Borges y su generosa idea del plagio

(Ann Arbor, Michigan).- Los buenos artistas copian, los genios roban. Todo texto es un tejido nuevo de citas pasadas. Los intérpretes bíblicos encuentran gran parte del Antiguo Testamento en el Nuevo. Los romanos reescribieron a los griegos. Me gusta Quintus Octavius Avitus, quien, al parecer, dedicó ocho volúmenes a demostrar que Virgilio era un plagiario incorregible. Esas traslaciones correspondían a los hábitos de una época, del todo ajena a nuestro concepto del plagio, sin duda menos literario que comercial.El periodista Ramón Doll, en los años 30, sostiene que Borges abusa de los textos ajenos. No solo reproduce textos de otros, sino que lo hace inmoderadamente, como si nunca hubiesen sido publicados. El propio Borges, que decía que imitaba a Macedonio Fernández “hasta el apasionado y devoto plagio”, tomaría de él la idea de que “cada escritor crea a sus precursores”, a partir de frases de Macedonio como “Necesidad de una teoría que establezca cómo no es el segundo inventor sino el primero quien comete el plagio”. Borges desarrolla la idea, que había identificado en “La eternidad y T. S. Eliot”, en su conocido ensayo “Kafka y sus precursores”. Como dice Eliot: “El pasado es modificado por el presente, el presente es dirigido por el pasado”.El mundo ya está hecho, dicho y escrito. Conjugado en pasado, como lo conjuga Borges a partir de cierto momento, el mundo es un gigantesco espacio de almacenamiento.Periodista: Borges, ¿usted copió mucho?Borges: Yo diría que plagié mucho, más bien. Creo que la copia es un placer, y un deber también.¿Acaso exista un solo libro huérfano, un libro que no sea el descendiente de algún otro libro?Hacedor de estrellas es una novela de ciencia ficción escrita por el inglés Olaf Stapledon en 1937: “En un cosmos inconcebiblemente complejo, cada vez que una criatura se enfrentaba con diversas alternativas, no elegía una sino todas, creando de este modo muchas historias universales del cosmos [...] y a cada instante ese universo se ramificaba infinitamente en otros universos, y estos, en otros a su vez”. Y en “El Jardín de senderos que se bifurcan”, Borges dice: “En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts’ui Pên, opta –simultáneamente– por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también proliferan y se bifurcan”.En “Del rigor en la ciencia” Borges imagina un imperio en el que la ciencia de la cartografía se vuelve tan exacta que solo un mapa a escala del imperio mismo será suficiente. La historia elabora un concepto encontrado en “Silvia y Bruno” de Lewis Carroll: un mapa ficticio que tenía una escala de “una milla por milla”. Uno de los personajes en la historia de Carroll hace notar varias de las dificultades prácticas con el mapa y asegura que “ahora usamos el país mismo como su propio mapa, y [le] aseguro que funciona casi igual de bien”.Kurd Lasswitz es el autor de “Die Universalbibliothek” —“La biblioteca universal”, de 1904, con volúmenes de quinientas páginas, cada página de cuarenta líneas de cincuenta caracteres cada una, incluidos los espacios—, antecedente directo de “La biblioteca de Babel”, con todos los libros posibles combinando 25 caracteres (22 del alfabeto occidental, el punto, la coma y el espacio en blanco).Borges inventa un mapa literario e inventa sus recorridos. No es infrecuente que, a propósito del plagio, se citen frases de “Pierre Menard, autor del Quijote”. A comienzos del siglo XX, el novelista y poeta simbolista francés Pierre Menard concibe un proyecto asombroso, “producir unas páginas que coincidieran —palabra por palabra y línea por línea— con las de Miguel de Cervantes”. En este cuento sí ya se puede definir al Quijote de Menard como un plagio del texto de Cervantes. Menard enriquece, por desplazamiento y anacronismo, los capítulos del Quijote de Cervantes. Los hace menos previsibles, más originales y sorprendentes. Es una idea extraordinaria que Borges expone a través de una ficción. No existe el concepto del plagio: se ha establecido que todas las obras son obra de un solo autor, que es intemporal y es anónimo. Plagiar es ser otro, pero el que plagia adhiere al texto una nueva capa inevitable. El plagio que vale es el que se ejerce para ir más allá del texto original y que se hace a cielo abierto. Nietzsche, interrogado, replicaría que lo importante es la transformación que una idea puede obrar en nosotros, no el mero hecho de razonarla. Robar de uno es plagio, robar de muchos es investigación.Nota final: Todas las frases de este texto son plagiadas (inventario de los plagios: www.albertorojo.com/plagios)Alberto Rojo es doctor en física especializado en mecánica cuántica, docente y músico

Fuente: La Nación