En el gobierno de Lula creen que Milei podría no reconocer un eventual triunfo del PT

A dos días del balotaje en Brasil, el Palacio del Planalto trabaja con la hipótesis de que el gobierno de Javier Milei podría no reconocer una eventual victoria de Luiz Inácio Lula da Silva. La lectura se consolidó después de que el presidente argentino insinuara esta semana que el Partido de los Trabajadores (PT) podría “robarse la elección”.“Milei está dando la impresión de que es un presidente que no va a reconocer la elección si no gana el que él quiere”, aseguró una fuente del Palacio del Planalto con acceso al despacho presidencial. En el gobierno brasileño calculan, además, que el daño en la relación bilateral será difícil de reparar rápidamente, una vez terminado el proceso electoral, si Lula es reelegido.La remontada de Lula sigue siendo un escenario difícil: el senador y candidato opositor Flavio Bolsonaro ganó la primera vuelta del 4 de octubre por casi dos puntos, unos 2,2 millones de votos. Pero en la campaña oficialista hablan de un envión de cara al balotaje, especialmente en las últimas dos semanas, que deja abierta la expectativa de un vuelco el próximo domingo.La última encuesta de Datafolha, publicada ayer, muestra a Flávio con 47% y a Lula con 46%, y por primera vez en dos meses la aprobación del gobierno (49%) supera a la desaprobación (48%), aunque dentro del margen de error.El vínculo entre la Argentina y Brasil ya venía deteriorado, pero una nueva escalada lo agravó esta semana. El martes, Milei compartió en X un fragmento de una entrevista en la que Lula hablaba sobre el rol de las mujeres en casa para defender la reducción de la jornada laboral. El presidente argentino acusó a Lula de ser un “progre machirulo”. Y agregó: “Espero que su último truco de campaña sucia no incluya robarse la elección... zurdo ladrón”.La Cancillería brasileña, que conduce Mauro Vieira, respondió esa misma tarde que las ofensas, dirigidas “esta vez al Poder Judicial y al sistema de voto electrónico”, eran “un nuevo e inaceptable intento de injerencia externa en el proceso democrático brasileño”. Acusó, además, al mandatario argentino de reiterar “mentiras difundidas por quienes perdieron las elecciones y protagonizaron el fallido golpe militar de hace cuatro años”.No es la primera vez que Milei apunta a la justicia brasileña. En julio, en la convención del Partido Liberal (PL) que proclamó a Flávio Bolsonaro, Milei llamó “basura calva” al juez Alexandre de Moraes, relator de la causa que condenó a Jair Bolsonaro a 27 años y tres meses de prisión por intento de golpe, después de que el magistrado le impidiera visitar a su “amigo”. Ese discurso, seguido por reiterados insultos en los días siguientes, derivó en la rebaja de la relación: Brasilia llamó a consultas a su embajador y, desde agosto, ninguno de los dos países tiene embajador en la capital del otro.En el entorno de Lula, igualmente, le restan importancia a lo que pueda decir o hacer Milei, a quien consideran una figura de posiciones “poco equilibradas” y con “poca credibilidad” en Brasil. Hastsa el momento, aseguran que sus declaraciones no modifican las preocupaciones del gobierno de cara al domingo ni el curso institucional posterior a la elección.La nota de Itamaraty, explican fuentes oficiales, casi no requirió discusión interna, ya que el ataque no apuntaba sólo a Lula, sino a la integridad del proceso electoral.“Quien decidió romper el mínimo de protocolo diplomático fue él [Milei]. Vino al país a atacar a las instituciones y después dice que, si Lula gana, será un robo”, explicaron en el Planalto. “La normalización de la relación dependerá esencialmente del Ejecutivo argentino. Pero si (Milei) sigue comportándose como un nene, no habrá forma de fingir que está todo bien”.El hijo mayor del expresidente Bolsonaro hizo de la sintonía con Milei un activo de su campaña en varios tramos. Tras reunirse con él en Buenos Aires este año, prometió que “si en la Argentina hubo motosierra, en Brasil va a haber un tijeretazo en los impuestos, en la burocracia y en la corrupción”. A mediados de septiembre, en un foro empresarial en San Pablo, la coordinadora económica de su campaña, Daniella Marques, anunció que el programa se inspiraría “en lo que hizo el gobierno de Milei” y definió al libertario como “un óptimo ejemplo” en la recuperación de la capacidad de inversión y la reducción de burocracia e impuestos. La frase se convirtió desde entonces en un caballito de batalla del PT.En la estrategia electoral, el PT encontró en Milei a un aliado involuntario. Para el oficialismo, presentar a la Argentina como horizonte para Brasil fue un tiro en el pie de la campaña de Flavio, debido a que “la recesión y los índices de pobreza” argentinos juegan en contra del candidato del PL. Encuestas cualitativas manejadas por el oficialismo indicaron que la asociación con un modelo de recortes drásticos en el gasto social no le conviene, y por eso el bolsonarismo dejó de invocarlo con tanta frecuencia.“Cuanto más el compañero Milei quiera decir pavadas, más nos ayuda a librarnos de esa gente”, dijo con ironía un asesor palaciano.En el debate del domingo pasado, Lula le enrostró a Flavio el costo social del ajuste argentino y le preguntó si su modelo seguía siendo el de Milei. Este viernes, el presidente de Brasil publicó en X un video grabado frente al Congreso argentino, en el que el diputado Paulo Pimenta entrevista a Santiago Tangir, asesor del gobierno de la provincia de Buenos Aires.En el video, Tangir sostiene que el 65% del recorte de Milei recayó sobre jubilaciones y gasto social. La pieza muestra además a Milei junto a Flavio con una tijera gigante en la convención de julio. “La misma motosierra que pasó por allá ahora amenaza con pasar en Brasil, con la tijera de Flavio Bolsonaro”, escribió Lula.“Ya sabemos el caos que ha sido la Argentina con la pobreza, el hambre y el aumento de la desigualdad”, dijo esta semana el senador Camilo Santana, portavoz de la campaña de Lula para el balotaje, que señaló a Milei como “el gran aliado” de Bolsonaro. “Y nosotros no vamos a permitir que Brasil se transforme en una Argentina”.

Fuente: La Nación