Indiferencia, crueldad, insultos: la peligrosa trilogía del stand up presidencial

“La gente no llega a fin de mes. Dos tercios de los argentinos no llegan a fin de mes. No llegan al día 20”, dijo el presidente Milei impostando una voz burlona, ante un auditorio integrado por industriales petroleros en Neuquén, que esperaba escuchar definiciones políticas y económicas y que no estaban allí, precisamente, para presenciar un paso de comedia estilo stand up. Luego continuó: “¿Podemos pensar un poquito lo que significa? Les hago una pregunta, si se quedan sin plata verdaderamente el día 20, ¿me pueden decir cómo hacen 10 días sin comer y sin beber? ¿Nadie se hizo la pregunta? “¿Ustedes se dan cuenta de que la frase suena linda, pero es una pelotudez del tamaño de una casa?, se exaltó. No hubo risas en el auditorio por la burla del presidente Milei hacia dos de cada tres argentinos que, según un informe de la consultora Zentrix, conocido el fin de semana pasado, se quedan sin dinero el día 20 de cada mes. Relevamiento que demostró que esa situación es más crítica aún entre los menores de 40 años, de los cuales al 72% se le agota su salario antes del día 20, y es mucho peor en los sectores de bajos ingresos donde esa carencia alcanza al 83,3%. Todo este cuadro medido en un campo de asalariados mensuales, una especie en extinción víctima del alcance de las malas economías, porque los jubilados, trabajadores informales, monotributistas, ni siquiera pueden medir los días de zozobra de cada mes porque viven atrapados dentro de una incógnita general sobre sus ingresos.Acompañó a todo el repertorio presidencial, algo que no asombró a nadie, una cantidad de insultos agraviantes que condimentaron su discurso. Esperable, porque también a lo malo solemos acostumbrarnosMilei dejó en evidencia ser una persona que no se toma en serio la realidad que padecen millones de argentinos y, algo aún más preocupante, como cree que es algo irreal, se puede dar el lujo de mofarse de quienes dicen padecer esa situación. El presidente de todos los argentinos desconoce los malabares que hacen esas familias para poder “comer y beber” -así lo planteó- cuando no les alcanza la plata, como endeudarse, por algo tenemos la tasa de morosidad más alta de América, o comer menos y mal, está medido que creció la inseguridad alimentaria hasta alcanzar a los sectores medios bajos, o también acudir a comedores y merenderos comunitarios, iglesias, parroquias, centros culturales y sociales, algo no menor y medido por el Observatorio de la Deuda Social de la UCA, que marcó en abril pasado que el 6,5% de los argentinos, algo más de tres millones de personas, acuden a algunos de estos centros en busca de un plato de comida, y que 4 de cada 10 que lo necesitan, no lo hacen por no tener ninguno cercano. El Presidente, evidentemente, desconoce lo que es capaz de hacer un padre o una madre para alimentar a su familia y, algo más, parece no estar enterado de que de cualquier canilla se obtiene agua potable.Milei no es responsable de la pobreza actual que supera el 32%, que, con la metodología Indec, es un número que puede variar sin que cambie demasiado la calidad de vida de casi la mitad de los argentinos, pero no ha mejorado los ingresos de las personas. Pero bajo su gestión creció el desempleo un 2,2%, según informes de centros de estudio como Fundar y la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), se estima que entre 31.000 y más de 32.000 empresas registradas cerraron en los últimos dos años y se perdieron 370.000 empleos registrados. Nadie desconoce que Milei heredó un pésimo cuadro social y que, bajo su gobierno, la inflación bajó y la macroeconomía está más ordenada, pero también que no resolvió ni de cerca los problemas más angustiantes de los sectores trabajadores, medios y bajos.El kirchnerismo utilizaba la pobreza de modo clientelar, pero la gente se cansó de esas formas donde se utilizaba a los más necesitados en busca de réditos políticos y eligió un cambio, claro que, a los que creyeron en Milei, nadie les aviso que a ese cambio venía adosado una fuerte dosis de indiferencia, crueldad y burla. Y si lo supieron, quizás ahora puedan gozar de sus modos autoritarios y grotescos, que lejos están de mejorar la calidad de nuestra democracia. Los gobiernos populistas pudieron desarrollar su modelo “clientelar” por una razón importante, muchos beneficiarios no conocían otra forma de vida posible. Si embargo, sería injusto no reconocer que se abrían canales hacia otros derechos, como la educación y a otros servicios indispensables, que antes no estaban, y fueron como la manta corta, taparon de un lado, pero dejaron al descubierto otro. En el Brasil de Lula pasó algo parecido, millones de niños pobres conocieron la escuela en su gestión, pero la calidad educativa decayó. En la Argentina de hoy es aún peor: la educación ni siquiera parece ser un problema que convoque la atención del Gobierno.Hace diez años una investigación realizada en la Universidad de Oxford determinó que las personas que enfrentan una carencia económica –incluidos los niños– profesan un ataque casi idéntico contra su orgullo y autoestima. El trabajo muestra con claridad que “ser pobre” es una experiencia sumamente vergonzosa que degrada la dignidad y la sensación de autoestima de la persona. Mientras que las manifestaciones y las causas de la pobreza difieren, la humillación que la acompaña es universal. Este estudio bien puede servir para demostrar, y alertar, que todas las políticas sociales que se generan como políticas públicas, es decir, transferencias monetarias o servicios desde el estado a las familias y los sectores rezagados dentro de la vida económica social, nunca toman en cuenta que para una familia asistir a un comedor comunitario, recibir algún tipo de ayuda social, es también un símbolo de “vergüenza”, y ninguna política repara en ello. La necesidad hace que esa llamada “vergüenza” quede de lado, primero hay que comer, vivir, educarse, sanarse, pero no deja de estar presente afectando la autoestima de quien lo necesita. Hay chicos que no quieren ir a la escuela por ser “pobres”, por no poder ser “iguales” a los otros, adultos que resignan su vida social porque no pueden darse el lujo de divertirse o participar de algún entretenimiento por falta de recursos, eso también los avergüenza. En ese contexto, imaginemos cómo puede sentirse una persona cuyos ingresos no les alcanza para vivir los 30 días del mes, viendo al Presidente burlarse de su situación.El Nobel de economía Amartya Sen, una de las voces más influyentes en la reducción de la pobreza, viene sosteniendo desde hace mucho tiempo que la vergüenza es un motor de la pobreza “absoluta”. Tomarse la vergüenza en serio debe ser parte de cualquier estrategia destinada a reducir la pobreza. Lo que marca Sen solo es invisible en aquellas familias que viven en la pobreza generación tras generación y no conocen sus posibilidades más allá de los límites que marca esa condición. Milei se jacta de su brutalidad, que también lo acompaña en sus reiteradas giras por el exterior. No tuvo empacho estos días en calificar de “dictadores” y “ladrones” a dos presidentes elegidos democráticamente, como son Lula da Silva (Brasil) y Pedro Sánchez (España) y de amenazar con “sacarlos a patadas por zurdos”. Cuando algún grupo, en una marcha opositora, canta “Milei basura, vos sos la dictadura”, muchos somos los que reflejamos que ese cántico es una banalización de lo que es una dictadura. Milei hace lo mismo, o peor, porque se disfraza de “golpista” al amenazar con “sacarlos a patadas” ¿Por qué deberíamos dejar pasar por alto tamaño exabrupto? Quizás llegó el momento de dejar de justificar sus acciones, que tienen consecuencias, escudadas en su emocionalidad.No está bien que normalicemos sus insultos, pero muchos actores -tanto políticos, como periodistas, empresarios, jueces y funcionarios judiciales- formamos parte de la fauna estable de este juego de la política, por eso podemos mirar para otro lado cuando nos insulta, porque no podemos detener nuestra tarea en un mar de lágrimas que no tiene ningún sentido ni resultado. Pero que un presidente democráticamente elegido, se burle en un acto público, incluso con ínfulas actorales modificando su voz para humillar a quienes relevan, publican o preguntan sobre determinada situación de vulnerabilidad de millones de argentinos, debería ser un límite que no debemos permitir que se infrinja.Y ayudaría que tampoco asumamos, como una verdad de época, que ese nuevo apotegma que esgrimen las ultraderechas modernas -no las auténticas liberales- alrededor del mundo que simplifican todo señalando que “ser cruel está de moda”, sea una verdad comprobada. No hay ninguna gloria que se alcance ejerciendo crueldad sobre las necesidades y la vergüenza de los más débiles, al contrario, porque pocas cosas en política son más peligrosas que una crueldad dicha con convencimiento. Esto lleva a los crueles y a su jactancia a lugares desde donde, quizás, ya no podrán regresar. La historia del mundo está minada de esos ejemplos.

Fuente: La Nación