Hay palabras que de golpe parecen nuevas aunque lleven décadas, o incluso siglos, dando vueltas. Algo de eso ocurre hoy con los productos biológicos para el agro, que ganaron protagonismo en congresos, exposiciones, laboratorios y hasta en los planes de inversión de grandes multinacionales.
Pero para Nicolás Gruz, ingeniero agrónomo vinculado a Laboratorio San Pablo, hay que mirar bastante más atrás para entender de dónde viene esta historia.
“Se habla del uso de biológicos de alguna manera desde la época de los romanos”, explicó Gruz durante una entrevista con Bichos de Campo. Según relató, ya entonces se trasladaba tierra desde lotes donde se cultivaban leguminosas hacia otros donde esas plantas no prosperaban, logrando así, aunque sin conocer todavía el mecanismo, incorporar microorganismos beneficiosos.
“Lo que estaban haciendo en realidad era mover rizobios de un lote que había a otro que no y lograban una inoculación”, explicó.
Por supuesto que aquello estaba muy lejos de la microbiología agrícola moderna. Pero Gruz destacó que tampoco esta disciplina científica nació ayer. “Se viene estudiando hace por lo menos 120 años, mínimo”, sostuvo.
Nicolás Gruz es uno de los responsables de un llamativo ensayo de trigo en San Juan, que cree que es posible que siembre allí gracias a los insumos biológicos
El agrónomo puso como ejemplo el caso de bacterias fijadoras de nitrógeno que fueron aisladas a comienzos del siglo XX y cuyas capacidades terminaron de comprenderse varias décadas después. El punto, dijo, es que detrás del actual auge comercial existe una larga historia de investigación.
Eso también se refleja en la trayectoria de la firma tucumana para la que trabaja. Laboratorio San Pablo comenzó hace casi 30 años a desarrollar productos biológicos para la agricultura, en una época en que hablar de ese tipo de insumos no tenía el atractivo comercial que tiene actualmente.
“En ese momento los biológicos eran para el común de la gente algo como ‘dejalo para la huerta’, como algo más amateur”, recordó Gruz.
Mirá la entrevista completa con Nicolás Gruz:
La empresa inició comercialmente su recorrido con la inoculación de soja, una práctica que terminaría incorporándose masivamente al paquete tecnológico del cultivo. Pero mientras el mercado todavía miraba con cierta distancia a la microbiología agrícola, aquellos años permitieron acumular experiencia.
“Eran pocos los locos, entre comillas, que se animaban a ir hacia este lado, pero eran los que hicieron las primeras pruebas”, señaló. Esos ensayos, explicó, sirvieron para ajustar dosis, momentos de aplicación y formas de utilización directamente a campo, algo que hasta entonces estaba mucho más concentrado en condiciones controladas y trabajos de laboratorio.
Hoy el escenario es radicalmente diferente. Según contó Gruz, San Pablo cuenta con un portfolio de más de 70 productos y las demandas de los productores fueron ampliando las líneas de investigación y desarrollo.
Casi 100 años después, el trigo se prepara para volver a San Juan: Realizaron en Jáchal una cosecha experimental del cereal, con resultados prometedores
Uno de los ejemplos que mencionó es una bacteria que puede fijar nitrógeno atmosférico y aplicarse de manera foliar, es decir, cuando el cultivo ya está implantado y desarrollado.
¿Por qué aparecen herramientas de ese tipo? Gruz lo explicó de una manera bastante sencilla: el productor necesita conseguir unidades de nitrógeno cada vez más eficientes y a costos razonables.
La suba internacional de los fertilizantes, especialmente después de los conflictos en la región del Mar Negro, ayudó a acelerar esa búsqueda. Pero el agrónomo hizo una aclaración importante para evitar interpretaciones exageradas sobre las posibilidades de los biológicos. “Este tipo de tecnologías no son un reemplazo de la fertilización de base, pero sí son un complemento”, afirmó.
Su aporte, explicó, pasa entre otras cosas por mejorar la eficiencia metabólica de la planta y favorecer procesos como la formación de pelos radiculares, la absorción de nutrientes y una mayor exploración del suelo.
“Trabajamos para combatir la idea de que son humo”, dicen en la Cámara de Bioinsumos: Avisan que el mundo ya pegó el viraje hacia los biológicos y critican la legislación “incómoda” del Senasa
Durante mucho tiempo, explicó Gruz, el productor prestó especial atención a la fertilidad química y física del suelo. Ahora comenzó a incorporarse con más fuerza un tercer componente: la fertilidad biológica y la interacción entre plantas, bacterias y hongos. “El productor vio que necesitaba algún tipo de cambio”, resumió.
La siembra directa fue uno de los grandes cambios de manejo adoptados para conservar los suelos, pero Gruz considera que hoy es necesario sumar nuevas herramientas.
Según afirmó, hay lotes del corazón de la región pampeana que históricamente presentaban niveles de entre 30 y 40 partes por millón de fósforo y que actualmente se encuentran en valores de 11 o 14 partes por millón.
“Eso es degradación”, afirmó. Y agregó que existen “suelos decapitados” en zonas agrícolas emblemáticas como Pergamino, Rojas o Ramallo. Por eso cree que el crecimiento de los biológicos no puede explicarse simplemente como una moda comercial.
“Todavía falta madurar el sector”: Jimena Sabor, desde la cámara sectorial, advierte que la industria de biológicos sigue en construcción
“Hay un tema en el cual yo creo que, en la generalidad, no queda mucha más historia que ir hacia esto. Hoy ya la presión es tal porque la degradación de los sistemas está clarita para todos”, sostuvo.
Eso tampoco significa, aclaró, que un microorganismo vaya a resolver por sí solo décadas de deterioro agrícola. “No son la única solución. La solución está en el manejo integrado de todas las herramientas”, explicó.
Allí entran las rotaciones, los cultivos de servicio, la incorporación de materia orgánica, la fertilización y también los bioinsumos. Como ejemplo mencionó al género Trichoderma, conocido principalmente por su utilización como herramienta de control biológico de enfermedades, pero que también puede intervenir en procesos vinculados con la disponibilidad de nutrientes y la transformación de materia orgánica.
Para estas cosas estaba el INTA: Diego Sauka se puso a secuenciar el genoma de los microorganismos y reveló un mundo nuevo para la industria de los insumos biológicos
El auge actual tiene otra particularidad. Muchas de las grandes compañías de agroquímicos que históricamente basaron sus negocios en productos de síntesis química están comprando empresas, desarrollando tecnologías o destinando fuertes inversiones a los biológicos.
Podría pensarse que eso incomoda a quienes trabajan desde hace mucho tiempo en ese sector. Gruz aseguró que ocurre lo contrario.
“Las multinacionales tienen un poder de imposición de tecnología que por ahí una empresa un poco más chica, con menor capital, no tiene. Pero van abriendo camino y ahí aparecemos otras empresas nacionales o más chicas”, razonó.
Para él, que compañías de gran escala empujen esas tecnologías contribuye también a que los productores las conozcan y las incorporen. “Hay espacio para todo el mercado”, señaló.
Agro & Campo
¿Los biológicos son una moda? Nicolás Gruz los produce desde Tucumán y recuerda que hasta los romanos inoculaban sus cultivos
Fuente: Bichos de Campo