Julieta Laso: el disco que grabó con Daniel Melingo y las enseñanzas que le dejó el “Maestro”

Apenas se conoció la noticia de la muerte de Daniel Melingo, a finales de junio pasado, se habló de su frondoso historial artístico sin dejar de lado los proyectos que tenía por delante. Nunca faltó la mención del concierto del 23 de octubre, en el Teatro Margarita Xirgu, ese que no podría vivir, al menos desde este plano. Pero se hizo porque, en realidad, no fue programado como uno de sus conciertos en solitario sino como la presentación porteña del álbum Fabriquera, de la cantora Julieta Laso. Melingo fue uno de los “curadores” de ese disco. Trabajó con Julieta codo a codo para darle forma, desde el aporte de canciones (la mayoría le pertenecen) hasta la producción musical. Lo mimó como si fuera un hijo propio. Y ahora Julieta, que transita el duelo desde la orfandad artística, sigue adelante y presenta este nuevo trabajo de doce canciones con su banda.Julieta es buena para elegir repertorios y prolífica grabando discos y generando proyectos. Hace una década generó su propio puente de ida y de venida entre Salta y Buenos Aires, con la cineasta Lucrecia Martel, su pareja. La fascina cruzarse sobre un escenario con gente como “Macha” Asenjo y El Bloque Depresivo, y no pierde oportunidad de hacer recitales en todos los lugares posibles con cancioneros variados. Como se dijo, es buena buscando repertorios: desde los clásicos del tango hasta canciones de compositores que entran en el escaparate de los “tapados”, pero tiene cosas interesantes para decir (o, al menos, un modo interesante de decir cosas).“Yo soñaba con cantar con Melingo desde que me decidí por el canto. Pensaba que mi voz tenía que ver con el arrabal y el mundo orillero que él cuenta”, escribió la cantora, como antesala de la presentación del disco.Laso es como una hija dilecta de aquellos “tangos bajos” finiseculares de Melingo. Esos tangos que no eran para tangueros -Melingo no fue parte de esa camada renovadora de los noventa- pero que calaron hondo en una generación que mostró su avidez por el arrabal y tuvo en esta obra un nexo con la historia del género y su presente (el de aquellos años). Fabriquera es un álbum que se puede ir descubriendo por capas, como una cebolla, o abriendo por gajos, como los de una naranja que muestra lo dulce y lo ácido de su cítrico, de un modo de lo más entreverado. Versos de Dante Linyera, Carlos de la Púa, Julián Centeya o Evaristo Carriego; también de Patxi Andión y de María Celeste Torre, compañera de vida de Melingo y su socia en muchas creaciones musicales.Tras la presentación en el Xirgu, Laso sigue presentándose por el país. La agenda de noviembre viene cargada de compromisos. El 6 se presentará en la Sala Lavardén de Rosario, el 1 en Studio Theater, en Córdoba; el 8 en Mendoza, en el teatro El Círculo; el 13, en Mar del Plata, en Club Tri; el 14, en La Plata, en Sala Metro; el 20, en Tucumán, en el teatro Rosita Ávila; el 21, en Salta, en el Museo de los instrumentos y el 25 y 26, de regreso en Buenos Aires, en el Torquato Tasso, con Camila Sosa Villada.-Cuando hablás de Melingo te referís a él como “Maestro”...-¡Sí! Tuve mucha suerte de haberme encontrado con él y de haber compartido unos cinco años. Por supuesto que me hubiese gustado que fueran muchos más. Pero debo agradecerle la posibilidad de aprender tanto. No tengo ninguna duda de que fue mi maestro y lo seguirá siendo. Y el de mucha gente. Un artista único. No podía no anotar cosas que me decía. Este disco llevó mucho tiempo y trabajo, y nos hizo compartir mucho, además de que yo lo acompañaba en sus conciertos.-¿La sensación de hoy es de orfandad?-Sí. Estos días, en que salió el disco, sentí muy fuerte su ausencia. Pero bueno, acá estamos. El duelo será un proceso, pensá que hace meses que estoy inmersa en este material. Melingo está presente en todo el disco, hasta grabó las guitarras y un montón de instrumentos. Está su voz. Es su producción. -¿Más allá de haberlo creado en sociedad, en qué se diferencia de tus discos anteriores?-Generalmente, por suerte los discos son muy diferentes entre sí. Pata de perra producido por [Aldo] “Macha” Asenjo, fue un disco de folklore latinoamericano, y este es tango. El maestro me preguntó cuáles eran los temas suyos que más quería hacer. La lista fue interminable. Decidimos todo juntos, esperamos a que terminara el Mundial para sacarlo, elegimos juntos el lugar para presentarlo. No nos quedó nada por definir.-¿“Fabriquera” te retrata?-Es uno de los temas con los que más me identifiqué. Al mismo tiempo, hubo cambios en la manera de cantar. El maestro me hablaba de un mayor protagonismo en las voces. Me llevó trabajo, hicimos muchas tomas y ahora siento que hay canciones en las que no me reconozco.-¿Por qué te pusiste reflexiva con el oficio de cantar?-Es un pensamiento que a uno le sirve para no caerse. Porque si no pienso así, me voy quedando. Quiero tener un momento de reflexión hacia adónde estoy yendo. Estamos viviendo años muy difíciles. No hay que desconocer el sentido que uno tiene de la cultura. Si no, es fácil perder el norte. Este es un año de muchos conciertos, hice 51, viajando por todo el país con [el guitarrista] Leandro Angeli, y quedan muchos más. Y cada disco es como un viaje que dura varios años, desde su producción hasta el momento en que uno anda cantándolo por los pueblos. He grabado bastante. Y en este disco, bueno, yo realmente me identifico mucho con las canciones de Melingo. A veces, cantando algunas, pienso que las hizo para mí. Todo ese mundo de arrabal, periferia y personas rotas. Me gusta hablar y participar de ese mundo. Va por ahí.-¿Sos una persona que se rompió alguna vez?-Por supuesto que sí. No podría cantar tangos si no me hubiera pasado.-¿Qué pasa con el tema “Pequeño paria”, que habla del Petiso Orejudo sin mencionarlo? Es una letra brillante de María Celeste Torre. Gran error hubiera sido romantizar la vida de un criminal tan complejo; en cambio, “Pequeño paria” revela el modo como una familia y una sociedad entera falla ante la ausencia de un abrazo. Para ese lado va la canción...-Sí, y ahí te das cuenta de que estamos todos rotos. Cuando lo canto pienso en [Javier] Milei y en tantos otros, esas personas a las que le faltó un abrazo. El disco es oscuro, pero también hay canciones de esperanza, que tienen mucha luz.

Fuente: La Nación