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Leonardo Jardim, el DT de Flamengo: el lobo solitario que produce vinos, “fue un padre” para Mbappé y no teme enfrentarse a sus figuras
Leonardo Jardim tiene una propiedad de 23 hectáreas en Carrazeda de Ansiães, a orillas del río Tua, en el prestigioso Valle del Duero, donde produce vinos y aceites de oliva. Allí, entre viñas centenarias y montañas, encontró un refugio para escapar de una profesión que lo obliga a vivir permanentemente bajo la lupa. El contraste es difícil de ignorar: el hombre que disfruta de la tranquilidad del campo, de la “viticultura heroica”, que camina solo durante horas para escuchar el viento, dirige hoy a Flamengo y este jueves recibirá a Estudiantes en el Maracaná, por un lugar en la final de la Libertadores. Allí, el ruido será otro y no habrá espacio para la contemplación.A los 52 años, el entrenador portugués aprendió a separar sus dos mundos. El fútbol, donde los resultados suelen determinar el destino de las personas, y la vida privada, donde prefiere pasar inadvertido. “Soy un lobo solitario”, confesó en mayo, durante una entrevista con el diario portugués A Bola. Dijo que no disfruta de los reflectores ni de la necesidad de exhibirse que identifica en el ambiente futbolístico. Prefiere la familia y la compañía de unas pocas personas. Cuando termina de trabajar, intenta desaparecer, esconderse. No siempre es posible. Menos todavía en el Mundo Flamengo.Jardim no fue un jugador famoso que aprovechó su trayectoria para convertirse en entrenador, muy lejos de eso. Nació en agosto de 1974 en Barcelona, capital del estado de Anzoátegui, en Venezuela, hijo de inmigrantes portugueses, pero creció en Madeira, la isla del Atlántico donde también nació Cristiano Ronaldo. Allí estudió Educación Física, trabajó como profesor, entrenó a chicos y hasta dirigió un equipo de handball. Su carrera futbolística comenzó lejos de los grandes estadios, en la Associação Desportiva da Camacha, donde fue ayudante y después entrenador principal. Pasó por Chaves y Beira-Mar, con el que consiguió un ascenso, antes de llegar a Braga, comandar a Olympiacos de Grecia y, por fin, al popular Sporting de Lisboa.En 2014, sin embargo, recibió la oportunidad que cambiaría su carrera: Mónaco lo contrató para conducir un proyecto que combinaba experiencia con jóvenes de enorme proyección. Tres años después, el equipo conquistó la liga francesa e interrumpió la hegemonía de París Saint-Germain. También llegó a las semifinales de la Champions League tras eliminar al Manchester City de Pep Guardiola y al Borussia Dortmund. En ese plantel convivían, entre otros, Radamel Falcao, Bernardo Silva, Fabinho y un adolescente que todavía no había cumplido 19 años: Kylian Mbappé.Si bien no fue Jardim quien precisamente descubrió a Mbappé, resultó decisivo para darle espacio en el primer equipo y acompañar su explosión internacional. En una entrevista con el semanario francés Le Journal du Dimanche explicó que había actuado con él como un padre. No bastaba con enseñarle movimientos dentro de la cancha; también debía ayudarlo a convivir con una fama que crecía rápidamente. “Con Kylian actué como un padre. En la intimidad del grupo, le indiqué el camino a seguir. Mi papel fue decirle la verdad al jugador, no repetirle que era el mejor. Muchos otros ya hacían ese trabajo”, señaló, puntualmente, sobre el actual delantero de Real Madrid.Esa combinación entre cercanía personal y exigencia profesional reapareció en Brasil. Aunque proyecta una imagen seria, quienes trabajan con él describen a un entrenador atento a las relaciones humanas. Meticuloso. Durante una etapa de trabajo con los juveniles de Flamengo, Johnny, uno de los futbolistas del club, llegó a definirlo como un “paizão”, una especie de padre protector. Jardim explicó en más de una ocasión que intenta mantener una relación próxima no solo con los jugadores, sino también con utileros y empleados. Sin embargo, la disposición al diálogo tiene un límite: cuando cree que una decisión beneficia al equipo, la sostiene aunque incomode a una figura. No importa el peso del nombre ni su influencia en el vestuario.Su paso por Cruzeiro, en 2025, dejó un claro ejemplo. Dudu, una incorporación resonante en aquel momento, perdió la titularidad y expresó públicamente su disconformidad. La relación se deterioró hasta que el futbolista fue apartado y rescindió su contrato. Jardim evitó alimentar la polémica. Cuando le preguntaron por el delantero después de su salida, respondió que no acostumbraba hablar de quienes ya no estaban. Actualmente, Dudu viste los colores del Atlético Mineiro de Eduardo Domínguez, eterno rival de la Raposa.Con Gabriel Barbosa ocurrió algo distinto. También perdió espacio entre los titulares de Cruzeiro, pero elogió al entrenador. Gabigol dijo que conversaban con frecuencia y que con el técnico manejaban una excelente relación. Quería jugar, naturalmente, pero respetaba sus decisiones. Los dos casos dibujan un carácter menos simple que el de un técnico autoritario; Jardim puede acercarse a sus futbolistas sin renunciar a la autoridad, incluso cuando el costo es un conflicto público.Su otra gran pasión nació mucho antes de los títulos en el fútbol. En Madeira, la familia mantenía una relación estrecha con la tierra, el campo y el vino. Cuando trabajaba en clubes modestos de Portugal, Jardim recorría las rutas próximas al Duero y miraba las fincas desde su auto. Imaginaba que algún día tendría una propiedad allí. El sueño se concretó en 2020, cuando compró con su esposa 23 hectáreas y bautizó el lugar Quinta Jardim do Tua. Primero llegó el aceite de oliva; en 2024 lanzaron sus primeros vinos al mercado, dos blancos y un tinto. El refugio anhelado se había convertido también en un emprendimiento familiar.La historia, además, tuvo un inesperado capítulo brasileño. Cuando negociaba su incorporación a Cruzeiro, surgió la posibilidad de comercializar sus vinos y aceites en Belo Horizonte. El propio Jardim contó entre risas que Pedro Lourenço, propietario de la sociedad que administra el club mineiro y dueño de una cadena de supermercados, le había propuesto llevar sus productos al mercado local.Su trayectoria, mientras tanto, no se detuvo; siguió sumando países y títulos. Después de Mónaco dirigió en Medio Oriente y ganó la Champions League asiática con Al-Hilal, de Arabia Saudita, en 2021, tras vencer 2-0 a Pohang Steelers, de Corea del Sur, en la final. También conquistó la liga de Emiratos Árabes Unidos con Shabab Al-Ahli. No todos sus cruces decisivos terminaron bien, pero sabe lo que significa conducir un equipo hasta un título continental. La campaña europea de Mónaco, además, lo había acostumbrado a enfrentar rivales de mayor presupuesto sin asumir de antemano un papel secundario.En marzo de este año llegó a Flamengo después de su buen paso por Cruzeiro. Allí, el desafío tiene otra dimensión. En Río de Janeiro no alcanza con ganar: hay que convivir con la comparación permanente con Jorge Jesús, el portugués que conquistó la Libertadores de 2019 y dejó una huella difícil de borrar. Jardim no pretende copiarlo ni defender una única manera de jugar -al fin y al cabo, son muy diferentes. Cree que la inteligencia del entrenador consiste en adaptarse a los futbolistas y a las circunstancias. Esa flexibilidad puede provocar críticas cuando un plantel con tantos recursos ofensivos adopta una postura conservadora.Y eso fue lo que ocurrió el jueves pasado, en La Plata. Flamengo empató sin goles frente a Estudiantes y terminó el partido sin un solo remate al arco. Jardim reconoció las dificultades para desarrollar su juego y señaló la intensidad física del equipo argentino. Tres días después, el conjunto carioca goleó 3-0 a Bahía, en Salvador, y recuperó el liderazgo del Brasileirão. Las dos actuaciones reabrieron una discusión a la que ya se acostumbró: hasta dónde conviene arriesgar cuando hay tanto en juego.Ahora llega una prueba de fuego que no se resolverá con explicaciones. El empate de la ida, en el Estadio UNO, dejó la semifinal abierta y Flamengo necesitará ganar en el Maracaná para avanzar sin necesidad de llegar a la definición por penales. Jardim conoce la gloria de los títulos internacionales, pero también es consciente de la fragilidad de una profesión en la que una sola noche puede modificar cualquier valoración. Eso se multiplica en un club con las ambiciones del rubronegro carioca, donde solo valen los títulos.Allí se plantará Jardim, un hombre que construyó su carrera sin necesidad de convertirse en un personaje. Nunca pareció interesado en ser más importante que sus equipos, aunque tampoco dudó en tomar decisiones que lo pusieron, muy a su pesar, en el centro de la escena. Quizás por eso, cuando el fútbol le concede una tregua, prefiere perderse entre los viñedos del Duero, donde el viento acaricia las laderas y el tiempo parece transcurrir a otro ritmo. Pero hay decisiones que marcan una carrera y de las que ningún refugio permite escapar. Estudiantes, con los dientes apretados, espera a Jardim y los suyos en el Maracaná. Para el hombre que se define como un lobo solitario, este jueves no habrá dónde esconderse.
Fuente: La Nación Deportes