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Los personal trainers deberán contar con una autorización para poder dar clases en plazas porteñas
Es temprano en el Parque Sarmiento. El entrenador personal Diego Arévalo, de 30 años, da clases a dos de sus alumnas. A pocos metros, la pista azul de atletismo rodea una extensa superficie de césped; hay personas en las canchas de básquet y tenis y, frente a unas gradas blancas, un grupo realiza ejercicios de elongación. Más allá están los juegos infantiles. En el predio de la avenida Doctor Ricardo Balbín al 4750 conviven a diario deportistas, entrenadores, alumnos y familias. Esa utilización compartida es, precisamente, lo que el Gobierno de la Ciudad busca ordenar.La Disposición N.º 100/DGINFRAES/26, sancionada el 29 de septiembre y publicada en el Boletín Oficial el 5 de octubre, aprobó un Reglamento de Convivencia para Usuarios de Parques y Polideportivos. Exige contar con una autorización gubernamental para poder dar clases o dirigir entrenamientos en parques y polideportivos, incluso si son de acceso gratuito. No prohíbe las clases particulares, sino que establece que las actividades dirigidas a terceros deben contar con autorización previa, sean pagas o gratuitas. También fija pautas de cuidado, respeto entre usuarios y uso de las instalaciones. LA NACION consultó a fuentes del gobierno porteño si la autorización incluiría el pago de un canon, pero no obtuvo respuestas. En el parque, las actividades continúan. Entre los entrenadores, quienes afirman haberse enterado de la nueva medida por comentarios de colegas, conviven el apoyo a una organización más clara de los espacios públicos y el temor a que los trámites afecten su trabajo. Para Arévalo, la discusión se resume en una pregunta: “El problema es que se habla de nuevas reglas, pero nadie vino a explicarnos concretamente qué tenemos que hacer. Si mañana me dicen que no puedo seguir dando clases hasta conseguir una autorización, ¿qué hago con mis alumnas? ¿Dejo de trabajar?”.Tres profesores, distintas miradasArévalo trabaja como entrenador de manera informal. Estaba dando clases a dos de sus alumnas en Parque Sarmiento cuando LA NACION le consultó por el nuevo reglamento porteño. Para él, la medida abre una incertidumbre sobre su fuente de ingresos.“A mí me parece que esto nos complica bastante, sobre todo a los que trabajamos de manera independiente. Yo no tengo un gimnasio ni una estructura detrás. Trabajo por mi cuenta y vengo con mis alumnas a entrenar. Entiendo que quieran ordenar el parque, pero una cosa es controlar que nadie moleste o se adueñe de un espacio y otra es empezar a poner requisitos que quizás después no podamos cumplir”, dice.Roberto Viana, de 47 años, trabaja desde hace dos años como profesor de gimnasia en Parque Sarmiento. Acaba de terminar una clase y, a diferencia de Arévalo, recibe favorablemente la medida. Cree que puede ayudar a evitar que un grupo ocupe un sector sin considerar a quienes también quieren utilizarlo.“A mí me parece bueno que haya un reglamento porque este es un espacio público y tenemos que poder compartirlo todos. Hace dos años que trabajo acá y veo que conviven muchas actividades diferentes. No puede ser que uno llegue con un grupo y ocupe un lugar sin tener en cuenta que también hay otras personas que quieren utilizarlo. Si se organiza bien, me parece positivo tanto para nosotros, que venimos a trabajar, como para los vecinos”, sostiene.Pero advierte: “Lo importante es que las reglas sean claras y que todos sepamos qué tenemos que cumplir. No estoy en contra de que nos pidan una autorización, siempre que el trámite sea accesible y no termine convirtiéndose en una complicación para quienes trabajamos de esto”.Laura Castillo, profesora de danza infantil, también encuentra aspectos positivos, aunque desde otra perspectiva. “Yo lo veo desde el lado de los chicos. Cuando trabajás con niños, necesitás determinadas condiciones para desarrollar una actividad y también tenés una responsabilidad con las familias. Me parece positivo que exista una regulación porque no es solamente venir, poner música y empezar una clase. Hay cuestiones de organización, de seguridad y de convivencia con las demás personas que utilizan el parque”, explica.Castillo pide, además, que las exigencias contemplen las particularidades de cada propuesta: “Una clase de danza infantil no funciona de la misma manera que un entrenamiento físico para adultos. Si el reglamento permite organizar mejor esas diferencias, puede ser beneficioso”.Arévalo observa el cambio desde otra realidad laboral. “Si tengo que hacer trámites, presentar documentación o pagar para poder seguir trabajando, necesito saber cuáles son las condiciones. Tampoco me parece que se pueda poner a todos en la misma bolsa. No es lo mismo alguien que viene con dos personas a entrenar que una empresa que organiza una actividad para cincuenta. Para muchos de nosotros esto es una fuente de ingresos, no un pasatiempo”, plantea. Qué cambiaLa nueva disposición tiene antecedentes. Las resoluciones N.º 60-SECD/24 y 459-SECD/25 habían regulado el uso precario de parques y polideportivos por establecimientos educativos y personas jurídicas. Según los fundamentos de la norma de septiembre pasado, ese régimen no contemplaba de manera general a todos los usuarios. Por eso, la Dirección General de Infraestructura aprobó un nuevo reglamento, identificado como Anexo I IF N.º 43492231-DGINFRAES/26. La Gerencia Operativa de Polideportivos y sus dependencias quedaron facultadas para aplicarlo.Consultada por LA NACION, la Secretaría de Deportes porteña explicó: “El objetivo es establecer pautas claras de convivencia, cuidado y utilización de los parques y polideportivos de la Ciudad, garantizando el uso ordenado, seguro y compartido de las instalaciones”. Y agregó: “El reglamento también busca ordenar las actividades organizadas por terceros y asegurar que se desarrollen con la autorización correspondiente, evitando que personas sin autorización ocupen espacios de los vecinos con fines económicos”.La exigencia de permiso, según precisó el organismo, alcanza a clases, entrenamientos y actividades dirigidas a terceros, sin distinguir si existe un cobro. Ante incumplimientos, la Secretaría señaló que podrán adoptarse medidas “que van desde llamados de atención y apercibimientos hasta la suspensión o revocación de autorizaciones y restricciones de ingreso, según la situación”.Quedan, no obstante, preguntas relevantes para quienes ya trabajan allí. En sus respuestas, el Gobierno confirmó las fechas de sanción y publicación, pero no precisó cuándo comenzará la aplicación efectiva en cada establecimiento, qué plazo tendrán los profesores para adecuarse ni cuáles serán los requisitos y tiempos concretos para tramitar una autorización. Tampoco informó si el procedimiento tendrá un costo.LA NACION consultó, además, si se había evaluado el impacto sobre usuarios, clubes, instituciones educativas y organizaciones deportivas y si existieron consultas previas. La Secretaría respondió que mantiene una relación permanente con esos actores, pero no detalló instancias formales de participación ni estudios específicos sobre esta medida.Durante 2026 hubo también una actualización tarifaria, aunque se trata de otra decisión administrativa. La Resolución N.º 226/SECD/26, de junio, fijó valores para determinadas instalaciones entre el 1.º de julio y el 30 de septiembre. El cuadro de importes está remitido a un informe anexo y no figura en el cuerpo principal de esa resolución. Sobre los criterios de actualización, Deportes mencionó la inflación y los costos operativos, sin aportar una comparación detallada de precios. No se informó un arancel para el nuevo permiso.Un parque para todosLa discusión también alcanza a quienes van al predio sin participar de clases. Una pareja que visita Parque Sarmiento desde hace años cuenta que suele elegirlo para pasar el día. “Nosotros venimos hace años porque nos gusta pasar el día acá. Es un lugar donde podés caminar, sentarte un rato, disfrutar del aire libre y desconectarte un poco. Vemos que hay gente haciendo distintas actividades y nos parece bien, porque justamente para eso están estos espacios”, señalan a este medio.Su mirada se acerca al objetivo de convivencia que evoca el Gobierno, pero incorpora la necesidad de informar los cambios. “Lo importante es que todos podamos utilizarlos y que ninguna actividad termine ocupando todo el lugar. No conocíamos en detalle este nuevo reglamento, pero creemos que cualquier cambio debería informarse bien, tanto a los profesores como a quienes venimos habitualmente”, agregan.
Fuente: La Nación