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Cada cuántos kilómetros hay que cambiar la correa de distribución según el tipo de motor
La correa de distribución es uno de los componentes más importantes del motor, aunque muchas veces pasa inadvertida hasta que llega el momento de reemplazarla. Su función es sincronizar el movimiento de distintas piezas internas para que el motor funcione correctamente. Por eso, respetar los plazos de mantenimiento resulta fundamental para evitar averías que pueden representar un gasto elevado.A diferencia de lo que suele creerse, no existe un kilometraje único que sirva para todos los vehículos. El intervalo de sustitución varía según el modelo, la motorización y las especificaciones de cada fabricante. Mientras algunos motores requieren el cambio a un kilometraje relativamente bajo, otros admiten intervalos más extensos.Como referencia general, algunos fabricantes establecen intervalos de recambio de entre 60.000 y 90.000 kilómetros, mientras que otros permiten llegar a los 120.000 kilómetros. Sin embargo, esos valores no deben tomarse como una regla universal: el plazo correcto para cada vehículo figura en el manual del propietario o en el programa de mantenimiento oficial.Toyota entregó el papamóvil que usará León XIV en su visita a la ArgentinaAdemás del kilometraje, hay que considerar el tiempo transcurrido desde la instalación. La correa está fabricada con materiales que se deterioran con el uso y el paso de los años, incluso cuando el auto circula poco. Por eso, algunos fabricantes también establecen un límite de antigüedad para reemplazarla. La recomendación es verificar ambos parámetros y realizar el mantenimiento cuando se alcance primero el límite indicado.La correa mantiene sincronizados el cigüeñal y el árbol de levas, que intervienen en el movimiento de los pistones y la apertura y el cierre de las válvulas. Si se rompe o pierde la sincronización, el motor puede detenerse de manera repentina. Las consecuencias dependen del diseño del propulsor, pero en muchos motores la rotura puede provocar que los pistones golpeen las válvulas y ocasionen daños internos importantes. Incluso, en los casos más graves, la reparación puede exigir desmontar el motor o incluso reemplazarlo.La vida útil de la correa no depende únicamente de los kilómetros recorridos. También influyen el paso del tiempo, las condiciones de funcionamiento y el estado de los componentes asociados. Los tensores y las poleas deben funcionar correctamente para evitar esfuerzos anormales sobre la correa. En determinados motores, también corresponde revisar la bomba de agua. Una instalación incorrecta o la falta de mantenimiento pueden comprometer el funcionamiento del sistema.Al comprar un vehículo usado, es importante averiguar cuándo se reemplazó la correa por última vez y si el trabajo quedó registrado en una factura o en el historial de mantenimiento. Si no hay documentación que permita confirmar el cambio, conviene consultar a un mecánico y evaluar el reemplazo preventivo. El desgaste interno o la degradación de los materiales no siempre resultan evidentes a simple vista.Por su parte, también es recomendable consultar si el fabricante establece el cambio conjunto de la correa, los tensores, las poleas o la bomba de agua, según corresponda. Aprovechar la intervención para revisar estos elementos puede evitar reparaciones adicionales en el corto plazo.
Fuente: La Nación