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Tierra de mi padre: el revelador viaje de Thomas Mann por la Alemania dividida de la Guerra Fría
Tierra de mi padre (Fatherland, Polonia, Alemania, Francia, Italia/2026). Dirección: Paweł Pawlikowski. Guion: Henk Handloegten, Paweł Pawlikowski. Fotografía: Łukasz Żal. Edición: Paweł Pawlikowski, Piotr Wójcik. Elenco: Sandra Hüller, Hanns Zischler, August Diehl, Devid Striesow, Anna Madeley. Calificación: SP (Supervisión Parental Sugerida). Duración: 82 minutos. Nuestra opinión: buena.3 starsPresentada en el último Festival de Cannes, esta película de menos de una hora y media narra el regreso del escritor Thomas Mann a Alemania en 1949, después de 16 años de exilio.Apoyado en una puesta en escena austera y dos grandes interpretaciones, Paweł Pawlikowski, el director polaco de Ida, ganadora del Óscar a la mejor película de habla no inglesa en 2015, construye un relato sobre la culpa, la memoria y las dificultades para recuperar un lugar que alguna vez se consideró propio.El viaje comienza después de una tragedia familiar. Klaus Mann, hijo del escritor, se ha suicidado en Francia, y los ecos de esa pérdida todavía resuenan cuando su hermana Erika (Sandra Hüller) acompaña a su padre (Hanns Zischler) en una visita a Alemania.El novelista, distinguido con el Nobel de Literatura en 1929, regresa para participar en los homenajes a Goethe, uno de los grandes próceres de las letras alemanas. El recorrido los lleva desde Frankfurt, en la zona de ocupación estadounidense, hasta Weimar, bajo control soviético.El viaje revela las contradicciones de un país que intenta reconstruirse sin afrontar con franqueza su pasado reciente. Algunos antiguos simpatizantes del nazismo procuran recuperar su posición social y las autoridades de ocupación utilizan la cultura para legitimar sus proyectos políticos.Mann descubre pronto que su prestigio puede servir a intereses que no comparte. Por entonces ya había publicado clásicos como Los Buddenbrook, La muerte en Venecia, La montaña mágica y Doctor Faustus, libros en los que había examinado las tensiones entre la cultura europea, la enfermedad, el poder y la decadencia moral. Su oposición pública al nazismo y sus discursos radiofónicos durante la guerra lo habían convertido también en una referencia política.En 1949, Alemania seguía dividida en cuatro zonas de ocupación. La República Federal se constituyó en mayo; la República Democrática Alemana nacería en octubre. El país era ya uno de los principales escenarios de la Guerra Fría.Pawlikowski utiliza ese contexto para plantear una pregunta que atraviesa toda la película: ¿qué significa pertenecer a un país cuya historia reciente resulta moralmente insoportable? La respuesta aparece tanto en los encuentros públicos del escritor como en la tensa relación con su hija, cargada de silencios incómodos.También vuelve a recurrir al formato 4:3, de proporciones casi cuadradas, que ya había utilizado en Ida y Cold War. El preciosista trabajo de Łukasz Żal en la fotografía en blanco y negro recrea la atmósfera desoladora de la posguerra sin subrayados, aunque la inclinación por la perfección visual también contribuye a cierta frialdad.Zischler interpreta a Mann con una contención que expresa tanto la vanidad asociada a su autoridad intelectual como su dificultad para relacionarse con la familia. Hüller le aporta a Erika una energía que contrasta con la rigidez paterna. Sus miradas y sus gestos permiten entender una relación marcada por el afecto, la dependencia y el resentimiento. Esa tensión sostiene buena parte de la película.Pawlikowski demuestra otra vez que es un cineasta económico. Articula el relato a partir de escenas breves y contundentes, enlazadas mediante elipsis que revelan su confianza en el espectador. Pero el tono solemne del film provoca una distancia emocional con la historia. La película parece demasiado consciente de la importancia de sus personajes y de los asuntos que aborda, algo que por momentos la vuelve mecánica, excesivamente calculada. Aun así, Tierra de mi padre es una obra valiosa, capaz de iluminar un momento decisivo de la historia europea.
Fuente: La Nación