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“Nunca vi algo así”: Pinta BAphoto, una feria que sorprende y conmueve con múltiples historias
“Nunca vi algo así”, confiesa Roberto Vega a LA NACION, mientras abre un álbum de fotos tomadas por Esteban Gonnet en 1866. “Adornos de las chinas”, dice el epígrafe de una imagen que registra los accesorios que usaban en aquella época las mujeres indígenas en la Argentina. “Estoy disfónico”, se disculpa este anticuario, director de la galería y casa de subastas Hilario, que no para de relatar múltiples historias detrás de las 400 fotografías que exhibe en Pinta BAphoto desde que la feria se inauguró el jueves en La Rural. Cuando cierre mañana su 22ª edición, habrá despertado en cientos de visitantes la curiosidad suficiente para seguir investigando. Virginie Despentes: “Qué pasa con la sexualidad hetero para que sea tan mortífera, rabiosa y siniestra”Cada página que muestra Vega merece un comentario e invita a continuar. “¿Ves esas manchitas blancas? Es ropa lavada, secándose al sol”, señala este experto en un paisaje que muestra la costa porteña del Río de la Plata y el edificio de la Aduana Taylor -el primero de gran volumen construido en Buenos Aires, demolido en 1894 y ocupado actualmente por el Parque Colón. “Todo esto se tiró abajo para crear el puerto –explica-, porque el río tenía muy poco calado y los barcos no podían acercarse hasta la costa, por eso era más importante Montevideo que Buenos Aires. Acá se ven las embarcaciones retiradas y el muelle de pasajeros, a quienes buscaban con botes más chicos o carros con ruedas altas, y dos casillas que hacían migraciones”.Hay casi cuarenta escenas de la ciudad tomadas en 1864 y 1865 por Gonnet, fotógrafo de origen francés, y Benito Panunzi, un italiano que además era ingeniero y arquitecto. “Valen mucho”, dice Vega sin mencionar el costo exacto de estos tres álbums, en los cuales asegura que “hay más de un interesado”. “Estamos trabajando para que queden en la Argentina”, agrega. Mientras tanto, quienes quieran aprender algo de historia pueden acercarse a una pantalla donde se muestran esas imágenes antiguas digitalizadas, o sentarse a ver las copias realizadas por este experto para preservar la conservación de los originales. Basta caminar un par de metros para profundizar en un valioso legado: justo enfrente se ubicar el stand de Alexander Alexander, un Special Project a cargo de Francisco Medail que reúne al investigador Abel Alexander con una tradición familiar iniciada por su tatarabuelo, Adolfo. Este último nació en Alemania en 1822 y se radicó en 1855 en la Argentina, donde abrió su propio estudio. Tuvo cuatro hijos que aprendieron el oficio. Uno de ellos, Adolfo Gerónimo Ramón, fue el abuelo de Abel y bisabuelo de Axel, quien trabajó como fotorreportero en Clarín y LA NACION y ahora está sacando fotos en Pinta BAphoto. “A partir de los veinte años me dediqué a ser fotógrafo –relató Abel-. Tenía cuarenta cuando la novia de mi hermano trajo una revista del ACA con una nota de Vicente Gesualdo que mencionaba a Adolfo Alexander. ‘¿Es algo tuyo?’, me preguntó. ‘No, que yo sepa’, le dije. Pero mi padre, que estaba al lado, me dice: ‘¿Cómo que no? Es mi bisabuelo’ ‘¿Y recién ahora me lo decís?’, le digo. Y me responde: ‘Pero Abel, era sólo un fotógrafo’. Después me di cuenta de que mi papá no era ignorante, sino que la sociedad argentina en 1980 no veía la trascendencia de los fotógrafos como historiadores visuales. No existía una historia de la fotografía argentina. Entonces, investigando a este a este antepasado, me metí de una manera muy entusiasta en la historia de la fotografía. Ahí nací como investigador”.Hasta tal punto se apasionó con el tema, que en 1985 cofundó el Centro de Investigaciones sobre Fotografía Antigua en la Argentina [Cifaa], institución pionera. Y luego se contó también entre los impulsores de los Congresos de Historia de la Fotografía, que reunieron a investigadores, coleccionistas, conservadores e historiadores latinoamericanos.Desde Panamá llega otra gran historia a esta edición de la feria: la de Sandra Eleta, nacida en ese país en 1942 y protagonista de la sección homenaje. “Desde los años setenta, cuando se instaló en Portobelo, construyó una obra que retrata la vida cotidiana de las comunidades afrodescendientes e indígenas del Caribe panameño”, dice Irene Gelfman, curadora global de Pinta y a cargo también de la muestra titulada Proceso brujo.“La llaman bruja, con cariño”, explica a LA NACION Carolina Hausmann, directora de la Fundación Casa Santa Ana, que publicó un extenso libro sobre su obra. A continuación, explica por qué. “Cuando era niña, su papá la llevó a Portobelo a conocer a D’Orcy, un señor de las Antillas francesas que le había salvado la vida a su abuelo”, relata. Al volver al país, después de estudiar en Nueva York y de vivir en España, quiso volver a verlo. Pero había muerto, y le había dejado a su padre la casa de madera donde vivía. “Yo he estado tratando de regalársela a la gente del pueblo, pero nadie la quiere porque dicen que ahí vive su espíritu”, le dijo el padre. Y Sandra respondió: “Yo la quiero”. “Imagínate a esta mujer de unos treinta años, blanca y rica, en ese pueblo pesquero, afrocaribeño –agrega Hausmann-. Ella prende velas y usa las guayaberas del muerto. Es la mujer más excéntrica del mundo. La empiezan a llamar ‘la loca’ o ‘la bruja’. Hoy le dicen así con cariño”. Ese es apenas el inicio de esta historia. “Ella ponía música –continúa esta invitada especial de Fundación Pinta, que mañana hablará sobre el tema en el foro-. Primero se acercaron los niños, y a través de los niños fue conectando con esta comunidad. Admiraba mucho a Eugene Smith, un fotógrafo estadounidense que había tomado fotos de partos, y quería hacer lo mismo. Así conoció a Josefa, la curandera del pueblo. Sandra toma fotos de un parto, las revela, considera que son las peores fotos que he visto en su vida y decide abandonar la fotografía”. No, tampoco, termina acá. “El papá de Sandra –continúa Hausmann- era manager de ‘Mano de Piedra’ Durán, el boxeador panameño. Había ido a una pelea en Japón donde le regalaron una cámara Hasselblad que había viajado a la Luna. Se la da a Sandra, pero ella insiste en que ya no es fotógrafa. Hasta que, a mediados de los años 70, Josefa la invita a participar de una cura de mal de ojo. ‘Yo te voy a parir tu ojo’, le dice. Entonces tiene esta experiencia, en la cual nace su visión como fotógrafa. Ella dice que, en ese momento, ocurrió algo muy mágico”.Para agendar:22ª edición de Pinta BAphoto, hasta el domingo en el Pabellón 8 de La Rural (Av. Sarmiento 2704). Mañana a las 16 en el Foro, Nancy Calvo, representante de Sandra Eleta, y Carolina Hausmann, directora de la Fundación Casa Santa Ana, hablarán con la periodista Claribel Terré Morell.
Fuente: La Nación