A punto de cumplir 90 años, Bernardo Kuchen recuerda que estuvo a los 15 en el primer remate de la cooperativa Guillermo Lehmann: Si permaneció allí 75 años fue por los valores solidarios de ese tipo de organizaciones
Se dice que las instituciones trascienden a las personas, pero esta vez es al revés. Este inusual ejemplo se vio este viernes en la tribuna del remate por el 75° aniversario de la Cooperativa Guillermo Lehmann, cuya sede central está en Pilar, Santa Fe.. Vestido para la ocasión, acompañado por su he...
Vestido para la ocasión, acompañado por su hermano y por su empleado en el tambo desde hace 15 años, ahí estaba Bernardo Segundo Kuchen.
“Me faltan 28 días para cumplir los 90 años. Soy productor agropecuario, tengo un tambo de 100 hectáreas en la zona de San Carlos Norte. Soy asociado a la Cooperativa Guillermo Lehmann de hace muchos años. Estuve en el primer remate que la cooperativa hizo”, dice orgulloso, porque nunca le habían hecho una nota periodística. Sin embargo, la naturalidad en todo lo que quería contar lo hizo un gran entrevistado.
En efecto, cuando tenía unos 15 años estuvo en el primer remate que hizo La Lehmann en su historia. “Fui con mi papá a un lugar muy precario, no tenían la sede que tienen ahora, sino que estaba a una cuadra de la plaza, al lado de un local que no recuerdo bien el nombre, ahí funcionaban las oficinas de la cooperativa”.
Como socios desde el comienzo, convencido del valor cooperativo y de trabajar siempre junto a otros productores, Bernardo cuenta que desde aquel inicio de la cooperativa “se trabajaba bien, se cumplía, no teníamos ninguna clase de problema y si alguna vez necesitábamos alguna cosa extra, siempre fuimos favorecidos, en el sentido que otras instituciones no nos daban las condiciones y el bienestar que teníamos acá”.
Al comienzo los Kuchen tenían el campo en la propia localidad de Pilar, en el centro santafesino y en el departamento Las Colonias. Estaba exactamente a unas pocas cuadras de donde la feria y el acopio central de la cooperativa se erigen hoy al ingreso del pueblo. Pero lo terminaron cambiando con otro socio de la institución. El nuevo establecimiento, que todavía trabajan, queda a pocos kilómetros sobre la Autovía de la Ruta Nacional 19.
“Desde siempre se trabajó bien, la cooperativa se fue agrandando y hoy es una potencia. Está trabajando muy bien y seguimos acá nosotros, como siempre. Toda la vida trabajamos acá. Con mi papá traíamos la hacienda y la rematábamos. Nos han dado las posibilidades de comprar, vender y nos han atendido muy bien”, comenta el veterano productor.
Después del remate donde su hermano vendió algunos lotes, Bernardo se animó a dar algunas sugerencias a los productores jóvenes. “Es cuestión de trabajar, tener confianza con la gente con la que uno está trabajando y haciendo las cosas bien, nada más hacer las cosas bien como corresponde y después se cosechan los resultados y el bienestar de la familia”.
Además cree que “no hay que ir para atrás, siempre hay que estar creciendo un poco, sin aprovecharnos de la gente que uno tiene a su cargo”.
Su motivación para seguir adelante y proyectando el futuro es porque “toda mi vida estuvo relacionada al campo y a pesar de todo, siempre fuimos creciendo”.
Existe entre los socios de las cooperativas una convicción que no se da en otro tipo de empresas o de asociaciones: Ser parte y sentirse como engranajes de una maquinaria de vínculos es el diferencial.
Según Gonzalo Turri, histórico directivo de la Lehmann, “la cooperativa es una construcción colectiva de muchas personas. Todo lo que se hace en la organización se hace en equipo. Creo que hay una característica que nos define, la vocación de evolucionar”.
El director ejecutivo de la institución se refiere a que ese fue el recorrido que la entidad que se inició hace 75 años. En la Lehmann primero fueron consignatarios, luego también acopiadores y comercializadores de granos, evolucionaron a la industrialización de alimentos balanceados para bovinos, luego para perros y gatos, incorporaron como servicio el suministro de insumos. Más adelante siguieron los procesos de digitalización y, recientemente, la dimensión ambiental.
“Buscamos ser una organización integral, que genere triple impacto positivo, económico, social y ambiental. La excelencia nunca se alcanza, pero la convicción es que siempre tenemos que estar mejorando”, dice Turri.
La ayuda mutua y el trabajo conjunto genera varias razones para la pertenencia. “En la cooperativa siempre hay un rostro con el cual poder llegar a un entendimiento”. Por lo tanto siempre se tiende a “generar oportunidades para hacer los mejores negocios al productor agropecuario, no sólo en la dimensión económica y comercial, sino también ayudando a medir huellas ambientales para que cada empresa construya licencia social, sea más atractiva para sus colaboradores, para su familia, para los talentos que la componen y para la comunidad”.
El desafío para este tipo de organizaciones es conservar a sus piezas fundamentales, a los socios, para “demostrar que esto que decimos en palabras y proponemos somos capaces de traducirlo en hechos”.