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Las ruinas en el CETC: de referencias a Antonia Marcé y a Kazuo Ohno a una reflexión sobre la Argentina
Las ruinas / Delirios sobre la Argentina. Dramaturgia: Laura Sbdar. Intérpretes: Florencia Ciucci, Mariano Landa, Tomi Lebrero, Luis Monroy Grandon, Andrés Molina, Tiago Mousseaud, Paula Servetto y Jorge Thefs. Música original e interpretación: Ailin Grad. Composición “La Argentina arde”: Tomi Lebrero. Escenografía: Rodrigo González Garillo. Vestuario: Mariana Seropian. Iluminación: Matías Sendón. Realización audiovisual: José Franco Vicuña. Dirección y coreografía: Juan Onofri Barbato. Sala: Centro de Experimentación del Teatro Colón. Funciones: hasta el sábado, a las 20.30. Duración: 70 minutos. Nuestra opinión: buena. La reflexión sobre Las ruinas / Delirios sobre la Argentina amerita cierto preámbulo. La última producción de Juan Onofri Barbato como director y coreógrafo y dramaturgia de Laura Sbdar que se presenta en el Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC) tomó como punto de partida el legado y sus múltiples resonancias de dos creadores emblema de la danza del siglo XX. Por un lado, la bailaora Antonia Mercé, nacida en 1890 en Buenos Aires, pero que vivió en España (de ahí que se la llamara “La Argentina”). Fue conocida como la reina de las castañuelas y aportó al flamenco cierto aire de vanguardia. De otro lado del hemisferio, repara en Kazuo Ohno, el gran maestro del butoh convertido en un referente de la danza/teatro. En 1929, el gran creador vio en Japón un espectáculo de “La Argentina” que modificó su hoja de ruta. Dejó la gimnasia y se dedicó a la danza. En 1977, el maestro fallecido a principios de este siglo a los 103 años, estrenó Admirando La Argentina, homenaje a la bailaora Antonia Mercé, que se presentó en Buenos Aires en 1986. Por su parte, “La Argentina” bailó en la Argentina en 1933. Justamente, en el Teatro Colón. En el programa de mano aparece parte de esta información un tanto vital para esta travesía escénica en tres actos en la que conviven lo teatral, lo coreográfico y lo musical que toma como referencia los ecos de estos dos creadores unidos por el nombre Argentina como marca, como huella, como punto de referencia para cruzar distintos momentos históricos y sociales. Si a la bailaora le tocó vivir el clima previo a la Guerra Civil española y la creación del maestro del butoh que estuvo atravesada por las heridas de la posguerra, Las ruinas decididamente se involucra con este convulsionado tiempo actual y despliega su propia reflexión sobre la identidad nacional en medio de un recorrido escénico por el sótano del Colón de un cuidado trabajo visual complementado por proyecciones y un envolvente diseño lumínico. Por simple azar, la mitad de los espectadores de esta creación de Onofri Barbato con música original de Ailín Grad comienzan este recorrido con una escena en la que se imagina el debut de “La Argentina” en la Argentina de decidido tono grotesco, Durante ese potente número resulta complejo no perderle detalle del trabajo de Tiago Mousseaud, uno de los talentosos performers de esta puesta. “Vamos a darle a ‘La Argentina’ lo que la Argentina se merece: mucho todo y poco nada”, apunta uno de los personajes como si fuera parte de un manifiesto. La segunda escena, que para la otra mitad de los espectadores podrá ser la primera, tiene lugar en otro espacio del CETC. Esta vez, hará falta ponerse auriculares. Un grupo de fanáticos de Kazu Ohno se reúnen alrededor de un fuego mientras preparan un asado. Conversan sobre el bailarín, lo imitan y lo evocan mientras hablan de una mujer que se perdió y cuyo cuerpo aparece carbonizado en medio de un barrio dominado por el miedo, por el silencio, por un paisaje en ruinas. Las ruinas culmina con un sector del público y el otro encontrándose en el espacio central del CTEC. Allí, todo muta. Los 8 performers de formaciones, potencias expresivas y cuerpos diversos y complementarios (Florencia Ciucci, Mariano Landa, Tomi Lebrero, Luis Monroy Grandon, Andrés Molina, Tiago Mousseaud, Paula Servetto y Jorge Thefs) aparecen vestidos iguales. Esta vez la música y el baile se apoderan de ellos. “Lo que se quebró no fue el cuerpo. No. Lo que se quebró fue La Argentina”, se lee en una proyección en medio de este territorio devastado habitado por esta especie de zombis dispuestos a dar batalla. Casi al final de esa secuencia suena el tema “La Argentina arde” y es el mismo compositor, cantante y performer Tomi Lebrero el que hace sonar su bandoneón en medio de este momento expansivo, potente, catártico, liberador. Claramente este trabajo comisionado por el CETC es una apuesta de riesgo al tratar de unir los ecos de dos referentes de la danza que terminaron unidos por el término Argentina y, a partir de esa singularidad, tomar una batería de referencias simbólicas para reflexionar sobre nuestra propia actualidad como sociedad. Tanto Onofri Barbato como Sbdar han demostrado en diversas ocasiones y con sumo talento indagar estas aguas de la experimentación escénica. En este caso, hay que reconocer que hay varias secuencias de este recorrido de una fuerte potencia creativa y de intérpretes que se la juegan, pero la acumulación de referencias por momentos abruma. Sin embargo, van por todo, no se guardan nada. Eso también se agradece.Tal vez cabe pensar que el cuarto acto de esta travesía se produzca al salir del subsuelo del Teatro Colón tratando de amar el propio rompecabezas. 3 stars
Fuente: La Nación