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“Las familias piden ayuda desde el agotamiento”: Cuidarnos, la cooperativa que busca profesionalizar el cuidado de los adultos mayores
A las ocho de la mañana, cuando termina su turno de doce horas junto a un hombre de 75 años con Alzheimer, Belén Acosta le pasa el reporte de todo lo ocurrido durante la noche a su compañera que toma la posta. Las noches como cuidadora, cuenta Acosta, tienen su propia rutina. El hombre vive solo y su único familiar, un sobrino, lo llama de vez en cuando por teléfono. “Los primeros días fueron muy difíciles; estaba muy mal medicado y nos costó mucho entrar en confianza. Ahora, cuando llego, vemos el noticiero, discutimos de política, tomamos un tecito y, a la hora correspondiente, le doy la medicación. Antes de dormir, me cuenta todo lo que hizo en el día, si se sintió mal, si lo llamó el sobrino o si se siente solo. Ahí nos reímos o lloramos. Es el momento de la escucha, que es lo más importante para él”, cuenta Acosta, una de las trabajadoras que forma parte de la plataforma cooperativa Cuidarnos, dedicada al cuidado de adultos mayores en el país.Historias como la suya se multiplican mientras la población envejece. Según datos del Indec, las personas de 65 años o más representaban apenas el 2% de los argentinos en 1914 y llegaron a ser el 7% en 1970. De acuerdo con el Censo 2022, para ese año llegaron a ser casi el 12% de la población. En ese período también creció la llamada “cuarta edad”, y, actualmente, por cada 100 personas de 65 o más, hay 10 que superan los 85, el doble que hace medio siglo. Más años de vida suponen también más años de dependencia. El cuidado recae primero en las familias, que muchas veces llegan al límite del agobio.Helena Martínez lo comprueba a diario. Es licenciada en enfermería, tiene 35 años y trabajó cinco años en un geriátrico de Avellaneda. Este año se sumó a Cuidarnos, primero como cuidadora y ahora como docente y como parte del equipo que coordina los servicios. “Las familias piden ayuda desde el agotamiento. Muchas veces los hijos se reparten el cuidado. Eso se sostiene un tiempo, pero después ya no, porque cada uno tiene sus cosas, su familia, su vida. Hay quienes pasaron de cuidar a tiempo parcial a cuidar a tiempo completo, y se descuidaron a sí mismos. Muchos te dicen: ‘Perdí mi trabajo, perdí a mi familia por cuidar a mi mamá, y no logro estabilizarla’. Llegan desbordados, a veces con culpa; otros preocupados por cómo van a afrontar los gastos”, describe Martínez.Del debate a la acciónEl cuidado de los mayores se convirtió en estos tiempos en una de las grandes preocupaciones de una generación que, todavía en plena crianza de sus hijos, también tiene que hacerse cargo de sus padres. Hace poco más de un año, en Argentina Armónica, un espacio de diálogo federal donde se cruzan líderes de empresas, académicos y referentes sociales, el empresario Gustavo Grobocopatel coincidió con Alejandro Gramajo, secretario general de la UTEP y dirigente del Movimiento Evita. De ese encuentro nació la plataforma Cuidarnos. “Vivimos más años y todavía no estamos preparados para ese cambio, ni en la atención de la salud ni en los servicios que hacen falta para sostener una buena calidad de vida. La economía del cuidado va a crecer, y muchas personas de los movimientos sociales ya cuidan adultos mayores, pero lo hacen de manera informal, sin contención y con poca formación. La idea del proyecto era integrar sus saberes con los de la empresa”, explica Grobocopatel. Y advierte: “El cuidado se va a requerir cada vez más. Las familias del segmento ABC1 lo van a poder pagar, pero el resto no. Va a ser una crisis para las familias. Por eso, tenemos que innovar tanto en la formalización como en la universalización de estos servicios”.En Cuidarnos, la familia contrata a la cooperativa, que elige el perfil del profesional según cada caso y hace un seguimiento diario. También garantiza los reemplazos, un factor fundamental en este tipo de actividades. “El cuidado es tan importante, de tanta responsabilidad, que no puede depender de una sola persona. Acá, si una trabajadora falla o surge algún imprevisto, detrás hay un colectivo comprometido al igual que ella. Entramos en la intimidad de una familia. Por eso la familia le paga a la cooperativa y no a la persona”, afirma Grobocopatel.Formalizar el cuidadoLa plataforma tiene más de 300 cuidadoras registradas que toman servicios a medida según los pedidos de las familias. Actualmente, entre 28 y 30 cuidadoras trabajan con 14 familias. Para Facundo Novillo, director general de Cuidarnos, el mayor desafío es la formalización del empleo. “Cuando a una cuidadora se le asigna un servicio, tramitamos el monotributo social y un seguro de riesgos, y, después de un período de prueba de dos meses, se la asocia a la cooperativa. El monotributo común es complejo y oneroso y el social tiene muchas limitaciones. Tal vez debería haber un régimen especial para las cuidadoras”, plantea Novillo.Como el cuidado no está catalogado como actividad de salud, que tiene un IVA reducido o exento, Novillo explica que Cuidarnos paga la alícuota plena. “Nuestro principal competidor es la informalidad —suma Grobocopatel—. A una cuidadora trabajar en negro le cuesta menos, y a una familia contratar en negro, también. El IVA lo paga solo el servicio formal y ese costo se traslada a las familias. Termina siendo un incentivo para no formalizarse”, se lamenta. Según confiesa Acosta a LA NACION, el de la informalidad es un mundo que conoce de cerca, ya que antes cuidaba a distintas personas de forma particular. “Me llegaban trabajos muy precarizados. Era para hacer un cambio de pañal, la higiene y volver a mi casa, y me pagaban monedas —gráfica la cuidadora—. Formar parte de Cuidarnos significó construir de otra manera la forma de trabajar. Por un lado, tener herramientas y respaldo, con el monotributo y el seguro; por otro, sentir que no estoy sola, que tengo compañeras y un equipo con quien compartir el trabajo. Los problemas los solucionamos entre todos”.Junto con la Universidad Nacional de Avellaneda, la cooperativa ya capacitó a unas 1500 cuidadoras. Martínez, que trabaja como docente en cinco comisiones porteñas, detecta un mismo patrón: “Una de las malas prácticas comunes es mezclar el rol de la cuidadora con el de una empleada doméstica. La mayoría cuenta que va a trabajar como cuidadora y termina limpiando, lavando o haciendo las compras porque nadie definió cuál es su rol. Cuidar es un trabajo que pueden hacer muchas personas, pero se necesitan herramientas, humanidad y conocimientos. Una cuidadora está para acompañar y también tiene que ser acompañada”, señala. Por ahora, las familias nuevas llegan por recomendación. Ganar confianza es parte del desafío de la cooperativa. “Todavía tenemos que ser más conocidos, que la gente confíe en nosotros y multiplicar por tres o por cinco lo que estamos haciendo hoy. Buscamos apoyos institucionales fuertes. Organizaciones como Cáritas, AMIA y OSDE ya acompañan esta iniciativa”, concluye Grobocopatel.
Fuente: La Nación