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Itatí sufre una crecida histórica y la gente se aferra a la fe por la virgen
ITATÍ (enviado especial).- Todos miran el límite que marca el agua, como si fuera una frontera que avanza y trae problemas. Observar esa línea parece una obsesión por estos días en Itatí, la localidad más castigada por la crecida del Paraná y la que registra la mayor cantidad de evacuados: más de 300 personas tuvieron que abandonar sus casas. El martes por la tarde, el cielo alimenta la preocupación porque el pronóstico anuncia lluvias para la noche. Itatí tiene más de 12.000 habitantes y una historia marcada por la Virgen, cuyo origen está ligado a un mito nacido en el mismo río que hoy genera angustia. Fue en la costa del Paraná donde, según la leyenda, la imagen de la Virgen reapareció a fines del siglo XVI sobre una piedra blanca y rodeada de luz.En este momento complejo, la Virgen de Itatí es destinataria de las plegarias de los vecinos. “Ella nos puede salvar, porque de los políticos no podemos esperar nada. Solo un milagro puede lograr que el río deje de crecer”, dice a LA NACION Marisa Rotela, de 56 años, mientras observa desde la calle a su marido, sentado en una silla de plástico en la planta alta de su casa, tomando mate como si nada ocurriera alrededor.“Sigue subiendo”, advierte José Aurelio Roldán, jubilado de Prefectura y conocedor del comportamiento del río, que fue su lugar de trabajo durante tres décadas. A dos cuadras de la basílica, principal referencia de esta localidad correntina, el agua avanza y ya cubrió viviendas de la zona más baja, en el barrio Ibiray.El muelle del pequeño puerto de Itatí, que los habitantes utilizan a diario para transportar mercaderías desde Itá Corá, en la costa paraguaya situada enfrente, quedó bajo el agua. Solo permanece visible una baranda blanca que sirve de referencia para quienes se acercan a la zona anegada.El cielo cubierto y el pronóstico de lluvias para las próximas horas profundizan la preocupación. En un tractor de doble cabina, empleados municipales trasladan a los últimos evacuados, aquellos que resistieron hasta el final antes de abandonar sus casas. En un acoplado, la familia Ramírez transporta tres colchones, una mesa, cuatro sillas y una heladera cubierta con frazadas.Roldán señala hacia el sur para explicar que la situación se agravó no solo por la crecida del Paraná, que este martes alcanzó los 8,25 metros, sino también por el desborde del arroyo Jaguarón, que inundó un estero bajo y permitió que el agua ingresara por detrás de las viviendas. En el barrio Ibiray viven familias humildes que levantaron sus casas, muchas veces con sus propias manos, sobre terrenos fiscales. “Hacia esta parte se expandió el pueblo”, afirma Roldán, que reside allí desde hace 24 años. Según explica, ese sector bajo es un humedal que, cuando el río crece, indefectiblemente termina inundado.Desde el fin de semana pasado, los vecinos se desplazan en bote por las calles del barrio. La mayoría puso a resguardo sus pertenencias más valiosas, pero la crecida provoca pérdidas incluso entre quienes tomaron precauciones. Las necesidades aparecen a cada paso. Hay personas que no tienen dónde dormir y fueron alojadas en un precario centro de evacuados conocido como Promecero: unas 30 habitaciones pequeñas, cada una ocupada por una familia, donde en algunos casos conviven ocho o nueve personas. Es uno de los dos lugares habilitados para recibir evacuados y las condiciones distan de ser las ideales.Eduarda Colman, de 25 años, permanece allí desde hace tres días junto a sus cuatro hijos, desesperada porque no sabe nada de su hermana Alicia, madre de tres niños. “Como el agua subía rápido, nos trajeron acá, pero no la vi más a mi hermana. No tenemos más familia y tengo miedo de que la lleven a otro lugar”, cuenta en la puerta de la habitación que comparte con sus hijos.La situación en Itatí empeoró durante los últimos días y se prevé que entre mañana y pasado mañana el río aumente aún más su nivel. Podría superar los 8,40 metros, lo que llevaría el agua hasta el cementerio municipal. Wilton Ojeda, que atiende la carnicería “A la vera del río Paraná”, observa el panorama con pesimismo.“Yo creo que este año la crecida va a ser histórica. Se nota por la violencia con que sube el agua”, sostiene. Su comercio está al borde de quedar bajo el agua, pero continúa abierto. “No podemos sacar las heladeras. Hay que desinstalar todo y es un trabajo que no se hace de un día para otro. El agua va a entrar mañana y llevaremos la carne a otro lado”, admite.A pocos metros, un grupo de vecinos cocina en una especie de disco rectangular. Ese día preparan arroz con pollo para unas 100 personas. “Ayudarse entre vecinos es lo más importante en este momento, cuando uno necesita del otro”, dice Lita Ibarra, maestra de nivel inicial de Itatí.La comida es elaborada por habitantes de un sector del pueblo que todavía no fue alcanzado por el agua y que decidió colaborar con quienes más lo necesitan. Isabelino Vargas se encarga de reunir los insumos para los almuerzos y las cenas. “La gente ayuda, cada uno con lo que puede. Una mujer trae una cebolla, otra un poco de pollo, y así vamos armando las comidas. Lo importante es que una familia pueda tener un plato de comida caliente, porque la mayoría no puede cocinar”, explica.La crecida provocó además un fuerte golpe en la economía de este pueblo, que vive en gran medida del turismo religioso asociado a la devoción por la Virgen de Itatí. La inundación espantó a los visitantes que suelen llegar desde distintos puntos del país durante los fines de semana para agradecer o realizar promesas.José Velázquez, de 23 años, depende de ese movimiento turístico para vivir. “Desde que el agua empezó a crecer la semana pasada se cortó todo el turismo. En el restaurante donde trabajo pasamos de 50 comensales los domingos a cinco. Esto va a ser muy perjudicial para este lugar, cuya principal fuente de ingresos es la basílica”, afirma.70 kilómetros río abajo, la ciudad de Corrientes también sigue de cerca la evolución del hidrómetro. El martes, el Paraná marcó 7,07 metros frente al puerto, siete centímetros por encima de la cota de evacuación, según la medición de Prefectura. En la capital correntina, 344 personas dejaron sus hogares, aunque ninguna fue trasladada a los albergues habilitados por la provincia: todas se instalaron en casas de familiares o amigos. Desde el jueves pasado el agua ya había ingresado en algunas viviendas del barrio Anahí, en la zona norte y costera de la ciudad.En toda la provincia, el último relevamiento de Defensa Civil contabilizó 754 personas fuera de sus hogares en siete localidades. Además de la capital e Itatí, hay desplazados en isla Apipé, Paso de los Libres, Ituzaingó, Paso de la Patria, donde el río alcanzó los 7,47 metros, y Yahapé. Bella Vista y Goya siguen en alerta.La crecida ya se cobró dos vidas. Dos peones rurales, de apellidos Salazar y Ledesma, murieron en la isla Ibirapitá, cerca de Bella Vista, cuando intentaban trasladar ganado hacia tierra firme. En la orilla chaqueña, Barranqueras también superó el nivel de evacuación y en Resistencia el municipio construye terraplenes para proteger los barrios costeros.Buena parte de lo que sucede en Itatí se define aguas arriba, en Yacyretá. El 12 de octubre, la represa abrió las 18 compuertas de su vertedero principal ante un caudal que superaba los 28.000 metros cúbicos por segundo, impulsado por las descargas de Itaipú y por lluvias en la cuenca del Iguazú que quintuplicaron las previsiones. El pico de ingreso llegó a 35.000 m³/s, más del doble del promedio histórico de octubre, que es de 14.400.Ahora la represa ya dejó atrás ese máximo y proyecta una tendencia “gradual descendente”, aunque el río permanecerá por encima del nivel de inundación y en estado de aguas altas durante al menos cuatro días más. En Ituzaingó, a las puertas de la central, el nivel descendió de cinco a 4,80 metros, aunque todavía supera la cota de evacuación de cuatro metros. Del lado paraguayo, en Ayolas, más de 230 personas fueron reubicadas en albergues.Los técnicos de la represa no hablan de un fenómeno aislado. Richard Pintar, jefe técnico argentino del complejo, advirtió que El Niño abre “cinco o seis meses de incertidumbre”, con crecidas que podrían repetirse hasta marzo de 2027.El pronóstico tampoco ofrece alivio. Según el Instituto Nacional del Agua (INA), el Paraná se mantendrá alto en Corrientes durante al menos cinco días más y, en las dos semanas siguientes, podría sostener esos niveles o volver a crecer. El organismo prevé lluvias abundantes sobre el Alto Paraná y el Iguazú desde el jueves, lo que podría generar una nueva onda de crecida entre cinco y 15 días después.El agua que hoy inunda el barrio Ibiray cayó hace días en Brasil. La que caiga esta semana llegará después.Río abajo, mientras tanto, la onda de crecida continúa su marcha. En Goya, donde el río alcanzó los 5,38 metros y permanece en alerta, el INA considera probable que haya evacuaciones desde el viernes. En Reconquista y La Paz se alcanzaría el nivel de alerta entre el jueves y el sábado, y el de evacuación a partir del lunes 26.
Fuente: La Nación