En el año del girasol récord, una especialista del INTA advierte que el suelo del oeste bonaerense ya no aguanta más sin reposición de nutrientes

Argentina acaba de cerrar la campaña de girasol más grande de su historia con 6,6 millones de toneladas, un 32% por encima del récord anterior, y ya proyecta superar las 8 millones en el próximo ciclo.
Pero mientras el optimismo recorre la cadena girasolera, desde el INTA General Villegas llega una advertencia que conviene no ignorar y tiene que ver con que los suelos del oeste y noroeste bonaerense, zona clave para ese crecimiento, vienen perdiendo fertilidad hace años y el déficit empieza a hacerse visible en los rindes.
Mirian Barraco, investigadora de esa estación experimental, presentó la semana pasada en el Simposio Regional Fertilidad 2026, realizado en Santa Rosa, La Pampa, un panorama de la nutrición en soja y girasol que generó atención entre los más de 350 técnicos, productores y asesores.
El mensaje que dos cultivos que durante décadas se manejaron con poca o ninguna fertilización están empezando a responder, y eso no es una buena noticia. “Tradicionalmente son cultivos que recibieron poco aporte de fertilización porque se consideraba que se sembraban en suelos bien provistos”, explicó Barraco. “Pero la baja reposición de fósforo llevó a situaciones de deficiencia y ahora empiezan a mostrar respuestas interesantes” agregó.
El dato concreto que dejó su presentación es que el 50% de los lotes de la región debería recibir fertilización fosfatada. No es un problema puntual ni de un productor en particular. Es la mitad del área.
Según indicó Barraco, tanto la soja como el girasol son sensibles a dosis altas de fósforo aplicado en la línea de siembra, ya que pueden aparecer problemas de fitotoxicidad, por lo que la experta insistió en pensar el nutriente como una estrategia de largo plazo. “Tiene que tener un plan de reposición sostenido en el tiempo”, dijo.
¿Existe el feedlot ideal? Para la investigadora Mirian Barraco, de INTA, no basta con que el negocio sea rentable, “sino que hay que inculcarle al productor que sea ambientalmente saludable”

En el cultivo que hoy concentra todas las esperanzas del agro argentino, Barraco mostró respuestas a fósforo, nitrógeno, azufre y boro, cada uno con su particularidad. El nitrógeno requiere cuidado: “Si aplico altas dosis puedo tener caída del contenido de aceite”.
La recomendación, entonces es ser moderado, con aplicaciones en estadios V4 o V6. El azufre, muchas veces subestimado, tiene su rol: “Le da un escalón de rendimiento”. Lo que subyace en todo esto es que el girasol se expandió con fuerza hacia zonas no tradicionales —la “federalización” que describió la Bolsa de Cereales en el cierre de campaña—, y esos nuevos ambientes tienen suelos arenosos, menor materia orgánica y mayor restricción hídrica. Ambientes donde la respuesta a nutrientes es más pronunciada, no menos.
En soja, Barraco puso el foco en la fijación biológica de nitrógeno, que en condiciones normales aporta alrededor del 50% de las necesidades del cultivo. El problema es que la acidificación de suelos y la falta de calcio golpean directamente sobre la nodulación. Menos nódulos, menos nitrógeno fijado, más dependencia de insumos externos. En ese contexto, la investigadora defendió la inoculación como una de las tecnologías de mayor retorno agronómico disponibles. “Aporta entre 200 y 300 kilos y no puede ser sustituida con fertilizantes”, afirmó. Una tecnología de bajo costo y alto impacto que, sin embargo, no siempre se aplica con el rigor necesario.
Un hilo conductor de toda la presentación fue el azufre. La pérdida de materia orgánica por años de agricultura continua está reduciendo el aporte natural de este nutriente. “Más años de agricultura y lotes pobres en materia orgánica muestran mayor respuesta al azufre”, señaló Barraco.
¿De qué se habló en el Simposio Regional organizado por Fertilizar en La Pampa? Obviamente de que hay que ajustar estrategias en todos los cultivos

Para cerrar, la investigadora apuntó a las rotaciones y los cultivos de cobertura como herramientas indispensables para recuperar lo perdido. No son soluciones rápidas, pero son las únicas que apuntan a la raíz del problema.
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