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Tratamientos y cirugías: ¿qué se hacen los argentinos?
Desde su introducción, a mediados de la década de 1960, los implantes mamarios fueron protagonistas indiscutibles de la conversación pública en torno a las cirugías estéticas. Al día de hoy siguen siendo el procedimiento quirúrgico con fines estéticos más realizado en la Argentina: solo en 2025 se realizaron 40.117 cirugías para colocar esos implantes. Sin embargo, el más reciente informe de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS) marca cierto cambio de tendencia a nivel global. Revela no solo una ligera reducción de su uso (-2,2%) sino un significativo incremento de las mastopexias (+48%): cirugías que se emplean para levantar el busto cuando se retiran dichos implantes o para mejorar la forma, la posición y las proporciones de las mamas sin aumentar su tamaño.“Resulta particularmente llamativo el crecimiento de las mastopexias, mientras que los aumentos mamarios disminuyeron ligeramente a nivel mundial. Esto puede interpretarse como una evolución en los objetivos de las pacientes”, comentó el cirujano plástico Luis Mastronardi, presidente de la Sociedad de Cirugía Plástica de Buenos Aires. Su colega, Sergio Korzin, secretario nacional de Isaps, destacó que en la Argentina el aumento de las consultas en torno a estos procedimientos se da en mujeres mayores de 55 años.“Hay una clara tendencia a que, a medida que la mujer envejece, ya tuvo sus hijos y pasó el tiempo, no quiere implantes mamarios grandes –advirtió Korzín, expresidente Sociedad de Cirugía Plástica de Buenos Aires–. Además, todos sabemos que un implante implica que en algún momento, en promedio después de los diez años, se necesitará un cambio. A una chica de 20 años eso no le produce ningún problema, pero una mujer de 60 años piensa: “¿Me pongo unos implantes ahora si dentro de diez años me los tengo que cambiar?”. Entonces, hay una gran tendencia a retirarlos, lo cual implica, también, tomar decisiones. A veces simplemente se pueden sacar y nada más. Son las menos, porque queda el espacio redundante y las mamas quedan caídas. Entonces, en ese caso, lo más habitual es retirar el implante y hacer una mastopexia, que significa reducir la piel redundante y levantar la mama”.El cirujano plástico Gustavo Abrile, secretario del Panel de Directores de la Isaps, señaló otros factores detrás de este cambio de tendencia: “A veces se suman factores como no realizar actividad física o no mantenerse en un peso ideal, lo que hace que las mamas se tornen más adiposas y el implante pase a ser una molestia. Estamos hablando de mujeres mayores de 65 años, en un contexto en el cual la expectativa de vida es de 85 como base. Pero, independientemente de eso, también hay una tendencia a que la mujer mayor, que en su momento tuvo un aumento mamario, al llegar a una edad determinada decida reducir el tamaño de los implantes o incluso retirárselos. La sensación es que los implantes ya han cumplido su ciclo”.Mastronardi aclaró que la mastopexia es una cirugía que permite elevar y remodelar las mamas, y que puede realizarse con o sin implantes, dependiendo de las características anatómicas y de las expectativas de cada paciente. “Más que una sustitución de una técnica por otra, estamos observando una mayor individualización de los tratamientos”, agregó.Números que marcan tendenciaLa Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS) reúne a más de 17.000 cirujanos plásticos de todo el mundo y su reporte anual permite determinar cuáles son los procedimientos en alza y, como contrapartida, cuáles están en baja. En su último reporte analiza los 17.883.610 procedimientos quirúrgicos y los 17.320.420 procedimientos no quirúrgicos informados por los cirujanos durante 2025, en los cuales se vislumbran varias tendencias.La más clara es un descenso del 8,7% del número de procedimientos estéticos realizados a nivel global, retroceso que se verifica más notoriamente entre los no quirúrgicos (-15,7%) que en los quirúrgicos (-0,4%). Esta es una tendencia de la que, como se cuenta más adelante, la Argentina escapa. Pero, ¿cuáles han sido los tratamientos más populares en 2025? Entre los que no requieren una cirugía de por medio pican en punta el uso de la toxina botulínica (7.333.647), del ácido hialurónico (4.737.957) y el tensado de la piel de forma no quirúrgica (1.528.552); mientras que entre los quirúrgicos el podio se conforma por la cirugía de párpados o blefaroplastía (2.457.677), la liposucción (1.849.828) y el implante de mamas (1.622.639).A contracorriente del descenso global en materia de procedimientos estéticos, en la Argentina se reportó un aumento significativo de los mismos, ya que se pasó de un total de 435.936 realizados en 2024 a 549.047 en 2025 (que se reparten bastante equitativamente entre quirúrgicos, 266.789, y no quirúrgicos, 282.258). “El informe de ISAPS muestra que las tendencias no son uniformes en todos los países –comentó Mastronardi–. Mientras que a nivel mundial se registró una ligera disminución de las intervenciones quirúrgicas, en la Argentina se estimaron 549.047 procedimientos estéticos, lo que representa un incremento del 25,9%”.Detrás de esta suba Mastronardi señaló posibles explicaciones: “La Argentina tiene una tradición muy importante en cirugía plástica, con profesionales altamente capacitados y una población que históricamente ha mostrado interés por los tratamientos estéticos. También creo que existe una evolución en la forma en que los pacientes se acercan a nuestra especialidad. Hoy llegan más informados, conocen las alternativas disponibles y buscan soluciones específicas para aquello que desean mejorar”.¿Cuáles fueron los procedimientos que más crecieron en la Argentina? “Se destacan las mastopexias, con un aumento del 73,9%; las blefaroplastías, con un 41,3%; y las rinoplastías, con un 39,6%. Estos datos muestran que en la Argentina sigue creciendo el interés tanto por las cirugías de rejuvenecimiento facial como por aquellas destinadas a mejorar la forma y las proporciones del cuerpo”.Rejuvenecer la miradaOtra de las grandes tendencias que reafirma el último reporte de la Isaps convoca a mujeres y varones en torno a la búsqueda de una mirada más joven (o “más fresca”, como suele decirse). La cirugía de párpados o blefaroplastía es por segundo año consecutivo el procedimiento quirúrgico más demandado a nivel global, con 2.457.677 cirugías realizadas en 2025, lo que implica un crecimiento del 16,2% en un año (2024-2025) y del 69,9% si se contempla un periodo mayor (2021-2025).“Hay algo que me parece fundamental destacar y es que la mirada es mucho más que una cuestión estética –afirmó Mastronardi–. Es una de nuestras principales herramientas de comunicación y expresión. A través de los ojos transmitimos emociones, estados de ánimo y gran parte de nuestra personalidad. Por eso, pequeños cambios en los párpados pueden tener un impacto muy significativo en la expresión de una persona. Muchas veces recibimos pacientes que nos dicen que se ven cansados, tristes o enojados, aunque no se sientan así. Lo que buscan no es tener otra mirada, sino recuperar la expresión con la que realmente se identifican”.Y agregó: “Creo que la creciente popularidad de la blefaroplastía también responde a una evolución en nuestra forma de entender el rejuvenecimiento facial. Hoy no buscamos simplemente quitar piel o eliminar bolsas, sino comprender la anatomía, preservar las estructuras y lograr resultados naturales que respeten la identidad de cada paciente. En definitiva, el objetivo de una buena blefaroplastía no es cambiar una mirada, sino permitir que vuelva a expresar lo que la persona realmente siente.”Abrile, por su parte, opinó: “Hay una realidad y es que el mundo moderno está acercándose cada vez más a los procedimientos que son más mini-invasivos, en los que el foco no está puesto solo la apariencia física sino facial. Por eso no es casual que los procedimientos que involucran el área periorbitaria se mantengan en la cima de los rankings”.Rostros y cuerpos OzempicDe los distintos fenómenos sociales que se verifican en los cambios en la demanda de quienes se acercan al consultorio del especialista en cirugía y medicina estética, uno de los más notorios es que el que surge de la masificación del uso de los medicamentos para bajar de peso que conforman la familia de los agonistas del receptor del GLP-1, y cuyos exponentes comerciales más populares son Ozempic y Wegovy.Estas drogas han demostrado ser muy efectivas para neutralizar el apetito de quienes las toman, lo que se traduce en notables y consistentes descensos de peso. Sin embargo, muchos de quienes las usan no quedan conformes con la imagen que les devuelve el peso: los rostros demacrados, como “chupados”, que resultan de esos descensos de peso tienen el paradójico efecto de que los pacientes buscan, a continuación, recuperar parte del volumen perdido. Lo mismo ocurre con su nueva imagen corporal.“Los efectos de estos medicamentos se observan en el rostro, pero incluso son mucho más notorios en el cuerpo –aseguró Korzín–. El descenso masivo de peso asociado al uso de estos medicamentos genera trastornos en la calidad de la piel, causando flaccidez de modo similar a lo que ocurre en el postoperatorio de una cirugía bariátrica [que se emplean como último recurso en personas con obesidad]. Es por eso que ha aumentado muchísimo la cirugía del contorno corporal para tratar el excedente de piel. Y algo similar ocurre con la cara: esa flaccidez se trata con procedimientos como el lifting o con el uso de rellenos, que permiten recuperar la deflación que producen estos medicamentos.”Su colega Abrile comparte la percepción: “Hoy hay una gran demanda de las cirugías del contorno corporal, como resultado no solo de las cirugías bariátricas sino también de los tratamientos con los agonistas de GLP1, que si bien originalmente se desarrollaron para el tratamiento de la diabetes indudablemente producen un descenso de peso. Y esta es una demanda que va a seguir creciendo cada vez má
Fuente: La Nación