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Río de Janeiro, el bastión de los Bolsonaro: las claves del poder de la familia que desafía a Lula
RÍO DE JANEIRO.– “El señor vivía acá sí, fue de los primeros en tener una casa en el barrio. Después ya cuando fue presidente venía para año nuevo y hacía un asado, se juntaba con amigos. Todo el mundo lo conoce, este es un barrio muy bolsonarista”, dijo a LA NACION Celia, una residente del complejo Viviendas da Barra, en el exclusivo barrio de Barra de Tijuca, en Río de Janeiro.La mujer se refería al expresidente brasileño condenado por intento de golpe de Estado Jair Bolsonaro, cuyo primogénito y actual representante del Partido Liberal (PL), Flavio Bolsonaro, se medirá el próximo domingo frente al mandatario de Brasil y candidato del Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inacio Lula da Silva, en un reñido balotaje para decidir quien se queda con el Palacio del Planalto.Parada junto a su perro frente al complejo de viviendas en el que la familia bolsonaro aún mantiene un condominio, y que se convirtió en punto de referencia de los simpatizantes de la familia, Celia es una muestra más de cómo, con el correr de los años, el Estado de Río de Janeiro se convirtió en el principal bastión de lo que hoy se conoce como bolsonarismo.En el balotaje de 2018, cuando ganó la presidencia, Jair Bolsonaro consiguió en Río una diferencia a su favor de alrededor de 36 puntos porcentuales por encima del candidato de Lula. El 4 de octubre, en la primera vuelta de estas elecciones, Flavio se despegó del actual presidente por casi 13% de los votos en el estado carioca.Con una representación del 8% del electorado nacional, en unas elecciones ampliamente polarizadas y con los candidatos prácticamente empatados (según la última encuesta publicada por Quaest el miércoles, Flavio con 45% de intención de voto y Lula con un 44%), Río podría ser la llave que defina al próximo presidente de Brasil.La creación del bolsonarismo“Río de Janeiro tiene diversas características que hacen que los votantes sean receptivos a la plataforma de Bolsonaro. Es el estado con la mayor proporción de evangélicos. Tiene un grave problema de seguridad pública y de crimen organizado, además de una impresionante lista de dirigentes políticos corruptos. Es un escenario que hace que muchos habitantes de Río sean propensos a elegir candidatos conservadores, pero que se presentan como críticos de la élite tradicional”, dijo a LA NACION Mauricio Santoro, politólogo y profesor de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ).A partir de estas particularidades, el clan Bolsonaro fue construyendo con el correr de los años un bastión para su movimiento político, basado en un fuerte vinculo con los electores al representarlos en el Congreso, ya sea en Diputados como en Senadores, y en una extensa red de contactos en la región, que van desde políticos locales hasta policías, militares y otras fuerzas del Estado.Bolsonaro padre fue quien inició este proceso, haciendo de Río de Janeiro su base de operaciones durante décadas como diputado federal hasta ser electo presidente. Sólo después llegaría el propio Flavio, quien cumplió cuatro mandatos seguidos como diputado estadual antes de pasar al Senado.El exclusivo barrio de Barra da Tijuca, en particular, se ha convertido en el centro neurálgico del bolsonarismo carioca. La zona apodada la “Miami brasileña” –por sus característicos edificios residenciales y barrios privados a la vera del mar– expone una concentración de simpatizantes con el movimiento de derecha más alta que el promedio del país. En las dos zonas electorales en las que está dividida el área, la 9° y la 119°, Flavio se impuso con un 57,51% y un 52,31% de los votos respectivamente en la primera vuelta, algo similar a lo que ya había acumulado el propio Jair en 2022, cuando obtuvo alrededor del 50%.“Acá en Barra todos quieren a los Bolsonaro. Ya incluso antes del gobierno del padre [Jair], cuando era diputado, el era muy popular en el barrio. Acá los queremos porque son como nosotros, son gente honesta, de familia”, dijo a LA NACION Douglas, de unos 50 años, en un descanso de su entrenamiento por la costanera de la Avenida Lúcio Costa, la principal de Barra de Tijuca.El vínculo con las miliciasNo obstante, el bolsonarismo de Río no se limita a las clases altas, sino que ha hecho pie entre las clases medias urbanas y ciertas zonas populares o favelas, muchas veces a través del evangelismo, impulsado por discursos centrados en la seguridad, los valores tradicionales y el rechazo a la izquierda tradicional.Quizá las dos distinciones más importantes necesarias para entender el fenómeno del bolsonarismo carioca son la diferencia entre el estado y la ciudad de Río de Janeiro y, hacia adentro de la urbe, la separación entre áreas como la Zona Oeste y la Baixada Fluminense –algunas de las más pobres– y la Zona Sur, acomodada y famosa por sus playas de Ipanema y Copacabana.El bolsonarismo carioca se manifiesta de forma mucho mas clara a nivel estatal, mucho menos polarizado que la ciudad. En esta, áreas como la Zona Sur caracterizada por un electorado más progresista contrastan con el terreno fértil de la Zona Oeste y la Baixada, dos de las regiones más poblada de la ciudad y marcadas por las carencias de infraestructura, la pobreza y la presencia de grupos criminales y de las “milicias”, grupos paramilitares integrados en su mayoría por expolicías. Según Santoro, tanto los carteles del narcotráfico como las milicias tienen una fuerte influencia política y se disputan el control de la ciudad, tanto a través del voto como de los enfrentamientos armados por el territorio. Estas últimas, sin embargo, comportan un fenómeno particular de Río de Janeiro que toca de cerca a la familia Bolsonaro.“Debido a los estrechos vínculos entre las milicias y las fuerzas policiales, también existen conexiones con políticos de derecha vinculados a las fuerzas de seguridad. La familia Bolsonaro, por ejemplo, tiene una larga trayectoria en la defensa de policías acusados de violaciones de los derechos humanos, muchos de los cuales también mantienen vínculos con las milicias”, dijo el especialista.En Río de Janeiro, las milicias son organizaciones criminales de carácter paramilitar formadas principalmente por agentes y exagentes de las fuerzas de seguridad del Estado, entre ellos policías militares, bomberos y guardias penitenciarios, que se apoderan de barrios periféricos y favelas bajo el argumento de proteger a sus habitantes del narcotráfico.Sus antecedentes se remontan a la década de 1970, durante la dictadura militar, cuando policías fuera de servicio integraban escuadrones de la muerte para ejecutar a delincuentes y opositores políticos. Sin embargo, las 90 en su forma actual se consolidaron a fines de los años noventa y principios de este siglo, cuando comenzaron a expandirse por distintas comunidades de la ciudad.Una vez que toman el control de un territorio, estas organizaciones imponen un sistema de extorsión sobre los residentes y comerciantes, a quienes exigen pagos periódicos bajo la supuesta garantía de seguridad. Su poder, sin embargo, va mucho más allá de las actividades vinculadas con el crimen organizado, ya que se extiende al control de servicios esenciales y de distintas actividades económicas que les permiten construir estructuras de dominio social y económico y sustituir, en determinadas zonas, la presencia del estado.Según los datos disponibles más recientes, publicados en diciembre de 2025 con datos de 2024 en el Mapa Histórico dos Grupos Armados –elaborado por el Grupo de Estudos dos Novos Ilegalismos de la Universidad Federal Fluminense (GENI/UFF) y el Instituto Fogo Cruzado–, las milicias conservaban por entonces la mayor extensión territorial entre los grupos armados de Río de Janeiro.De acuerdo a estos datos, las milicias controlaban o ejercían influencia sobre el 49,4% del área alcanzada por estas las organizaciones criminales. En total, unos cuatro millones de habitantes de Río –el 34,9% de la población, según el estudio– vivían bajo el control o la influencia de organizaciones armadas en general.En la actualidad, según explicó Santoro, las milicias controlan las zonas más pobres de la ciudad, como la Zona Oeste y la Baixada, mientras que los carteles tienen mayor presencia en las áreas de clase media, en la Zona Sur y en parte de la Zona Norte.Los vínculos de la familia Bolsonaro con las milicias de Río de Janeiro quedaron bajo escrutinio a raíz de distintas investigaciones judiciales, entre ellas la que involucró a Flavio Bolsonaro por un presunto esquema de desvío de parte de los salarios de sus asesores cuando era diputado estatal.Uno de los señalados como beneficiarios de ese mecanismo fue el expolicía militar Adriano Magalhães da Nóbrega, conocido como el capitán Nóbrega, acusado de liderar la “Oficina del Crimen”, un grupo de exterminio sospechoso de estar detrás del asesinato de la concejala Marielle Franco, ocurrido en marzo de 2018.Otro de los nombres vinculados con esa organización fue el del mayor de la Policía Militar Ronald Paulo Alves Pereira, también investigado por su presunta participación en el grupo.Durante su paso por la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro, Flavio Bolsonaro condecoró en varias ocasiones a ambos policías. Nóbrega recibió en 2005 la medalla Tiradentes, la máxima distinción de la Legislatura estadual, además de otras dos menciones por sus servicios en la fuerza, mientras que Pereira fue homenajeado con una mención honorífica cuando ya era investigado por su presunta participación en una masacre de cinco jóvenes ocurrida en 2003.El peso de los evangélicosPrecisamente en esos mismos barrios dónde se han expandido tanto las milicias como los grupos criminales, y a partir de un contexto de crisis que acompañó a la redemocratización de Brasil en los años 80, es que “los evangélicos crecieron en las periferias de las grandes ciudades, donde construyeron importantes redes políticas, empresariales y mediáticas”, explicó Santoro. Hoy, este grupo es uno de los actores decisivos de la política brasileña. Según el último censo, pu
Fuente: La Nación