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Menos productores salen a “pelear” por alquilar tierras y los más grandes proyectan crecer un 31%
Cada vez son menos los productores agropecuarios que salen a alquilar campos para ampliar sus negocios. En los últimos 16 años, la proporción de quienes arriendan tierras pasó del 80% al 57%, en un escenario en el que los productores más chicos prefieren invertir en actividades más intensivas dentro de sus propias explotaciones antes que competir por nuevas hectáreas. En cambio, los megaproductores proyectan aumentar un 31% la superficie que trabajan en los próximos cinco años. A esto se suman otros cambios: la soja pierde protagonismo frente al maíz y otros cultivos, aumenta la diversificación agrícola y la ganadería gana espacio entre las inversiones. Así lo revela una encuesta de la Universidad Austral a 842 productores agrícolas y agrícola-ganaderos de la región pampeana, que administran más de 1,5 millones de hectáreas.El resultado forma parte de la quinta edición de la Encuesta de Necesidades del Productor Agropecuario (ENPA 2025), elaborada por el Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral. El relevamiento, que se realiza periódicamente desde 2009, incluyó a productores de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos. Las entrevistas se hicieron entre mayo y septiembre de 2025 y los resultados se presentaron este martes en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA).Aunque cayó la proporción de productores que alquilan tierras, Bernardo Piazzardi, director del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, aclaró que el mercado de arrendamientos sigue muy activo. Según explicó, una parte de los productores más chicos dejó de buscar nuevas hectáreas para alquilar y ahora prefiere invertir en actividades más intensivas dentro de sus propios establecimientos, que les permitan crecer sin necesidad de trabajar más superficie.“Está cayendo la cantidad de productores que salen a pelear por campos de arrendamiento. Cuando hicimos la primera medición, ocho de cada 10 estaban como locos rompiéndose los cuernos buscando hectáreas para arrendar. Hoy solamente seis”, afirmó. Y agregó: “Los productores chicos dijeron: ‘Yo no quiero correr más esta carrera. Yo quiero invertir en mi propia explotación en algo intensivo’”.Las expectativas de crecimiento también varían según el tamaño de los establecimientos. Los megaproductores, que trabajan más de 10.000 hectáreas, proyectan ampliar su superficie un 31%, frente al 7% previsto en 2021. En cambio, entre los productores medianos, de 300 a 600 hectáreas, la expectativa bajó del 28% al 18%, mientras que entre los comerciales, de 600 a 1800 hectáreas, pasó del 29% al 18%.Metalfor, una de las empresas nacionales más relevantes del agro, pidió su concurso de acreedores“Esta gente chica a veces no va a crecer a futuro en superficie, pero va a crecer en capital intensivo en su propia explotación”, explicó Piazzardi.CultivosLa superficie destinada a soja aumentaría un 18% en los próximos cinco años, frente al 34% proyectado para el maíz y el sorgo. Para el trigo, la expansión prevista es del 28% y para la cebada, del 47%. La camelina y la carinata tienen una proyección de crecimiento del 124%, aunque parten de superficies reducidas. Son oleaginosas que pueden incorporarse a las rotaciones agrícolas y tienen demanda para producir biocombustibles.“La soja, que durante todos estos años fue uno de los principales generadores de divisas por exportaciones, es el cultivo en el que los productores menos piensan crecer a futuro”, afirmó Piazzardi. Según explicó, los cambios en los precios y los costos modificaron la rentabilidad de las distintas actividades. “Se alteraron todas las relaciones insumo-producto. Lo que antes eran fantásticos negocios ahora resultan menos atractivos y surgen nuevas oportunidades”, sostuvo.La diversificación agrícola también aumentó. En 2017, el 7% de los productores estaba muy diversificado, mientras que en 2025 esa proporción llegó al 27%. Para 2030, se proyecta un 30%. Se considera dentro de esta categoría a quienes producen cuatro o más cultivos y ninguno ocupa más del 40% de la superficie. En cambio, los productores con baja diversificación pasaron del 39% al 18% entre 2017 y 2025. “Se está dando lo que tendría que haber ocurrido hace 20 años: mayor rotación y mayor diversificación”, señaló Piazzardi.El 44% de los productores agrícolas encuestados también desarrolla alguna actividad ganadera, principalmente con bovinos para carne. Entre quienes tienen hacienda, el 40% proyecta invertir en más cabezas de ganado, el 37% en maquinaria, el 33% en paneles solares, el 29% en tierras y el 21% en instalaciones para engorde a corral.Piazzardi explicó que durante muchos años los productores agrícolas consideraban a las vacas una reserva de valor. “Tener un plantel de vacas era una especie de caja de ahorro por si se devaluaba algún día”, señaló. Sin embargo, esa visión comenzó a cambiar y la ganadería pasó a ocupar un lugar mayor en las decisiones de inversión.Entre todos los encuestados, el 27% planea invertir en maquinaria, el 26% en tierras, el 24% en paneles solares y otro 24% en cabezas de ganado. También figuran la conectividad, con el 16%, y la capacidad de almacenamiento, con el 13%.En cuanto a las inversiones realizadas durante los últimos cinco años, el 71% de los productores compró maquinaria, el 59% invirtió en conectividad, el 37% en capacidad de almacenamiento y el 34% en paneles solares, mientras que el 27% adquirió tierras. Para Piazzardi, parte de estas decisiones está relacionada con las necesidades de la ganadería.El relevamiento también indica que la edad promedio de los productores es de 47 años, el 50% tiene un alto nivel educativo y el 35% participa activamente en redes de productores. Piazzardi explicó que los productores argentinos tienen un perfil más analítico a la hora de tomar decisiones y marcó una diferencia con sus pares estadounidenses. Según su interpretación, mientras que los argentinos tienden a evaluar datos, comparar alternativas y analizar los números antes de realizar una inversión, los estadounidenses se apoyan más en la experiencia y la intuición.
Fuente: La Nación