Los riesgos de que el perro duerma en la cama, según los veterinarios

Dormir con una mascota representa una práctica habitual entre los dueños de perros, aunque esta costumbre despierta opiniones divididas entre veterinarios y profesionales de la salud. Mientras muchos buscan el afecto de sus animales durante la noche, diversos expertos en medicina señalan riesgos latentes que deben considerarse con seriedad. De acuerdo con datos del Instituto del Sueño, esta tendencia parece inofensiva, pero encierra desafíos sanitarios reales. En efecto, existen cerca de 250 enfermedades transmitidas de animales a humanos, conocidas técnicamente como zoonosis. Según el organismo, más de 100 de estas patologías guardan relación directa con la convivencia estrecha entre personas y sus compañeros caninos dentro del mismo espacio de descanso.El portal especializado My Pet’s Health sostiene que, si bien el vínculo afectivo genera beneficios, también aparecen inconvenientes técnicos para el dueño. Entre las ventajas, los estudios destacan que compartir el lecho con un can aumenta la oxitocina, hormona que reduce el estrés y baja los niveles de cortisol en el organismo. Además, esta cercanía facilita la desconexión de las preocupaciones diarias y favorece la conciliación del sueño. En el caso de los niños, la presencia del animal brinda una sensación de seguridad y calma ante el miedo a la oscuridad, lo cual impacta de manera positiva en su salud emocional. Incluso, investigaciones sugieren que el contacto temprano con microorganismos propios de los perros fortalece el sistema inmunológico infantil, lo que reduce así la probabilidad de desarrollar asma o alergias respiratorias en el futuro. Para quienes sufren episodios de tristeza o depresión, el efecto terapéutico de dormir junto a una mascota resulta innegable al proporcionar compañía y alivio emocional.Sin embargo, la realidad técnica presenta múltiples desventajas. El problema principal radica en la higiene, dado que los perros circulan por la calle y acumulan bacterias, suciedad y diversos parásitos en su pelaje. Esto obliga a lavar las sábanas y edredones de forma constante, lo cual implica un esfuerzo extra en el mantenimiento del hogar. Asimismo, el riesgo de alergias cobra relevancia, ya que la caspa y los alérgenos transportados por el animal suelen provocar estornudos y malestar en personas sensibles. Otro factor crítico es la conducta territorial del animal. Si el perro se acostumbra a ocupar la cama, puede desarrollar comportamientos problemáticos como morder almohadas, dañar sábanas o incluso marcar el territorio con orina, conductas difíciles de corregir una vez establecidas. Finalmente, la interrupción del sueño constituye una desventaja frecuente. Los movimientos, ruidos y cambios de posición del animal durante la madrugada despiertan al humano en varias ocasiones, lo cual impide un descanso reparador y afecta el rendimiento diario en adultos sanos.Ante este panorama, los veterinarios sugieren medidas preventivas. El dueño debe realizar visitas periódicas al profesional para verificar la salud del animal, mantener las vacunas al día y garantizar una desparasitación constante. Es vital cepillar al perro con frecuencia para eliminar pelo suelto y limpiar sus patas antes de permitirle el acceso al sector de descanso. Si el dueño prefiere mantener el hábito, el lavado frecuente de la ropa de cama resulta indispensable. Alternativamente, colocar una cama propia para la mascota dentro del dormitorio permite disfrutar de su compañía sin los riesgos asociados al contacto directo. En conclusión, la decisión depende de la salud de cada persona y de la disciplina del animal, siempre que se minimicen los factores de riesgo mediante una higiene estricta y cuidados veterinarios constantes.Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA
Leer nota completa en La Nación →