Sembrar girasol en octubre o hacerlo en diciembre puede marcar una diferencia importante al momento de la cosecha. Así lo demostró un ensayo realizado por técnicos del INTA en Chivilcoy, provincia de Buenos Aires, donde se evaluó el comportamiento de tres híbridos implantados en distintas fechas. Los resultados mostraron que, mientras las siembras de octubre alcanzaron un rendimiento promedio de 4.083 kilos por hectárea, las realizadas en diciembre apenas llegaron a 2.061 kilos. Esa diferencia supone una caída de casi el 50% en apenas dos meses.
Lo interesante es que esa reducción no fue uniforme. Las siembras realizadas a principios de noviembre registraron un rendimiento promedio de 3.923 kilos por hectárea, apenas 160 kilos por debajo de las de octubre. La diferencia más marcada apareció, entonces, cuando la implantación se desplazó hasta diciembre.
Para llegar a esos resultados, los técnicos de la Agencia de Extensión Rural Chivilcoy del INTA compararon tres híbridos sembrados a principios de octubre, noviembre y diciembre, con una densidad de 50.000 plantas por hectárea y una fertilización de 120 kilos de fosfato monoamónico (MAP) por hectárea. El ensayo se desarrolló durante una campaña con condiciones meteorológicas consideradas normales, tanto en materia de precipitaciones como de temperaturas.
¿A qué se debió semejante diferencia? Según explicaron los investigadores en su informe, la caída registrada en diciembre podría estar asociada a un acortamiento del ciclo del cultivo por efecto de las mayores temperaturas. A eso se sumó que las etapas reproductiva y de llenado de granos coincidieron con un período de menor radiación solar, lo que pudo afectar la productividad.
Pero la fecha de siembra no fue la única variable que influyó en los resultados. La elección del híbrido también modificó la respuesta del cultivo, especialmente al considerar el rendimiento bonificado por contenido de aceite, un indicador relevante para su valor comercial.
En ese aspecto, uno de los materiales evaluados mostró una mejora cuando fue sembrado en octubre, mientras que otro presentó valores relativamente similares entre fechas y un tercero registró una disminución significativa. Sin embargo, todos coincidieron en algo: la siembra de diciembre perjudicó su rendimiento bonificado.
Los resultados adquieren relevancia en un contexto de expansión del girasol. Según los datos difundidos por el INTA, la superficie nacional implantada con el cultivo creció 75% respecto de la campaña 2020/21. En Chivilcoy, en tanto, pasó de apenas 100 a 2.000 hectáreas en los últimos cinco años.
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Frente a ese crecimiento, los investigadores consideran que conocer cómo responden los distintos híbridos al desplazamiento de la fecha de siembra puede contribuir a mejorar las decisiones de manejo. De todos modos, advirtieron que será necesario repetir las evaluaciones en próximas campañas para determinar si los comportamientos observados se mantienen bajo otras condiciones ambientales.
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Fuente: Bichos de Campo