Cuando José Luis Carassai decidió iniciar su propio camino en la actividad láctea, en 1989, difícilmente imaginaba que aquel emprendimiento que comenzó procesando apenas 400 litros diarios llegaría a dónde está hoy su empresa, Lácteos Las Tres.
“Yo venía de una empresa familiar con mis padres, mis hermanos y otros socios. Mi viejo era mecánico, nada que ver con esto. En algunos momentos había estado relacionado con actividades comerciales y de ahí adquirí algunos conocimientos. Todo eso se desarmó y me tuve que arreglar solo. Probé con otras cosas que no funcionaron y finalmente arranqué con esto”, cuenta José Luis.
Por aquellos años, no había internet, la tecnología aplicada al sector era escasa y los sistemas productivos eran mucho menos eficientes. La planta funcionaba ya en el mismo predio actual ubicado sobre la Ruta 9, entre Villa María y Tío Pujio, mientras que gran parte de la administración se manejaba desde la propia casa familiar. “Había que salir adelante”, recuerda Mónica, su esposa.
En 1993, José Luis viajó a Buenos Aires para comprar la primera máquina envasadora. “Vendíamos el queso desnudo, con fécula, papel vegetal y listo. Vi una máquina en una exposición y decidí comprarla”, coincidiendo eso con la llegada de la tercera hija.
El nombre “Las Tres” surgió porque en aquel momento, José Luis y Mónica eran padres de tres hijas y la elección resultó natural. “José Ignacio todavía no había nacido”, aclaran para evitar susceptibilidades.
La empresa fue creciendo lentamente. José Luis experimentó con distintos productos y buscó abrir mercados en un contexto donde las oportunidades no siempre eran buenos negocios.
“Probé con especialidades. Empezamos a hacer quesos hilados a mano. Nos iba muy bien en reconocimiento, muchas caricias para el alma, pero económicamente no movían la aguja”.
La búsqueda permanente de oportunidades llevó a la empresa a expandirse. “Pusimos distribución en Mar del Plata. El mercado era enorme porque era toda la costa. Llegaba diciembre y no alcanzaba la producción para cubrir la demanda hasta febrero o marzo. Incluso hubo momentos en los que tuvimos que comprar productos para poder atender el mercado”.
Aquella expansión impulsó una escala productiva mucho mayor. “Habíamos alquilado otra planta y producíamos mucho más. Fueron años de mucho crecimiento”.
Con el tiempo llegaron los negocios con las grandes cadenas comerciales, primero supermercados regionales y luego el desembarco en Disco, que cambió la estructura por tener que contar con personal dentro de los centros de distribución y en las bocas de expendio. Cuando Jumbo desembarca en esa cadena modificó por completo el escenario.
“Los compradores pasaron a estar en Buenos Aires. Viajé varias veces tratando de sostener la relación comercial, pero llegó un momento en que les dije que no podía seguir perdiendo tiempo. Tenía productores, empleados y clientes esperándome todos los días. Entonces decidí retirarme”.
La firma reorientó su estrategia. Mendoza se transformó en una plaza importante, con una constancia comercial que continúa vigente después de más de dos décadas. “Pasamos momentos difíciles. Hubo problemas comerciales, problemas financieros, situaciones complicadas. Pero seguimos adelante”.
La consolidación de la empresa coincidió con la incorporación gradual de la segunda generación. Cada integrante de la familia fue encontrando un lugar específico dentro del proyecto. Sofía asumió tareas administrativas junto a Mónica. José Ignacio, el más chico de los hijos, se concentró en la producción y la comercialización. María José encontró su espacio en las catas de queso y las actividades vinculadas al turismo. Victoria quedó al frente de uno de los desarrollos más importantes de los últimos años, el tambo propio.
“Solos no haríamos todo esto”, resume Mónica. “Ni ellos solos ni nosotros solos. Es un trabajo compartido”.
La incorporación del tambo marcó otro punto de inflexión. La oportunidad apareció hace siete años cuando un vecino decidió vender su establecimiento. “Era un productor que se estaba haciendo grande, había quedado solo y decidió vender. Entonces pensé en Victoria porque es técnica agrícola ganadera y tiene pasión por los animales”.
Actualmente, el tambo produce unos 9.000 litros diarios y existe un plan de expansión que contempla superar los 12.000 litros en el corto plazo y acercarse a los 15.000 litros más adelante.
“Hemos ampliado instalaciones, salas de ordeño y realizado muchas mejoras. Todo el rodeo se maneja con inseminación. No incorporamos hacienda de afuera”, detalla José Ignacio.
Como un padre orgulloso, José Luis cuenta que ella “es la primera mujer de la zona que está a cargo de un tambo. Le encanta la salud animal. Es muy exigente. Si ve algo que no le gusta, lo cambia. Está permanentemente encima de las vacas y disfruta lo que hace”.
La integración entre producción primaria e industria, es importante para la familia. “Ayuda tener leche propia, aunque manejamos el tambo y la fábrica como unidades separadas. Permite empezar a pensar en otro tipo de producciones y en determinados estándares de calidad”, afirma José Ignacio.
Actualmente Las Tres recibe unos 80 mil litros diarios de leche y procesa por encima de los 100.000 litros por jornada laboral durante la semana. Elaboran unas diez variedades propias distribuidas entre quesos blandos, semiduros, duros, hilados y ricota. Completan su catálogo con productos elaborados por otras pequeñas industrias especializadas, como queso azul, camembert, brie, manteca y algunas especialidades de leche de cabra.
“Todos los productos especiales que incorporamos son elaborados por otras pymes. Nos complementamos. Es una manera de que todos crezcamos”, siendo una de las características fundamentales de la cuenca de Villa María.
El supermercadismo sigue siendo clave, trabajando con marcas propias y afrontando una “competencia fuerte y permanente”. Sin embargo “como pyme tenemos que diferenciarnos constantemente. Nuestra base es el servicio, atender al cliente, responder rápido y cumplir. Tenemos transporte propio y eso nos permite estar presentes cuando nos necesitan”, a lo que suman una fuerte defensa del producto tradicional.
“Hoy mantener un producto noble se transformó en un diferencial. Nosotros hacemos quesos 100% leche y con receta tradicional. Nosotros preferimos seguir haciendo un queso auténtico. Hacemos lo básico y bien”, refuerza José Ignacio.
Durante los últimos cuatro años, María José fue encontrando un espacio propio que terminó modificando la relación de la firma con la comunidad, ya que como también fromagelier ”comenzó a desarrollar experiencias orientadas a enseñar sobre quesos, maridajes, procesos productivos y atributos diferenciales de cada variedad, en catas para diferentes públicos”, que se hacen en un espacio especial.
Las Tres tiene en su iniciativa la complementariedad. Por eso participan de la generación de menúes regionales, cajas corporativas con diversidad de productos, con una mirada que no sólo termina en el horizonte lechero.
Para ellos, “exportar es un desafío enorme. Conseguir un mercado es difícil. Mantenerlo es todavía más difícil. Hay que ser competitivo, sostener volúmenes y acompañar permanentemente a los clientes”. De allí que la prioridad sigue estando en seguir consolidando el crecimiento sobre bases sólidas.
Ya son casi cuatro décadas de una construcción concreta de calidad, identidad territorial y vínculos, que como lo resume Mónica con una sonrisa, “lo hacemos entre todos, esa es la verdadera fuerza”.
Agro & Campo
Detrás de Lácteos Las Tres hay una bella historia de familia y arraigo en Villa María: “Preferimos seguir haciendo un queso auténtico. Hacemos lo básico y bien”
Fuente: Bichos de Campo