procedió a asegurar las perforaciones con cinta adhesiva transparente a fin de evitar la pérdida de sustancia”, sostuvo el juez en lo penal económico Diego Amarante en la resolución donde procesó a los supuestos responsables detrás del intento de tráfico de estupefacientes. Se trata del mismo magistrado que procesó al presidente y al tesorero de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), Claudio “Chiqui” Tapia y al tesorero Pablo Toviggino, respectivamente, por apropiación de tributos. En el expediente, el Ministerio Público está representado por el fiscal Jorge Dahl Rocha. El remitente de las encomiendas, J. A. R., no era desconocido para el magistrado y para su equipo de colaboradores: era el mismo que en abril pasado había despachado una encomienda con destino a Croacia con tazas, platos, teteras y alhajeros en los que había ocultado cocaína. Ese paquete también fue interceptado antes de que saliera de la empresa de logística y transportes. A partir de tareas investigativas ordenadas por el juez Amarante se supo que otra encomienda, con cocaína camuflada en artesanías, despachada a finales de marzo pasado, había sido secuestrada en el aeropuerto de Leipzig, en Alemania, antes de que llegara a Croacia, su destino final.Para avanzar en la investigación, el juez Amarante ordenó una serie de medidas probatorias llevadas adelante por detectives de la División Narcotráfico Metropolitana de la DGA y de la División Operaciones Federales de la Policía Federal Argentina (PFA). Respecto de las figuras de resina con las formas de Milei, la motosierra y el Obelisco, el juez decidió hacer “una entrega vigilada en carácter de retorno” de las encomiendas. Y dispuso la sustitución de la cocaína por “una sustancia de similar peso y forma” y colocar “un sistema de seguimiento o de rastreo satelital (GPS) y/o de grabación de voz, de manera que el personal asignado a la tarea encomendada pudiera efectuar el seguimiento del envío, determinar su lugar de entrega y captar las conversaciones que pudiese entablar la persona que lo retirase o cualquier otra que interviniera en su tenencia, traslado y/o manipulación”.El 1 de septiembre pasado, el personal de la empresa de transporte se comunicó por WhatsApp con J. A. R. y le informó que la encomienda no había podido ser entregada en su destino. El cliente respondió que al día siguiente pasaría a retirar el paquete.Efectivamente, J. A. R. se presentó, acompañado de un conocido, en la sucursal donde había despachado la encomienda. No lo sabía, pero sus movimientos habían sido seguidos por personal que estaba apostado en las inmediaciones de la avenida Rivadavia al 2400, en el barrio porteño de Balvanera. En la estación Once del ferrocarril Sarmiento, J. A. R. y su acompañante subieron a un tren. Viajaron hasta Ituzaingó, donde tomaron un colectivo de la línea 395. Se dirigieron a una propiedad situada en Almagro al 2600, donde ingresaron con las llaves que tenía en su poder J. A. R., según se desprende del expediente judicial. Allí se hizo un allanamiento de urgencia donde fueron detenidos cinco sospechosos.“La organización habría tenido por objeto la comisión de una cantidad indeterminada de hechos de contrabando de exportación de sustancia estupefaciente —concretamente, cocaína— oculta de los controles aduaneros en envíos postales internacionales, con destino al continente europeo. La referida banda habría operado de esta forma desde fecha indeterminada, pero cuanto menos desde el 27 de marzo de 2026 y hasta el 2 de septiembre de 2026, fecha en la que se efectivizaron las detenciones”, sostuvo el magistrado en una resolución donde procesó con prisión preventiva a los sospechosos.Cuando fue indagado, J. A. R., el sospechoso que despachaba las encomiendas, sostuvo que “lo hizo en un momento de extrema necesidad” por una enfermedad que tenía su esposa. “Me daban una caja y yo tenía que enviarla con mis datos. La caja siempre estuvo cerrada. Me la dieron ahí a media cuadra de donde debía llevarla. Me pagaron 100.000 pesos por caja. Jamás pensé que era eso. Lo hice por necesidad. Nada más. Mi señora está postrada y necesito asistirla”, sostuvo J. A. R., según se desprende del expediente judicial al que tuvo acceso LA NACION.Finalmente, J. A. R. fue procesado con prisión preventiva y se le trabó un embargo sobre sus bienes hasta cubrir la suma de $1600 millones. Otros dos sospechosos corrieron la misma suerte y otros dos imputados recibieron la falta de mérito.“De las constancias incorporadas a las presentes actuaciones surge que los referidos envíos postales internacionales, que tenían por destino el exterior del país, contenían en su interior sustancia estupefaciente que había sido acondicionada y ocultada de manera tal que su verdadera naturaleza y contenido no pudieran ser advertidos mediante un control ordinario del servicio aduanero. No solo la cantidad de sustancia secuestrada excede ampliamente aquella que podría razonablemente vincularse a un eventual consumo personal, sino que también corresponde ponderar la modalidad escogida para su acondicionamiento y ocultamiento en el interior de encomiendas postales internacionales destinadas al exterior del país. Tales circunstancias, valoradas de manera conjunta, permiten sostener que la sustancia se encontraba destinada a su ulterior distribución o comercialización”, explicó el juez Amarante en la citada resolución.

Fuente: La Nación