“Antinatural”, “pegada al cuerpo”, “amplía volumen”: las reglas sobre las manos cambian, pero nadie las entiende

Boca sabrá si sigue en la Copa Libertadores el próximo jueves. Recién entonces, si es que gana el partido decisivo que le aguarda, podrá dejar de hablar de las decisiones arbitrales del último martes, contra Cruzeiro en la Bombonera. La mano cobrada y la no sancionada coparon la agenda en estos días. Con una sensación que se desprendió de las quejas airadas: se hace muy difícil, para los hinchas y hasta para los jugadores conocer el reglamento. En nuestro fútbol piden todos. Es el ámbito donde la pelota se va al lateral cerca de los bancos de suplentes y se observa a los dos técnicos pedir que le corresponde sacar a su equipo; los dos levantan el brazo, simultáneamente, cada uno hacia un lado distinto. Ya sea para condicionar o porque están convencidos, en el área los pedidos son masivos. Incluso puede no ir acompañado de un argumento valedero. Los jugadores de Boca le reclamaron al árbitro Jesús Valenzuela que debió haber cobrado penal simplemente porque Lucas Romero “la tocó con la mano”. Como si todas las manos fuesen cobrables. Como si no hubiese que interpretar el contacto de la pelota con el brazo. Vale puntualizar, los encargados de escribir las reglas se las hicieron difícil. El recorrido de las manos que deben sancionarse cambió como nunca en los últimos años. Lo que siempre debió evaluarse en primer término fue la intención. Eso no cambió. Pero hecha la ley, hecha la maña. Y a veces un jugador, en posición defensiva, abría los brazos simulando hacerlo sin querer; engañaba porque miraba para otro lado, pero sabía que así tenía más chances de tapar un remate. Así surgieron las nociones de “posición antinatural” y de “ampliación de espacio”.La regla considera antinatural a la mano que “no es consecuencia del movimiento de su cuerpo en esa acción concreta o no se puede justificar por dicho movimiento”. El problema es la subjetividad. ¿A cuántos centímetros del resto del cuerpo un brazo está en posición natural? Entendiendo que la inercia del movimiento obliga a valerse de los brazos para el equilibrio, lo antinatural es correr con los brazos pegados al resto del cuerpo. O, tal como se ve a muchos defensores para que los árbitros no les cobren manos que no son, ¡con los brazos detrás de la espalda! Parece que cumplen una prenda. En el gol de Cruzeiro, el VAR a cargo de Ángel Arteaga omitió que los brazos se mueven y convocó a Valenzuela a una revisión ilógica por supuesta mano de Kaiki, el jugador que tiró el centro. En la mano que pidió Boca, Romero estaba en posición convencional y la pelota buscó su brazo, no al revés. En el gol anulado a Miguel Merentiel, si antes pegó en el brazo de Milton Delgado pudo haberse debido a cómo quedó su cuerpo cuando intentó cabecear. No pareció una mano deliberada. Y tampoco ingresaba en el concepto de mano de inmediatez, lo cual merece otro desarrollo. La mano que vio el árbitro: penal para Racing ante CaraboboEn la final de la Champions 2015 que Barcelona le ganó a Juventus, Neymar hizo el movimiento de un cabezazo, pero le erró y la pelota le pegó en la mano; fue gol. Los jugadores italianos protestaron y el árbitro turco Cüneyt Çakir primero lo dio por válido por considerar que había sido un toque accidental, pero luego lo anuló, a instancias del árbitro extra que en esos años la Champions colocaba al lado de los arcos en las finales. Esa decisión se adelantó a un cambio de regla que todavía no se había legislado. Barcelona salió campeón. Y la regla cambió: si el fútbol se juega con los pies, desde entonces se prohibió convertir un gol con la mano fuera intencional o no. Se le agregó la inmediatez para sancionar no sólo la mano que convirtiera el gol sino la que lo propiciara. La regla estableció que se sancionaría en los casos en que transcurriera “una distancia muy corta” o se dieran “pocos pases” desde la mano hasta el gol. De allí, el concepto de inmediatez. ¿Pero de cuánto debía ser la distancia? ¿Cuántos pases tenían que ser? Una nueva subjetividad.La International Board tuvo que encontrar una solución. Fue, como suele suceder, a partir de otra jugada relevante. Una jugada cambia el juego. El Mundial de Clubes de 2021 se definió con una polémica. Bayern Munich le ganó a Tigres de México con un gol del francés Benjamin Pavard, a quien le cayó la pelota luego de que rebotara en la muñeca de Robert Lewandowski. Los árbitros no pudieron precisar si había dado en la mano o no. Pero la acción sirvió para reducir el margen de polémicas. Al mes siguiente, la International Board debió explicar que “no todos los contactos del balón con la mano o con el brazo constituyen infracción”. Y publicó lo siguiente: “Se deja de considerar infracción la acción en la que se toque el balón con la mano o el brazo de manera accidental y, acto seguido, un compañero de equipo marque gol o disponga de una ocasión para ello”. Una jugada es tiro libre para el rival en un momento y gol al año siguiente. La mano de LewandoskiSucede algo más. Los árbitros mundialistas próximamente acudirán al seminario previo a la Copa. En esos congresos, los ejemplos que suelen poner son de jugadas exageradas, las que no generan dudas; es imposible explicar todas las variantes. Allí los árbitros seguramente escucharán directrices para cumplir en los partidos; dos de ellas serán penar el juego brusco grave y adicionar los minutos necesarios para compensar un bajo tiempo neto. Tal vez les hagan hincapié en que no se deben convalidar goles con la mano, sean directas o no, así como tampoco tienen que permitir que se evite un gol con una mano casual. Es decir, en las recomendaciones a los árbitros se les piden cuestiones que no están reglamentadas. A esta altura, es lógico que entre los propios árbitros reinen la falta de criterio homogéneo y la confusión. A semanas de un Mundial, es de esperar que no haya una jugada de estas que defina un partido. Ya sucedió en un encuentro de cuartos de final entre Alemania y España; al poco tiempo, la UEFA reconoció que el árbitro debió haber cobrado penal para Alemania por mano de Marc Cucurella. De fútbol hablamos todos, pero no se sabe cuántos lo hacen de acuerdo a lo que hay que hacer o a lo que haría cada uno. Las reglas no se escriben para que no haya dudas. Es extraño que eso ocurra en el juego más universal de todos, el más comentado y el que permite creer que el saber es sólo una cuestión natural.
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