Baja de retenciones: de cara a la siembra, los productores de trigo y cebada están entre el alivio y la cautela

Luego de que el Gobierno anunciara una baja de las retenciones para el trigo y la cebada a partir de junio, productores y asesores del interior coincidieron en que la medida mejora el escenario para la campaña fina, pero advirtieron que no alcanzaría por sí sola para generar un salto importante en la superficie sembrada. En distintas zonas agrícolas señalaron que el principal condicionante sigue siendo el fuerte aumento de los costos, especialmente de los fertilizantes, en medio del impacto internacional por la guerra en Medio Oriente.Ayer el presidente Javier Milei confirmó una reducción de los derechos de exportación para el trigo y la cebada, que pasarán del 7,5% al 5,5% desde junio próximo. Además, anunció un esquema de baja gradual para la soja. Hoy se conoció que la baja alcanzaba también al maíz, al girasol y al sorgo. La decisión llegó justo cuando comienza la siembra de la campaña fina y en un contexto donde muchos productores venían revisando sus planes por el deterioro de los márgenes.Alejandro Acerbo, productor agropecuario y asesor de la zona de Junín, consideró que entre los productores con los que trabaja la baja de retenciones, sumada a cierta corrección que hubo en los últimos días en el precio de la urea y a la buena campaña previa en algunas zonas, podría hacer que muchos “se animen un poco más” a sembrar trigo. “No es que se va a hacer mucho más trigo, pero antes de estas dos variables se vislumbraba una campaña con muy poco cereal”, sostuvo. Según indicó, ahora muchos productores intentarán sostener las rotaciones, aunque todavía ve difícil alcanzar los niveles de siembra proyectados inicialmente.En ese sentido, remarco que antes del anuncio la combinación entre retenciones y fertilizantes dejaba márgenes “muy finitos”, especialmente en campos alquilados. “La secuencia trigo-soja o cebada-soja quedaba casi para salir hecho”, resumió. Los números de la BCR reflejan esa situación: fertilizantes y fletes explicaban en conjunto el 54% de los costos de producción del trigo en un campo a 150 kilómetros del puerto de Rosario, lo que dejaba el margen neto en campo propio en US$94 por hectárea y hundía la ecuación hasta una pérdida de US$103 en campo alquilado. Tras el anuncio, la entidad señaló que la baja de retenciones “trae alivio” a los márgenes y que la mejora en la capacidad teórica de pago para el trigo ronda entre US$4,8 y US$4,9 por tonelada.En Colón, el productor Guillermo Millet contó que originalmente pensaba reducir a la mitad el área de trigo respecto del año pasado. “Habíamos sembrado cerca de 300 hectáreas y este año pensaba hacer 150”, relató. Según explicó, desde el punto de vista agronómico el cultivo sigue siendo importante por cuestiones vinculadas a rotación, manejo de malezas y aprovechamiento de la napa de agua.El Gobierno informó el logro de una cosecha récord de 163,2 millones de toneladas de granosEn ese contexto, señaló que la baja de los derechos de exportación funciona también como una señal anímica para seguir apostando al cereal. “La baja de retenciones, esos dos puntos, subjetivamente me animan a seguir en la actividad”, afirmó. Sin embargo, advirtió que todavía planea arrancar la campaña con bajos niveles de fertilización y esperar una eventual baja mayor de la urea para reforzar aplicaciones más adelante.Una mirada similar planteó Alejandro Vejrup, de la Cooperativa de Tres Arroyos, quien señaló que entre los productores de la entidad no esperan cambios fuertes en las decisiones de siembra únicamente por la baja de retenciones. “Yo no creo que por este achique del 2% de retenciones haya un gran cambio de tendencia en la superficie a sembrar”, afirmó.El productor coincidió en que hoy el factor que más condiciona las decisiones productivas sigue siendo el costo de la urea, que en las últimas semanas se disparó por el conflicto en Medio Oriente y el impacto sobre los mercados internacionales. “Puede llegar a tener más impacto que baje la urea US$200; ya bajó unos US$100 desde el pico. Si la urea vuelve a US$600, quizás tenga más color este 2%”, sostuvo.Vejrup consideró que la medida “ayuda” y que toda reducción de impuestos es positiva para el productor, aunque remarcó que el efecto práctico sobre los números todavía es limitado. Para ejemplificarlo, explicó que en un planteo con un rinde de indiferencia de 5000 kilos por hectárea, la mejora de precio derivada de la baja de retenciones apenas implicaría una reducción cercana a 100 kilos en ese punto de equilibrio. “Ayuda, porque con eso por ahí te pagás el seguro de granizo, pero no cambia la decisión de siembra”, resumió.En ese marco, señaló que las decisiones finales de implantación seguirán muy atadas a cómo evolucionen el clima y los fertilizantes en las próximas semanas. “La superficie finalmente puede modificarse por distintos factores: exceso o falta de lluvias, una eventual baja en el precio de los fertilizantes o la combinación de ambos elementos junto con una reducción de retenciones”, indicó.Desde Bigand, en Santa Fe, el productor José Luis Roca también relativizó el impacto de la medida. “Creo que no modifica mucho las intenciones de siembra porque el tema principal es lo caro de los fertilizantes”, afirmó. Según describió, en su zona varios productores ya evalúan reducir el área destinada al cereal y algunos recortes podrían llegar hasta el 50%.Roca explicó además que en esa región las respuestas productivas a mayores niveles de fertilización son más limitadas que en otras zonas agrícolas, por lo que el costo de la urea pesa todavía más sobre las decisiones económicas. “Gastás mucho fertilizante, pero no obtenés tanta diferencia”, señaló.
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