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Materialidad y casi nada de tecnología en Utopia, el sector joven de arteba
Las producciones más recientes los artistas más jóvenes de la feria arteba vuelven a la materialidad rotunda, la corporalidad literal y a las técnicas más tradicionales, mientras rehuyen de los lenguajes tecnológicos, la IA y los problemas más urgentes del mundo. Las obras de Utopia se pueden tocar y abrazar, y a veces se dibujan con plumín, se componen con cemento o son tomas directas de fotografía. Como si fuera un refugio en los márgenes de la ciudad o del día, las disidencias y la fe popular también se vuelven recurrentes en las galerías, espacios gestionados por artistas y otras plataformas experimentales de comercialización, que van al arte y a su historia sin temor a decir “lo que hago es pintura- pintura”. Sin temor a las pequeñas cosas.Un nuevo museo de la Bauhaus exhibirá cerca de un millón de piezas icónicasAsí se define Kevin Montenegro, que en la galería Pólvora exhibe un Gauchito Gil inspirado en el Éxtasis de Santa Teresa de Bernini. “Mi manera de trabajar es poner en relación el conurbano bonaerense, donde yo sigo viviendo, con la historia del arte”, explica, al lado de un monstruo tierno construido con 60 osos de peluches ensamblados por Delfina Liderjover. Un monigote para el abrazo. “Me siento editora de fragmentos de objetos de apego”, define.Más contundencia: en Palos un andamio móvil preside un espacio en obra, donde se insertan objetos encontrados. “Este es un espacio en construcción”, dice el galerista. Es obra de Rodrigo Díaz Ahl: pies, manos, cabezas, ensamblados con muebles, cuerdas, escombros, madera, cemento, resina y yeso. También las fue dejando por las calles de su barrio, la Boca, donde está la casa conventillo con jardín donde funciona la galería. La pintura de Sebastián Cosenza Saad, Sireno, fue adquirida por el Museo de Arte de Corrientes. La religiosidad popular también tiene un altar de Blas Aparecido en Garra, espacio de Resistencia. Un gran textil de este artista proclama: “Rechazo ahora la mano tibia y tan cool de la fe snobizadora”. Hay ahí una clave. La ciudad está también en Lado D (la galería junior de De Souza ubicada en la calle Arroyo), en pinturas de Fausto Valiente, Karin Godnic, Fernanda Kusel y Jade Ferrari. Una mujer exhibe pechos y pene. Es de tela tamaño natural, bordada en canutillos por Lucero Ruzzante, y pregunta: ¿Así les sirvo? Feminismo y trabajo manual detallista. También, el esqueleto de sirena de pared de la galería Cielo, de Punta del Este, de Azul Gattas. La galería tiene una perfumista, María Paz Sobrado, que hizo para la feria unas esculturas que emanan una fragancia de algas.Otro monigote contundente, los dos pantalones que galopan en la galería Pionera, de Sofía Alazraki. Es autora también de una de las dos únicas fotografías toma directa del sector; el otro es Pablo Masino, de Dicha. En La Mesa hicieron una subasta invertida cuando llegó el contingente de mecenas del Museo Moderno y quisieron comprar la obra de Benjamín y Felipe Álvarez, Jarras. Ya habían comprado otras nueve y no tenían más fondos. Cuenta Celeste Mun, galerista (tiene ocho nombres, también es Benjamín): “Preguntamos ¿cuánto quieren pagar, por favor? Lo que quieran pagar, se la llevan. Entonces se miraban y nadie quería ponerle un precio a la obra. Y entonces Felipe empezó a preguntar ¿cuánto vas a poner vos? ¿Cien? ¿Doscientos? Bueno, dale. ¿Y vos cuánto ponés? ¿Cien? Yo puse cien. Y así, de ese modo, logramos juntar mil dólares y se llevaron la obra. Queríamos que esté en el museo”.Otra compra institucional fue la del museo Marco La Boca: Bad bitch, de Belén Boeris en Casa Proyecto. Les llama arrobas a las mujeres que pinta con tinta y aerosol, de inspiración virtual pero bien tangibles. “Va a tener una muestra en el museo el año que viene”, anuncia Joaquín Barrera, curador del museo.Fantasma era pensión y ahora agrupa talleres de artistas en Almagro. Sorprende una faceta poco conocida de Maitena, porno y violenta. “Nos interesaba mostrar el valor artístico e histórico que tiene su obra. Estas son obras 87 y 88, una ilustración para la revista Cerdos y Peces, y otra para la revista Fierro. Y nos interesó algo del viejo oficio, la tinta china, la pluma, copy-paste manual, la fotocopia de alto contraste para mandar a la revista”. Oxiana Barreiro confecciona cajas con ensamblajes con cosas pequeñas, “muy cercana al imaginario de los costureros de la casa de la madre y los cajones de la casa de la tía”. Hilos, tijeritas, un cascabel. La pata de una mesa es la pieza central de Triple Frontera, de aluminio, bronce y baquelita. Reluce la obra de Hernán Aguirre.Retratos y esculturas cambian de roles en Departamento 112. Martín Agazzi, el Keni, hace bustos en yeso con las caras de los que duermen en el viaje en colectivo. Uno fue adquirido por el Museo Provincial de las Artes Emilio Pettoruti de La Plata. Pedro Greco hace retratos de vasos en pinturas, y los vende con descuento si se adquiere más de uno. Están el vaso térmico templado, el retráctil, la copa bouquet, el whisky doble aro, el descartable de bidón, la copa noruega… los compila en un libro, también.La salteña BAC, que atesora grandes maestros, optó por llevar al barrio joven a cuatro egresados del programa Di Tella: Toni Morales, Diana Teira, Mateo Valbuena y Nacho Fabio. Se inspiran en una obra que preside el stand de Raúl Brié del año 1950, que es el primer artista abstracto que hubo en Salta. La misma operación ocurre en Dicha, de San Miguel de Tucumán. Estructura su stand de artistas abstractos y figurativos con los bodegones de los 70 de un maestro tucumano, que es las dos cosas. En Satélite, Valeria López compila en sus pinturas las historias del arte actual: condensa en una imagen las obras más pregnantes de las ferias que visita como artista y galerista. Popa lleva años en el sector emergente. Presentan un banquete de cerámica de Nicolás Monti y mucha pintura. “Popa nació en el 2011. Pero en realidad nació en 1992”, dice el galerista, Marcelo Bosco. Hay muy poca tecnología en esta edición. Hipopoety, que trajo otros años todo tipo de robots, parece esta vez una zapatería de papel maché, obras de Juan Gutiérrez. La única pantalla está en Deskomunal, y es sostenida por otro fantoche tamaño natural. Se llama Monster, Sinfonía de la Destrucción, y es una crítica al scrolleo del colectivo Totem Taú, conformado por artistas ya establecidos, como Laura Códega, Malena Pizani y Hernán Soriano.
Fuente: La Nación