General
Netanyahu apunta contra Qatar por el fuerte avance de los partidos árabes en las elecciones de Israel
JERUSALÉN.– El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y su principal rival, el exjefe militar Gadi Eisenkot, reclamaron investigar una supuesta injerencia extranjera en las elecciones legislativas del martes, en medio de acusaciones de fraude contra los partidos árabes, que obtuvieron una representación histórica. Qatar negó haber intervenido en los comicios, mientras las autoridades electorales afirmaron que, por el momento, no hay indicios de irregularidades sistemáticas. “¡Las elecciones en Israel han sido robadas!”, aseveró el Likud, afirmando sin pruebas que la presunta interferencia estaba “dirigida a facilitar una toma extranjera del Parlamento, la islamización de Israel y el derrocamiento del gobierno de derecha”.Netanyahu y su partido, el Likud, acusaron a las formaciones árabes de haber “robado” las elecciones, sin presentar pruebas públicas. La controversia se intensificó después de que el presidente del Comité Central de Elecciones, el juez Noam Sohlberg, solicitara al servicio de inteligencia Shin Bet investigar una posible intervención de entidades extranjeras, sin identificar a los presuntos responsables.Eisenkot respaldó la investigación y pidió que se realice sin prejuicios. “La implicación extranjera en el Estado de Israel es algo inaceptable y gravísimo, especialmente cuando se trata de un país que financia y apoya a la organización Hamas”, afirmó. También reclamó actuar contra quienes hayan perjudicado la integridad electoral, pero advirtió sobre la necesidad de respetar el calendario institucional y la investidura de la nueva Knesset, prevista para el 10 de noviembre.Por su parte, Qatar rechazó las acusaciones. “Negamos firmemente las acusaciones de que Qatar haya interferido en las elecciones israelíes o financiado cualquier actividad para influir en su resultado”, declaró el vocero de la Cancillería, Majed al Ansari, quien calificó las denuncias de “ridículas y peligrosas” y acusó a políticos israelíes de promover una campaña de desinformación. También sostuvo que Doha no debe convertirse en un chivo expiatorio de los problemas políticos de Israel.We categorically deny allegations that Qatar has interfered in Israeli elections or funded any activities intended to influence their outcome. We reject the accusations made by certain Israeli politicians and their contacts in the media, who have launched yet another…— د. ماجد محمد الأنصاري Dr. Majed Al Ansari (@majedalansari) October 29, 2026Las denuncias tienen como telón de fondo los vínculos entre Netanyahu y Qatar. El año pasado, dos asesores del premier fueron detenidos por presuntamente recibir pagos de ese país, que durante años financió proyectos en la Franja de Gaza con el respaldo tácito del gobierno israelí. Doha, además, desempeña un papel central en las negociaciones entre Israel y Hamas.El presidente Isaac Herzog pidió una investigación exhaustiva, pero advirtió que no se debe estigmatizar a toda la comunidad árabe. Por su parte, el director general interino del comité electoral, Dean Livne, afirmó que no había fundamentos para sostener que se hubieran producido violaciones sistemáticas de la integridad de los comicios. El organismo espera las conclusiones de la investigación en el plazo de una semana, mientras los resultados deben certificarse antes del 4 de noviembre.Sin mayorías clarasLas elecciones legislativas dejaron un escenario de máxima incertidumbre política ya que Benjamin Netanyahu y sus aliados de derecha quedaron lejos de la mayoría parlamentaria, el bloque anti Netanyahu tampoco logró las bancas necesarias y los partidos liderados por árabes lograron una representación histórica que podría resultar decisiva para definir el próximo gobierno. Con las negociaciones por delante, la oposición enfrenta el desafío de construir una alianza capaz de desplazar al premier, en medio de las acusaciones de fraude electoral e injerencia extranjera lanzadas por el oficialismo, que no presentó pruebas públicas que las respalden.Los resultados proyectados de los comicios del martes muestran que el bloque de Netanyahu obtendría 53 de los 120 escaños de la Knesset, el Parlamento israelí, por debajo de los 61 necesarios para alcanzar la mayoría. El espacio opositor encabezado por Gadi Eisenkot conseguiría 48 bancas, mientras que los dos principales partidos árabes, la Lista Conjunta y Ra’am, sumarían 19 escaños, casi el doble de su representación actual.Aunque el Likud, fue la fuerza individual más votada, ese resultado no le garantiza la continuidad en el poder. La distribución de las bancas abre la posibilidad de que los partidos árabes respalden a la oposición y permitan la formación de un gobierno alternativo, aunque todavía existen diferencias políticas profundas que dificultan un acuerdo.La votación estuvo marcada por una movilización inédita de los ciudadanos árabes de Israel, que representan alrededor del 21% de la población. Sus dirigentes atribuyeron la elevada participación al rechazo a las políticas del gobierno de Netanyahu y a lo que describen como un aumento de la discriminación y la incitación contra su comunidad.Las negociaciones y el papel de los partidos árabesLa principal incógnita es si Eisenkot logrará reunir los apoyos necesarios para formar gobierno. El exjefe militar, que durante la campaña prometió construir un gobierno sionista estable, había descartado inicialmente una alianza con partidos árabes por considerar que no compartían los mismos valores, entre ellos el reconocimiento de Israel como un Estado judío y democrático.Sin embargo, la aritmética parlamentaria obliga ahora a reconsiderar esa posición. Si los 19 diputados de la Lista Conjunta y Ra’am respaldaran al bloque opositor, este podría alcanzar una mayoría potencial de 67 escaños. La posibilidad de una coalición de ese tipo enfrenta resistencias dentro de la oposición judía, pero también representa una oportunidad para los partidos árabes de traducir su avance electoral en mayor influencia política.Yousef Jabareen, dirigente de la Lista Conjunta, afirmó que sus 12 escaños proyectados podrían contribuir a la destitución del gobierno de Netanyahu. No obstante, aclaró que su partido no está dispuesto a incorporarse a un Ejecutivo encabezado por Eisenkot debido a su respaldo a la ofensiva israelí en Gaza y a la ocupación del sur del Líbano.La formación dejó abierta, en cambio, la posibilidad de respaldar desde afuera a un gobierno minoritario, mediante acuerdos parlamentarios que permitan superar votaciones de confianza. Entre sus prioridades figuran combatir la delincuencia en las localidades árabes, aumentar la financiación y las oportunidades económicas para esa población y reanudar las negociaciones para la creación de un Estado palestino.Ra’am, liderado por Mansour Abbas, mantiene una posición más abierta a participar directamente en un gobierno. En 2021, el partido se convirtió en la primera formación árabe independiente en integrar una coalición israelí, durante el breve Ejecutivo encabezado por Naftali Bennett. Abbas aseguró que dirigentes del bloque de Eisenkot ya habían conversado con él sobre un posible acuerdo y expresó su disposición a negociar.Los partidos árabes también podrían influir en la elección del presidente del Parlamento y en la agenda legislativa, incluso sin ingresar formalmente al gobierno. Si las negociaciones fracasan después de varios intentos, Israel podría verse obligado a celebrar nuevas elecciones a comienzos del próximo año. El presidente Isaac Herzog, encargado de designar al candidato que intentará formar gobierno, expresó su intención de evitar ese escenario.Un país divididoEl resultado refleja las profundas divisiones de Israel, atravesado por las tensiones entre judíos y árabes, laicos y religiosos, y por los desacuerdos sobre la guerra y el futuro de los territorios palestinos.La gestión de Netanyahu quedó bajo cuestionamiento por su conducción de los conflictos regionales, las críticas internacionales por la situación humanitaria en Gaza y la violencia de los colonos judíos en Cisjordania. También persisten las disputas sobre la exención del servicio militar obligatorio para la población ultraortodoxa, una cuestión especialmente sensible después de casi tres años de guerras y pérdidas humanas.Una eventual salida de Netanyahu abriría, además, dos frentes delicados para el premier: el avance de los procesos judiciales por corrupción que enfrenta desde hace años y la posibilidad de una investigación sobre los fallos de seguridad que permitieron el ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023.Agencias AP y Reuters
Fuente: La Nación