En 2015, cuando a Gisela Patrocinio le tocó coordinar un proyecto sobre mujeres rurales desde una escuela del partido bonaerense de Magdalena, salió a preguntar por la situación de trabajo de cada una de ellas. De las 63 mujeres encuestadas, solo cuatro tenían aportes, y venían del servicio doméstico, de limpiar el chalet o la casa del patrón. Entre las demás había mujeres que se ocupaban de la ganadería y de otras producciones. En esos casos la ley estaba ausente.
“Todas trabajaban, pero solamente cuatro tenían aportes”, cuenta Gisela. Esa encuesta local le puso números a algo que veía en su territorio.
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Patrocinio se crió en la ciudad de Magdalena y adoptó la identidad de mujer rural cuando empezó a trabajar como profesora en el Centro Educativo para la Producción Total 29, en Roberto Payró. Por la escuela pasan chicos de Magdalena, pero también de Punta Indio, Castelli, Lezama y Chascomús. Desde allí impulsaron, entre otras iniciativas, proyectos para que las mujeres que producen plantas y plantines encontraran una salida laboral.
En Mar del Plata, donde Bichos de Campo la entrevistó, Gisela fue una de las organizadoras del Foro Internacional de Género y Ruralidad, donde la Asociación Civil Mujeres de la Ruralidad Argentina celebraba además la quinta entrega de los premios Lía Encalada. Gisela es una de las fundadoras de ese movimiento que instaló la problemática de genero en la agenda agropecuaria.
Mirá la entrevista:
¿Cómo nació el asunto? Corría 2020 y la pandemia había alterado la vida de los pueblos de una manera distinta a la de las ciudades. Cuando empezaron a funcionar los vacunatorios, recuerda Gisela, muchas mujeres se ocuparon de difundir las campañas. Eran también las que sostenían cooperadoras escolares y organizaban fiestas criollas y festejos para los chicos. Al mismo tiempo, algunas producían y otras trabajaban como docentes, enfermeras, bomberas o investigadoras.
En ese momento, varias de ellas sintieron que ni las grandes organizaciones del campo ni las instituciones de sus propios pueblos las representaban como querían. “Pusimos manos a la obra para construir nuestra propia organización”. El grupo que empezó a reunirse durante la pandemia tomó forma de asociación civil en 2022.
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En el foro de Mar del Plata se escuchó muchas veces la palabra “visibilizar”. Gisela le pone un ejemplo bien concreto. En un centro tradicionalista, las mujeres pueden estar a cargo del desfile y de la jineteada y, aun así, ser pocas en la comisión que decide qué se hace. Lo mismo, dice, pasa en sociedades rurales y de fomento.
“Una cosa es que nos sumemos a hacer empanadas, sin desmerecer la actividad, y otra cosa es tomar decisiones en espacios de poder”, dice.
“Venimos de vivir con una infinidad de derechos negados porque muchas veces ni los reconocemos como derechos”, cuenta Gisela Patrocinio, que se siente feliz coordinando un grupo de Mujeres Rurales
La diferencia se nota también puertas adentro de los establecimientos, donde las mujeres trabajan a la par de los varones. Gisela discute incluso esa manera de decirlo. A la jornada productiva, suelen sumarse el trabajo doméstico, las tareas de cuidado y las responsabilidades en las instituciones del pueblo.
Los premios llevan el nombre de Lía Encalada, la primera ingeniera agrónoma que se recibió en la Argentina y una pionera que impulsó proyectos en su región. Cualquier persona puede presentar una candidatura, viva o no en el campo. La entrega se hace junto al foro, donde las conversaciones pasan del trabajo sin remunerar y la informalidad al cambio climático y al valor que se agrega en los territorios.
Agro & Campo
La docente Gisela Patrocinio recuerda que encuestó a 63 mujeres rurales y solo cuatro tenían aportes: Años después, ayudó a fundar una asociación para “visibilizar” estas injusticias
Fuente: Bichos de Campo