En familia: la diseñadora Gabriela Dueñas nos recibe junto a sus hijas, Paula y Victoria Tucci, en su casa de Tortugas

Entre Gabriela Dueñas (59) y Paula (28) y Victoria (24) Tucci –dos de los tres hijos que la diseñadora tuvo con César Tucci–, hay una conexión que va más allá de los genes y que se mezcla con un estilo y un legado vinculado a una conocida marca de ropa de la Argentina: Tucci. “La moda vino en nuestro chip. Nacimos y nos criamos entre telas; pasamos toda nuestra vida dentro de la fábrica. Literalmente. Cuando mamá se reintegraba a la oficina, nos llevaba con ella. Para nosotros, la ropa es más que vestirnos: es una forma de expresión y una gran pasión”, cuentan Paula y Victoria. “Como en casa nos dieron mucha libertad –no sólo para elegir qué ropa ponernos, qué peinado hacernos y hasta cómo decorar nuestras habitaciones–, fuimos construyendo estilos y personalidades diferentes. Somos diferentes, pero algo nos conecta”, cuentan. Son –aseguran– la mezcla de la creatividad y un ojo estético y también de audacia y tenacidad. –¿Podrían haber zafado del ADN familiar y haberse dedicado a otra cosa? Hoy los tres Tucci están en la empresa. Gabriela: ¡A ninguno se le impuso nada! Cuando era muy chico, Ramiro (29) me dijo: “¿Qué hago para ser dueño?”. [Se ríe]. Estudiar, le respondí. Todavía estaba en la secundaria cuando nos pidió ir a trabajar a la fábrica. Durante dos años pasó sus vacaciones de verano trabajando en el depósito y con el tiempo fue pasando por diferentes sectores; después empezó Administración de Empresas [en la Universidad Austral]. Hoy Ramiro está haciendo un programa con inteligencia artificial: gracias a eso sabemos en tiempo real qué vende en cada local.Paula: Mamá y Marcelo [Devitta; el empresario con quien Gabriela está casada desde hace venitidós años] nos dieron la oportunidad de hacernos un lugar en la empresa, pero tuvimos que ganárnoslo: siempre tuvimos gente que nos fue enseñando y marcando la cancha. Nos enseñaron que a las cosas nos las tenemos que ganar; que nada viene porque sí. Los tres pagamos el derecho de piso sin importar que fuéramos “los hijos de”. A mí siempre me gustó editar videos, hacer contenido para redes y sacar fotos, como a mi mamá, que siempre tuvo buenas cámaras y vivía sacándonos fotos. En casa, aseguran que sé cuándo un contenido va a funcionar. Varios de los videos que subí recientemente, como el que hice probándome el vestido de novia de mi mamá, tuvieron más de 4 millones de visualizaciones. Cuando se conocieron, mamá hacía vestidos de novia y papá ya tenía Tucci; vendía al por mayor.Gabriela: Yo quería estudiar Arquitectura, pero, como no había vacantes pensé en Diseño de Interiores. Como tampoco pude, hice Diseño de Moda en la Biblioteca de Mujeres, que en ese momento era el único lugar donde se estudiaba porque no existía como carrera oficial. Dedicarme a la moda, entonces, fue casi una casualidad. Y terminé enamorándome de la moldería: para mí, era como hacer un plano. Empecé haciendo vestidos de novia junto con una socia. Cuando lo conocí a César, él vendía 12 mil prendas por temporada y yo, doce vestidos al año... ¡uno por mes! [Se ríe].–Y vos, Victoria, te animaste a lanzar VT, tu propia marca. Victoria: Sí, hace cinco años. En el último año del colegio diseñé el outfit para mi gala: un corset de cuero ecológico muy rockero y un pantalón bien ancho. Cuando las diseñadoras de Tucci lo vieron, me preguntaron si podían sumarlos a la colección. Al poco tiempo hice una cápsula y, después, una colección. Lanzar una marca propia fue un gran desafío. Tengo ADD, discalculia, dismetría y dislexia, y, por un comentario de una profesora, empecé a pensar que, si no podía con el colegio, ¿cómo haría con una carrera universitaria… con mi vida? Mi familia fue clave: me decían que iba a poder. Empecé Diseño de Indumentaria en la UP –después estudió estilismo, asesoramiento de imagen y organización de eventos– y, tal como me dijeron en casa, fui a fondo. Y acá estoy, dándolo todo.

Fuente: La Nación