Deportes
Francisco Cáffaro tuvo una vida universitaria en Estados Unidos, volvió al país y fue el MVP de la Liga Nacional
El santafesino de 26 años recibió el premio al mejor jugador de básquetbol de la temporada
“Estoy súper agradecido de esos lugares de excelencia donde crecés dentro y fuera de la cancha”. Para Francisco Cáffaro el camino deportivo fue diferente que para el común de los jóvenes en la Argentina. Creció en un pueblo de Santa Fe y no le gustaban los deportes: “Jugué al tenis, probé otros, pero ninguno me gustaba”. Sin embargo, su hermano mayor lo anotó en un programa de básquetbol y por un par de zapatillas, se entusiasmó. Empezó a vivir otras experiencias dentro del básquet. Formó parte de las selecciones nacionales juveniles y lo llevaron a tener ganas de salir del cascarón. La ansiedad se apoderó de él, pero gracias a la NBA, inmigró a Australia. Todo avanzaba para el pivote de 2,16 metros y una beca le permitió viajar a Estados Unidos para ir a la Universidad a estudiar y a jugar. Desde lo académico, finalizó una carrera de grado y dos masters. Desde lo deportivo, pudo jugar, pero algunas lesiones no le permitieron hacerlo como le hubiera gustado. Cuando le llegó la hora de pasar al profesionalismo inició su ruta en España y en su segundo año la falta de continuidad le llevó a tomar la decisión de regresar al país. Apareció Boca en su vida. “Mi hermano me hizo hincha. Sabía a qué club venía a jugar”. En el cuadro xeneize se convirtió en un jugador muy importante y el último miércoles fue premiado como el jugador más valioso (MVP) de la Liga Nacional. Quiere mucho más. Este sábado empiezan la semifinal al mejor de cinco partidos contra Quimsa y quiere ser campeón en azul y oro. Con 26 años, sueña con alcanzar varios objetivos. Francisco Cáffaro nació en Piemonte, un pueblo de la provincia de Santa Fe, el 19 de mayo del año 2000. A sus dos años con toda su familia, se fueron a vivir a El Trébol, a menos de 30 kilómetros de su lugar natal. Al principio, no le gustaban los deportes y sus padres tampoco le insistieron mucho para que los practique: “Traté de jugar al básquet y no me gustaba. Nunca fui mucho del deporte en general. Jugué al tenis, probé todos los deportes, ninguno me gustaba”. Sin embargo, a los 13 años, Agustín su hermano mayor, lo anotó en un programa que tenía la Confederación Argentina de Básquet, llamado “Plan altura”. La misión era buscar jugadores altos para desarrollarlos y hubo un motivo por el que todo cambió. “Llegué sin idea de nada. Ni ropa de básquet tenía. Ahí me dieron un poco de pilcha y unas zapatillas azules, metálicas y como me gustaron dije ‘bueno, tengo que empezar a jugar o intentar que me guste’.El camino en el básquet avanzó y de a poco se transformó en su estilo de vida. Aparecieron en sus caminos las selecciones juveniles de la Argentina y el privilegio de disputar muchos torneos con la camiseta blanca y celeste. Con estos cambios, su idea cambió: “Yo quería irme de El Trébol. Quería dar un paso adelante y perseguir mi sueño de jugar de manera profesional”, reveló. En el radar de sus deseos aparecía Europa, pero por lo bajo, se empezaba a hablar de las Academias de la NBA, pero nada de eso avanzaba. Mientras tanto, Cáffaro sentía la ansiedad de irse. “Estaba con broca porque no se daba mi salida”. Finalmente, el proyecto se formó y al jugador se le presentó una gran posibilidad en su carrera. “Me fui para Australia y fui el primer atleta en irme a las academias de la NBA junto a un compañero de India.”. Su crecimiento en el deporte le abrió más puertas y de inmediato se le presentó una chance inigualable: arribar al básquetbol universitario como deportista becado. “Yo sabía que ese era mi próximo paso. Antes era diferente el tema de reclutamiento en las universidades. Hice visitas oficiales a algunas Universidades, que te permitían cinco. Fui a Saint Mary’s, a Nebraska, a Pittsburgh y a Georgia Tech. A Francisco sólo le faltaba una visita y la guardó por si salía como una de las mejores opciones académicas y deportivas. Una vez que finalizó un torneo con la selección argentina, fue a Virginia y se sintió a gusto. Me encantó la idea y todo de ahí. En el momento me di cuenta que quería ir a Virginia, que es una de las universidades más prestigiosas de los Estados Unidos. Su vida académica fue muy aprovechada por Francisco Cáffaro. Estuvo cinco años en Virginia y los primeros cuatro hizo un Bachelor of arts (título universitario de grado o licenciatura que es otorgado principalmente en países anglosajones y el sistema internacional) en comercio y cultura global y español y logró recibirse, pero todo continuó: “En mi quinto año hice un Master en Liderazgo educacional y en mi sexto año, que fue en la Universidad de Santa Clara hice otro Master, que fue de Educación psicológica”. La idea del basquetbolista es continuar con el estudio, sin embargo, como terminó hace poco su paso por la universidad, en estos momentos elige disfrutar más del tiempo libre. “Estuve pensando en meterme en un programa para poder estudiar Corredor inmobiliario y martillero público, algo que me interesa y que también hicieron mis hermanos”.La vida universitaria fue todo un desafío para el pivot de Boca y contó cómo es vivir en los dormitorios universitarios. “El primer año estás obligado a vivir ahí. Son todos iguales: de a dos, con una cama de cada lado y un escritorio con tu ropero. No había cocina porque comes en el comedor de la universidad. Del otro lado estaban los baños con duchas, que era todo compartido”. Su paso deportivo fue descripto como “una experiencia única”. Sin embargo, le hubiese gustado que fuese distinto debido a las varias lesiones por las que debió atravesar y no le permitieron llevar cabo una continuidad con el básquetbol. “El primer año me operé la rodilla izquierda y estuve nueve meses sin poder entrenar. Después me dieron un golpe en el cuádriceps derecho y tuve un síndrome compartimental, que es básicamente un derrame interno por una ruptura, me tuvieron que operar y estuve tres meses afuera. El tercer año me lesioné los meniscos”. Fueron tres años muy duros para Cáffaro. Jugó poco y en su cabeza pesaba mucho no tener actividad. Incluso, llegó a pensar en la decisión de dejar el básquet. Sin embargo, sus padres, sus hermanos y mucha gente que él sentía cerca lo hicieron entrar en razón de que estaba tomando una decisión apresurada. De ese modo lograron cambiar su pensamiento y siguió jugando. Sobre sus años universitarios, tiene los mejores recuerdos. “Por las lesiones te digo que me hubiera gustado que sea distinto, pero no por tema del lugar donde estuve. Estoy súper agradecido de los lugares de excelencia donde creces dentro y fuera de la cancha. Aprendí y crecí mucho como persona, la pasé bomba y con lo que me tocó pasar lo disfruté muchísimo y la pasé muy bien”.En cuanto al juego en la NCAA, que es la competencia deportiva universitaria, el primer año fue redshirt (jugador con poca actividad), pero formó parte del plantel que logró el primer título universitario en la historia de Virginia. Luego tuvo más acción y en sus cuatro temporadas jugó 92 partidos en los Cavaliers de su universidad. Luego pasó a Santa Clara, en California, equipo en el estuvo presente en 23 partidos y donde de a poco fue mejorando la salud de sus piernas. Además, advierte que en la NCAA compartió equipo con grandes jugadores que luego tuvieron su paso a la NBA. “En mi equipo estuvieron Ty Jerome, de Memphis, Sam Hauser, que fue campeón con Boston Celtics, De’Andre Hunter, que jugó en Atlanta, Trey Murphy, que está en New Orleans Pelicans, Ryan Dunn, de los Phoenix Suns y varios más, con los que tuve el honor de jugar. Después tuve rivales como Zion Williamson, RJ Barret, jugadores que son unos monstruos”.Su carrera como basquetbolista debía seguir, pero en 2024 decidió mudarse a lo de su novia a New Jersey y tan sólo una semana después recibió el llamado de su nuevo representante para iniciar su camino en el profesionalismo: “Jugando en la Universidad antes no se podía tener representante, entonces los pocos días que firmé con él me llamó y me fui a jugar a me mudé fui a jugar a España a Estudiantes Movistar, de Madrid". A Cáffaro le sedujo arribar a la segunda división de un básquet competitivo para tener su debut profesional, por eso lo eligió. Al año siguiente pudo dar el salto a la Liga ACB, la primera división de España, y se convirtió en jugador de Girona.No todo fue como lo esperaba. Los malos resultados en la primera parte del torneo obligaron al club a cambiar de entrenador y a la llegada de nuevos jugadores. De ese modo, Cáffaro empezó a jugar menos, a veces ni siquiera formaba parte de los 12 basquetbolistas que integran un equipo. Lo que necesitaba era ir a un lugar para sentirse bien, entonces fue que apareció Boca Juniors en su vida. “Vine sabiendo lo que es el club. También, soy hincha gracias a mi hermano Agustín, que es fanático. Con la historia, la mística, lo que se está construyendo en el básquet y con lo física que es la liga, sabía que me iba a ayudar a crecer. Me llamó la atención todo lo que el club buscaba de mí, vine sin dudas porque sabía que iba a crecer como jugador. Con el diario del lunes te puedo decir que fue la decisión correcta”, manifiesta. El interno Xeneize fue determinante durante toda la campaña y cerró la temporada regular de la Liga Nacional con promedios de 14,58 puntos, 9 rebotes, 0,94 asistencias y una valoración media de 23,55. De este modo, se transformó en una de las piezas más dominantes de la competencia. También, logró el primer campeonato de la Basketball Champions League Américas para Boca y fue elegido el mejor jugador de las finales. Pero no todo termina allí. En pasado miércoles la liga lo eligió como el MVP de la temporada, mejor jugador nacional y le otorgó el premio al mejor debutante. Además, forma parte del quinteto ideal. Un regreso triunfal al país que no se lo esperaba: “Me vine para acá con muchas expectativas y ganas, pero no me esperaba tanto”. Las sensaciones que le dejan haber sido elegido como el mejor jugador de la 2025/2026 son las mejores. Cáffaro se siente honrado por los reconocimientos, pero sabe que por delante