La adicción silenciosa que muchos padecen y de la que casi nadie es consciente, según la psicología

El fenómeno del binge-watching, popularmente conocido como ver series compulsivamente, dejó de ser una actividad de entretenimiento pasajera para consolidarse como una práctica habitual en la era del streaming. Aunque gran parte de la sociedad lo percibe como un pasatiempo inofensivo, la psicología y la medicina comenzaron a examinarlo bajo una lupa crítica e identificaron patrones que podrían rozar la dependencia conductual.Según datos del medio Britannica, en 2025, el 77% de los adultos estadounidenses consumían contenidos audiovisuales de manera compulsiva mensualmente, una cifra que evidencia la magnitud de este comportamiento global. El problema central, explican los especialistas, radica en la desconexión que genera con la realidad cotidiana y las necesidades básicas del organismo. Muchas personas ingieren alimentos mientras mantienen su atención fija en la pantalla, un hábito que repiten sin una conciencia real de las señales de saciedad o hambre.Esta desconexión no solo favorece el consumo automatizado de snacks y comidas rápidas, sino que, en muchos casos, se asocia con un aumento en la ingesta calórica diaria. El cerebro, al estar altamente enfocado en el entretenimiento, minimiza el registro de las cantidades consumidas. Desde el Centro Bonanova advierten que el riesgo es particularmente elevado en adolescentes y menores de edad, quienes cuentan con una menor capacidad de autocontrol frente a las estrategias de las plataformas que fomentan la reproducción automática.El impacto en la salud es multifacético, ya que según Medical News Today, el sedentarismo prolongado derivado de maratones de varias horas se vincula directamente con riesgos de enfermedades cardíacas, diabetes y problemas metabólicos. La privación del sueño es otro efecto colateral grave, ya que la exposición a las pantallas antes de dormir altera los ciclos naturales de descanso, lo que, a largo plazo, deriva en fatiga crónica y una menor calidad de vida.Cuándo se debe pedir ayudaLa psicología clínica subraya que, en algunos pacientes, este hábito es utilizado como un mecanismo de evasión frente a la soledad o el estrés cotidiano. La psicóloga clínica Renee Carr señaló en Britannica que “las vías neuronales que causan la adicción a la heroína y al sexo son las mismas que las de la adicción a ver series compulsivamente”. Aunque la ciencia aún debate si debe catalogarse formalmente como una adicción, los profesionales de la salud coinciden en que, cuando el visionado interfiere con el trabajo, las relaciones interpersonales o la estabilidad emocional, es necesario buscar asesoramiento profesional.De igual manera, no todo el consumo es negativo, sino que algunos estudios académicos sugieren que las series pueden funcionar como un espacio cultural compartido que fortalece vínculos sociales. Sin embargo, los expertos insisten en que la diferencia entre una actividad recreativa saludable y una conducta problemática reside en la capacidad de autogestión. Establecer límites claros, como definir horarios de consumo, realizar pausas activas o evitar las pantallas en el dormitorio, son recomendaciones fundamentales que aportan los nutricionistas y psicólogos citados por Medical News Today.La clave, sostienen los especialistas, es recuperar la autonomía frente al mando a distancia y evitar que el ocio se convierta en una rutina automatizada que termine por perjudicar la salud física y mental del individuo. La supervisión parental y el fomento de actividades alternativas, como la lectura o el deporte, resultan indispensables para mitigar estos riesgos en el ámbito familiar.
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