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La Argentina ante la reelección de Lula
La elección de Brasil tiene dimensiones sorprendentes, además de la polarización, brasileña y argentina. Más allá de las discusiones que atraviesan la política hoy -de carácter moral y muy justificadas, por los niveles de corrupción que han invadido la política en Latinoamérica-, para cualquier persona que tenga interés cívico o cultural en la política o en la historia, estamos ante un fenómeno de primera magnitud, que es la evidencia de un liderazgo sobresaliente en términos políticos -no necesariamente de gobierno-, que es el de Lula. Una biografía para Hollywood si uno la examina desde sus orígenes en el nordeste brasileño, surgido de una familia absolutamente pobre y con un padre que los abandona. Trasladado con su familia, sostiene a su madre y a sus hermanos en Santos, trabaja como tornero, así pierde un dedo, enviuda dos veces. Y siempre pierde las elecciones. Esta es una característica que el propio Lula recordó este domingo: de todas las elecciones en las que compitió, siempre perdió en primera vuelta y en algunas revirtió el resultado en la segunda. Es decir, estamos ante un animal político extraordinario que asombra al propio Fernando Henrique Cardoso, un príncipe de la vida intelectual, un sociólogo refinadísimo que dio clases en la Sorbonne y en Oxford. Cardoso siempre estuvo asombrado por la capacidad política de Lula y, además, orgulloso de que después de sus dos presidencias en un país tan desigual como Brasil, su sucesor fuera un obrero, un sindicalista.El editorial de Carlos Pagni en Odisea Argentina (26/10/2026)El domingo, después de haber ganado, Lula dio un discurso muy llamativo. Por supuesto, hizo un gran agradecimiento, en palabras suyas, “a la generosidad del pueblo brasileño a lo largo de toda su biografía”. Habló también del programa de lo que él promete que va a ser su mejor gobierno. Lula cumple este martes 81 años y se ha propuesto un legado dentro de los términos de su propia concepción del poder, de la economía y del gobierno. Pero hubo un par de párrafos que convierten a este discurso en una arenga que refleja muy bien el clima de época. Primero dijo que no va a haber más intervención externa en las elecciones brasileñas. ¿A qué se refería? ¿A la intervención del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump? ¿A las incursiones del presidente Javier Milei en la campaña de Flavio Bolsonaro? No, estaba hablando de la intervención externa en las plataformas digitales.Lula estaba hablando del papel que cumplen hoy las nuevas formas de comunicación en esta democracia que aparece por momentos amenazada en la transmisión de los mensajes y en la manipulación de las conciencias por la operación las redes. Hubo un episodio muy polémico, que tuvo lugar en las plataformas de la compañía Meta, donde fue anulada la posibilidad de que escriba su nombre. Las empresas que participaron de ese episodio alegaron problemas técnicos, y las víctimas de ese episodio, entre ellos el propio presidente electo de Brasil, denunciaron una intencionalidad política. Es un tema interesante porque se advierte la gravitación del mercado en la vida democrática de los grandes actores de lo que hoy es el negocio digital: las megacorporaciones. Un episodio paralelo a este se vivió cuando Volodimir Zelensky, el presidente de Ucrania, denuncia que Elon Musk, propietario de la red social X, lo dejó sin drones en la guerra contra Rusia porque apagó los satélites. Aparentemente fue en solidaridad con la política exterior de Trump que se acercó al presidente ruso, Vladimir Putin, entre otras cosas, para conseguir combustible. Esta es la nueva democracia, sometida a un impacto extraordinario de las nuevas tecnologías.De eso habló Lula este domingo, diciendo que va a regular esas plataformas, abriendo un debate enorme sobre qué es una red. ¿En qué medida regular una red es atentar contra la libertad de expresión? Ese debate quedó inaugurado en Brasil con esta promesa del presidente reelecto. Y después dijo algo que lo identifica con distintas formas de populismo y con algún sesgo, podríamos decir, autoritario, que es algo así como: “Ahora voy a usar yo las redes: voy a hablar yo todos los días, porque no voy a permitir que el periodismo me interprete”. Es una definición muy habitual en muchos líderes de derecha y de izquierda, que pretenden, podríamos decir, la fantasía que les provee X, justamente la red de Musk, de tener una comunicación directa con el pueblo. Y eso condiciona muchísimo esas formas de comunicación y la instalación del líder en la sociedad. Bolsonaro, Trump y Miei son tres líderes afines entre sí que, además de lo que podría ser cierta inclinación ideológica, tienen una característica común: encerrarse durante mucho tiempo a tuitear, bajo la idea de que están hablando con la gente y de que el pueblo son los usuarios que los siguen a ellos en las redes. Desde ese punto de vista se observa que el de Lula fue un discurso de época, de estos nuevos tiempos con toda la problematicidad que trae la relación entre nuevas formas de comunicación y democracia. La clave de esta elección estivo en los que habían estado ausentes en la primera vuelta. Los que se abstuvieron. Y no es solamente una clave de la elección de Lula. Entre la primera y la segunda vuelta, Flavio Bolsonaro aumentó su caudal de votantes en 3.700.000. Es decir, los dos fueron a movilizar al que se había quedado en la casa. Y en esa tarea, ganó Lula. Lo que se vivió este domingo en Brasil fue un récord: nunca hubo tanto nivel de participación en una elección presidencial en la historia de ese país. Es decir, ambos candidatos lograron una proeza de movilización de la gente indiferente o desencantada. Por eso, el mandatario en su discurso le agradeció a los ancianos, a los enfermos y a todos aquellos que se movilizaron para votarlo a él, según el líder del Partido de los Trabajadores (PT), “para salvar la democracia brasileña”. En todo esto hay otra posible lección importante que ya están indagando algunos equipos de campaña para la Argentina. También en la Argentina los niveles de abstención son altísimos. Por lo tanto, la movilización de esos ausentes, puede torcer el rumbo de la historia. Esto ya se vio. Lo vimos en el peronismo durante el gobierno del expresidente, Alberto Fernández. Hay que recordar que en 2021 el gran esfuerzo del peronismo después de las primarias fue ir a buscar a los que no habían votado. Sobre todo en el conurbano bonaerense.Hay otra posible lección de los comicios brasileños para la Argentina. Pese a que es muy difícil traducir países, siempre hay una manipulación de la información, sobre todo por parte de los políticos que quieren ganar -o no perder- con la elección del otro. Pero sí hay un fenómeno que puede servir para la Argentina porque algo pasó el año pasado en este sentido: la idea de mucha gente que, al ver el resultado de la primera vuelta, reacciona y sale a votar. Es como si tomarán conciencia de lo que está pasando. Como si se asustaran. Esto ya lo vimos muchas veces. La primera vez en los últimos años fue durante la primera vuelta de la elección del 2019, cuando el expresidente Mauricio Macri salió a hacer una campaña muy intensa y si bien no logró ganar, recuperó muchísimo respecto de lo que habían sido las primarias. Terminó en el 41%, que es todo un capital político. Lo vimos también en 2025. La elección de la provincia de Buenos Aires, que no tiene casi nada que ver con la de diputados nacionales, fue tomada como una especie de adelanto de lo que iba a suceder y muchísima gente, atemorizada por ver el regreso del kirchnerismo, fue a votar y lo hizo ganar ampliamente a Millei. Dicho sea de paso, Cristina Kirchner, cuando defendía la idea de que no hubiera un adelantamiento de la elección bonaerense, pensaba en estos términos. “Los vamos a asustar”, decía irónicamente. Y es lo que pasó. Mucha gente que tiene miedo ante el kirchnerismo se asustó, fue a votar y dio vuelta a la elección. En la política internacional esto también pasa en muchas ocasiones, como en el caso de los arrepentidos del Brexit, que una vez que votan se dan cuenta de lo que hicieron y quieren volver atrás. ¿Por qué es interesante esto para la Argentina? Porque en nuestro país se está discutiendo si se mantienen o no las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias: las PASO. Son una especie de encuesta perfecta, que puede hacer que haya estos movimientos de mayor arrepentimiento de los que no fueron a votar y mayor participación, que tal vez afecten al peronismo.¿Qué pasaría si en unas elecciones primarias, el mundo no peronista o el antikirchnerismo, advierte que hay un peronismo muy amenazante? A lo mejor, el Gobierno la puede dar vuelta. Sería muy distinto de ir a esa competencia como primera elección. Tal vez definitiva. Estos son comportamientos de los brasileños que pueden permitir sacar lecciones en la política argentina. El peronismo está tratando de capturar el triunfo de Lula como si fuera propio. Dicen que hay acercamientos entre el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, que es el candidato del PJ mejor ubicado en las encuestas, con el equipo de campaña de Lula da Silva. Por otro lado, en el entorno de Sergio Massa -no sabemos si es el propio fundador del Frente Renovador el que impulsó esto-, apareció un grupo de Instagram bajo el título “Volveremos y seremos (más) millones. Grupo de organización y militancia”, acompañado con la cara del exministro, quien, más allá de que siga escondiendo la jugada como suele hacer con mucha habilidad, ya es candidato a presidente. Este grupo hace unas horas tenía 10.000 miembros. Con todo esto, Massa pretende copiar la técnica que llevó adelante el equipo de campaña de Lula, sobre todo después de la primera vuelta: movilizar las redes, pero también las conversaciones de WhatsApp.
Fuente: La Nación